La Justicia como medidade control

Sobre LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, de Juan Vicente Sola
Adrián Ventura
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13 de noviembre de 2016  

Cuando Ulises, temiendo el canto de las sirenas que seducía a los marinos, ordenó que lo ataran al mástil de su barco, señaló las virtudes de la autolimitación. De la misma manera, la Constitución representa la intención de la sociedad de autolimitarse a fin de proteger los derechos que aseguran la convivencia.

La comparación con la que comienza el nuevo libro de Juan Vicente Sola resume su visión del poder y alerta tanto sobre la función de la Constitución como sobre la distancia que el pueblo suele tomar respecto de ella. Quizá porque la democracia no tiene una Circe que advierta de los hechizos a Ulises, la historia está llena de hechiceros, a veces disfrazados de dictadores y, otras, de políticos demagogos, de populistas o de telepresidentes.

La Constitución resuelve la organización del gobierno que crea y estipula los límites que éste debe aceptar. Pero como no puede afrontar una inmensa cantidad de contingencias impredecibles, la solución es que exista una agencia permanente que actúe como representante de los ciudadanos. Por eso, Sola conceptualiza la Corte Suprema como la "estructura de gobierno" de la Constitución, porque es la que actúa como el agente de la presente generación, no sólo para limitar los excesos del poder político, sino también para adaptar ese contrato a cada momento histórico.

El planteo puede parecer abstracto. Pero está íntimamente relacionado con nuestros días. ¿Acaso no se teme que Donald Trump actúe como un líder populista? Y si así lo intentase hacer, ¿tendrá suficiente fuerza la estructura institucional -en ese caso la estadounidense- para moderar esos excesos?

Luego de dedicarle un importante capítulo a la historia de nuestra Corte, desde su instalación en 1863, Sola analiza la vía procesal por excelencia a través de la que se ejerce el control de constitucionalidad: el recurso extraordinario federal.

La obra también examina detenidamente las reformas revolucionarias del proceso judicial que llevó a cabo la Corte en los últimos años. Innovaciones que incluyen la decisión de incorporar a los Amigos del Tribunal (amicus curiae) y el régimen de audiencias públicas en el procedimiento de la Corte, mecanismos de participación que adoptó para hacer más transparente el debate judicial, de por sí bastante opaco.

Otro dato positivo que señala Sola es que la Corte creó la Oficina de Análisis Económico, que recaba información para anticipar las consecuencias que las decisiones adoptadas pueden tener en la sociedad. Un hito en el análisis económico del derecho.

Pero la Corte no sólo democratizó el proceso, sino que también dictó importantes fallos. Fue en esa tarea de correr fronteras que el máximo tribunal incorporó las acciones colectivas o de clase, que permiten resolver conflictos que afectan a muchos interesados pero que no justifican esfuerzos individuales.

La obra, sin embargo, no se agota en esos aspectos, sino que reexamina el punto de partida: la legitimidad misma del control judicial. Sola concluye que es un error considerar que el control tiene un conflicto con la legitimidad democrática, porque el proceso judicial no niega la democracia, sino que, por el contrario, permite entablar un debate ante un juez, para que él establezca el precedente que resolverá el conflicto. En otras palabras, si bien es legítimo y útil que existan grupos de interés, los jueces y la Corte están llamados a corregir las distorsiones del interés general.

Sola también pasa revista por el certiorari, las cuestiones políticas y abstractas, el federalismo, la soberanía popular y el Estado de Derecho, y comenta el impacto de las sentencias de los tribunales internacionales. Así como también analiza distintos mecanismos para controlar la constitucionalidad de las leyes.

Más allá de tratarse de una obra técnicamente muy sólida, resulta interesante la conclusión del autor en el sentido de que el alto tribunal, bajo el liderazgo del doctor Ricardo Lorenzetti, mostró ser verdaderamente fuerte para resistir el canto de las sirenas de turno.

LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

Por Juan Vicente Sola

La Ley

816 páginas

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