Liliana Maresca, la artista que desafió el destino

Retratada por Marcos López. "No le poníamos nombre a lo que hacíamos. Yo no conocía la palabra performance", recuerda el fotógrafo
Retratada por Marcos López. "No le poníamos nombre a lo que hacíamos. Yo no conocía la palabra performance", recuerda el fotógrafo Fuente: LA NACION - Crédito: Gentileza Rolf Art
Su muerte temprana, hace exactamente 22 años, no impidió que siguiera siendo fuente de inspiración. Comienza un largo ciclo de homenajes
Fernando García
(0)
13 de noviembre de 2016  

Un repaso a las fotografías de Liliana Maresca en el sitio de la galería italiana Spazio Nuovo, que le dedicó una muestra en 2012, o las que hemos visto impresas antes en catálogos, no revela casi nada de lo que dicen las palabras del arte. Ante ese cuerpo anguloso que parece invertir la lógica del desnudo (¿Maresca posa o el resto del mundo posaba para ella?) todas las interpretaciones se vuelven especulativas. Maresca, nombre, cejas, boca, hombros, pechos de cinecittà, mujer escapada del celuloide neorrealista a la orilla misma de Buenos Aires (Avellaneda), se merecería la literatura tanto o más que la historia del arte.

Es, de veras, un personaje de la gran novela de la ciudad en un tiempo que fue hermoso, volcánico, angustiante y tremendo. Inaprensible y magnética, antes novicia y ama de casa y siempre madre de Almendra, llegó empujada por el viento arrasador del underground y se fue barrida por el soplo mortífero del VIH (como Batato, como Federico Moura, como Miguel Abuelo, como Kuropatwa) y si bien su multiplicidad creativa sumariada en objetos e instalaciones que podrían llamarse neodadá, neopovera o posminimal es evidente, no hay mejor obra para hablar de Maresca que ella misma. Y por eso, el sistema del arte que -como la justicia- llega tarde pero es implacable, ha optado ahora por fetichizar el testimonio fotográfico de sus acciones, instalaciones y performances.

Rolf Art, la galería especializada en fotografía contemporánea, abrirá su nueva sede en la calle Esmeralda el 23 de este mes con Liliana Maresca. Homenaje. Fotoperformance y registros, una muestra con fotos de Marcos López, Adrián Rocha Novoa, Res, Santiago Porter, Adriana Miranda, Facundo de Zuviría y Ludmila reunidas por Adriana Lauria, que lleva años enfocada en la artista. La misma galería hizo de los registros de las fotoperformances de Maresca el highlight de su stand en la feria París Photo, que termina hoy, y volverá a hacerlo en ARCO 2017. El foco de Rolf para vender a Maresca está puesto en las imágenes que dejó la instalación Imagen pública/Altas esferas (Centro Cultural Recoleta, 1993), donde se hizo fotografiar por Marcos López junto a gigantografías de tapas de Página/12 dedicadas a íconos del poder y la política.

El afiche que usaron entonces para promocionar la muestra es una especie de trampa para los ojos. El cuerpo desnudo y hermoso de Maresca, dispuesto en modo Venus, atrae la mirada indefectiblemente. Pero al ojo se le pide que inspeccione luego imágenes gigantes de Videla, de María Julia Alsogaray. Atracción y repulsión se funden en esta composición biopolítica que cambia los decorados edénicos de la iconografía renacentista por las barajas de la realpolitik menemista (farándula, indultos, corrupción).

"Yo siempre tuve miedo de publicar esas fotos. Todavía me dan vértigo", dice Marcos López, cuya cámara está detrás de ésta y de muchas de las imágenes que mantienen a Maresca en el sistema del arte. La sesión se hizo en la casa de Estados Unidos 834, 2° piso, con Elba Bairon como asistente o cómplice. "Era un momento que ella quería explotar al máximo con una lectura política muy sutil, diciendo absolutamente todo con su cuerpo. Fue una producción como de modelo, con indicaciones muy precisas de cómo poner las manos y demás", recuerda Bairon.

López completa la reconstrucción de la fotografía: "Liliana dispuso las gigantografías en el piso de su estudio con la ayuda de Elba; yo me subí a un entrepiso para hacer un plano cenital; Liliana se desnudó y yo dirigía la escena desde arriba. Elba acomodaba las manos de Lili sobre su panza, sus piernas, o sobre el fondo. Luz de ventana, sin trípode, con la cámara en la mano y solamente 25 fotos en 35 mm".

Veintitrés años después, estas imágenes, el gesto de desafiante serenidad en Maresca, mantienen intacto su poder. "Haber puesto el cuerpo sobre los personajes más siniestros de nuestra historia reciente fue una actitud suya de gran valentía. Fue una ceremonia de limpieza, de alquimia, algo mágico", dice López.

Retrato de Santiago Porter; se publicó en 1991 en la revista Cerdos  Peces
Retrato de Santiago Porter; se publicó en 1991 en la revista Cerdos Peces Crédito: Gentileza Rolf Art

La gran anfitriona

Elba Bairon, Marcos López, Marcia Schvartz, artistas a los que hoy se reconoce con una estética muy propia, llevan con ellos algo del efecto Maresca, aunque en ella no pueda encontrarse exactamente a una escultora, una fotógrafa o una pintora. Maresca pasó junto a ellos y los hizo distintos. Bairon la define como "la anfitriona del renacimiento cultural que se dió en los años 80. A su alrededor se juntaban artistas de toda clase y se armaba como una gran pieza o instalación, cosa que no se ha repetido desde entonces. Ideas de ella que se volvían colectivas, como La Kermesse y La Conquista ".

Para Marcos López, el encuentro fue decisivo: "Hasta que la conocí, cuando llegué de Santa Fe en 1982, yo era un niño bien, de provincia, tímido, reprimido? Enseguida nos llevamos bien y programamos sesiones de desnudos de Lili en interacción con sus obras. Teníamos absoluta conciencia de que nos interesaba generar un producto artístico. Una mañana de invierno planeamos ir a tomar fotos a la Casa Rosada para, digamos, apropiárnosla. ?Me voy a disfrazar de señora', dijo ella, y se puso un tapado negro y un turbante, y nos acercamos hasta dos metros de los granaderos. Pero no le poníamos nombre a lo que hacíamos. Yo no conocía la palabra performance".

Performance era el password del under. No hacían falta bienales ni aparato crítico para que en el teatro (Batato, La Organización Negra), el arte (Maresca y el grupo de La Zona) y el rock (las Bay Biscuits de Vivi Tellas) se repusiera lo que la dictadura había desaparecido: el cuerpo. Así, la presencia insistente del cuerpo de Maresca sintonizaba con los nombres de los grupos de la época: Los Twist (el cuerpo en baile), Virus (el cuerpo contagioso), Sumo (el cuerpo expandido), Los Violadores (el cuerpo en rapto).

Maresca llevó la estrategia al extremo en Espacio disponible (Casal de Catalunya, 1992). La muestra se completaba en las páginas de la revista erótica El Libertino con el anuncio "Maresca se entrega todo destino", donde catorce fotografías de Kuropatwa mostraban a la artista en una secuencia provocativa. Exhibida como una doble página de publicidad, incluía su teléfono personal que fue discado por unas cuatrocientas personas (Maresca atendió sólo a cuatro). La olvidada revista se exhibe hoy debajo de una vitrina junto a uno de los carteles de Espacio Disponible en el nuevo guión de la colección permanente del Malba.

Como suele suceder con el arte de acción, el registro se vuelve museificable una vez que el contexto en el que se produjo se encuentra a una distancia prudente. ¿Habría querido el museo la novicia underground? En agosto de 1993 escribía desde Venecia: "Viendo estas obras de arte metidas en museos se me hace claro que son cadáveres [?] De los corazones de los que las hicieron para transgredir toda esa muerte que, ahora, paradójicamente los contiene en estos sepulcros asépticos, solemnes y blancos".

Sin título. Imagen Pública - Altas Esferas, Costanera Sur. Fotografía de Ludmila, 1993
Sin título. Imagen Pública - Altas Esferas, Costanera Sur. Fotografía de Ludmila, 1993 Crédito: Gentileza Rolf Art

Pero el museo es un destino inevitable para Maresca. El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires prepara una retrospectiva (1982-1994) para 2017, que hará foco en el carácter social de su obra, con documentos inéditos y algunas reconstrucciones de sus instalaciones. Con el plus de que Almendra, su hija con Julio Vilela y quien vela por los derechos de su obra, forma hoy parte del equipo del "Moderno".

En tanto, lo mejor que tenemos para ver y oír a Maresca es el videocatálogo de Frenesí, la retrospectiva que se inauguró días antes de su muerte. El crédito en el VHS digitalizado lleva a Adriana Miranda, que en 1994 tenía 23 años y se había acercado a Maresca como una fan. Llegada de San Juan, la fotógrafa y videasta cayó hechizada por la bohemia de San Telmo, que tenía en Maresca a una especie de líder aglutinante y magnética.

"Yo la tenía vista en el barrio y la seguía a todos lados. La conocí cuando fui a ver La Kermesse al Recoleta y me deslumbró. Metió a todo el Parakultural ahí: de Batato a los punks, jarras de clericó por un peso, los artistas que empujaban al público a participar, la policía alerta."

La enfermedad de Liliana precipitó los tiempos. Junto con los preparativos de la muestra-despedida vino el pedido a Miranda para que filmara entrevistas y editara el video. Maresca la convenció con un poema escrito al pie de una cronología: "Miranda Maresca mucha m de madre de mierda de teta dadora. Necesito mi autonomía a costa de todo. La verdad es la obra y en el nudo está la implosión del destino. Dentro y fuera del tiempo".

El videocatálogo se terminó dos semanas antes de que Maresca muriera, un 13 de noviembre, hace exactamente 22 años. Quedó encantada con la edición (que incluía testimonios de León Ferrari, Jorge Gumier Maier, Fabián Lebenglik, Marcia Schvartz e imágenes de archivo) y con la música (apertura de Sumo y música incidental iraní). Ahora Miranda atesora quince horas filmadas con Maresca, con las que espera realizar un documental en 2017.

Una de las imágenes de Maresca que ilustran esta nota se usó antes para la tapa del VHS Frenesí; había sido publicada en 1991 por Cerdos & Peces. Santiago Porter la visitó entonces para retratarla: "Yo era una criatura?Liliana era adorable. Te enamoraba". Tal como define Bairon: "Era linda y atractiva. Muy seductora y muy consciente de su belleza tanto para los hombres como para las mujeres".

De ese encuentro entre el joven fotógrafo y la novicia underground quedó este fotograma de una película cineccità jamás rodada en San Telmo. La Maresca como una donna extrapeninsular ahí con Magnani, Cardinale, Mangano, Vitti. Vestida aquí hasta el cuello, con el pelo bien corto y una mirada que vuelve del pasado para cortar el aire. Como se cortó la luz de Buenos Aires, según cuenta la leyenda, el día que su cuerpo de 43 años dijo basta.

Biografía

Nacida en Avellaneda en 1951, murió a los 43 años, días después de que el Centro Cultural Recoleta inaugurara una retrospectiva centrada en sus trabajos realizados entre 1984 y 1994. Para entonces ya se había convertido en una artista de culto: se contaba entre las principales referentes de la época de oro de la galería del Centro Cultural Ricardo Rojas, bajo la dirección de Jorge Gumier Maier.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?