Racing de Córdoba: fue sensación en los 80 y hoy quiere volver a ser

Enrique Vivanco
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12 de noviembre de 2016  

Racing de Córdoba
Racing de Córdoba Fuente: LA NACION - Crédito: Diego Lima

CORDOBA.– Corrían los años 70. El barrio de casas bajas rodea el estadio Miguel Sancho. La siesta muestra sus bíceps con un sol portentoso que hace fuego el cemento. Los jugadores de Racing de Nueva Italia llegan a para entrenarse. Algunos lo hacen en bicicleta y otros, caminando; los menos, en autos que cargan algunos años encima. Allí, el consumismo refulge en el brillo de unas mandarinas y de unos maníes que la “Luria”, vendedor ambulante y abastecedor oficial de esos productos, siempre tiene guardados en un canasto. Comprarle a él era tener garantizado el ingreso en la platea, aunque más no fuera para ver un entrenamiento.

La mayoría de los chicos que se meten en el vestuario se han criado en las divisiones inferiores. Muchos viven en las cercanías. El resto proviene de la trajinada labranza de clubes vecinos. Todos, o casi todos, han recibido la bendición de René Gorreta, lo que sería hoy un reclutador, delegado de entonces, que en su Peugeot 404 recorría todos los campeonatos barriales habidos y por haber para esos menesteres.

Así llegaron a primera división y triunfaron en otros clubes Emilio Nicolás Commisso, Roberto Gasparini, Luis Amuchástegui y varios más. Eran tiempos más democráticos para el fútbol, con una distribución de jugadores más equitativa entre las instituciones. El poder estaba en las bases, en escarbar cada centímetro de pasto en la conquista del mejor jugador. No había mucho dinero para grandes compras ni para armar grandes equipos.

Esa silenciosa cosecha dio frutos casi diez años después. Racing de Nueva Italia, club de gente obrera a la que le costaba arañar la clase media, y que parecía no estar preparado para vivir lo que vivió tiempo después, cerró los ojos ante el relumbrón que casi lo dejó ciego. ¿Qué ocurrió? Con su modesto Opel K180, llegó Alfio Basile, tras un peregrinar sin grandes resultados en clubes de Buenos Aires. Con su voz ya ronca empezó a diseñar un equipo que terminaría disputando la final del campeonato Nacional en 1980. De andar husmeando entre Talleres, Belgrano e Instituto para lograr alguna buena ubicación en los torneos de la Liga Cordobesa de Fútbol, se encontró de pronto con las luces de un protagonismo impensado.

No pudo ser. Rosario Central fue letal en el Gigante de Arroyito. El 5 a 1 en la primera final fue demasiado lapidario para un 2-0 cordobés en la revancha en el actual estadio Mario Kempes que hizo menos dolorosa la derrota global. El sueño de disfrutar otras primaveras duró tres o cuatro años más. En ese lapso, sus participaciones posteriores fueron dignas. Fue, tras Talleres, en 1982, el segundo equipo cordobés en meterse de lleno en los torneos de la AFA. Pero su intromisión en el profesionalismo lo dejó al descubierto.

Campañas más discretas lo pusieron a prueba. Sin la masividad de Piratas y Albiazules, con una dirigencia que se fue apagando y que tuvo un recambio generacional ineficaz, sin respaldo económico, aquella lumbre de poco más de un quinquenio se fue apagando.

Los últimos 25 años lo encontraron dando vueltas de categoría en categoría, extraviado en el intento de reencontrarse con su norte perdido. Su caída lo llevó a lo más profundo. Sus orígenes lo llevaron a abrazar los torneos locales. Juan Manuel Ramos, aquel arquero de la gran campaña ochentosa, lo devolvió a la primera B Nacional. Pero su irrupción en la antesala de la elite fue efímera.

Hoy, Racing de Córdoba lucha en el barro del torneo Federal B, una competencia que lo tiene de protagonista en la primera etapa, pero de la que le cuesta salir. Es un club intervenido por la Justicia, que reparte esfuerzos similares en abonar a sus acreedores y en atender la demanda de sus fieles hinchas.

Racing fue el representante cordobés al torneo promocional, que otorgaba una plaza al primer torneo Nacional. Perdió esa posibilidad ante Chaco For Ever. Su primera incursión en los Nacionales fue en 1978, en la que no tuvo una actuación relevante. Dos años después llegó a la final; cayó por diferencia de goles con Rosario Central.

Tras aquella final en 1980 y luego de clasificarse a los cuartos de final en 1982, amparado en la reglamentación de aquella época, comenzó a participar regularmente de los certámenes de la AFA. Fue el segundo equipo cordobés en lograrlo, tras Talleres.

Su mejor ubicación fue en 1984. En el campeonato Metropolitano ocupó el 4° lugar, compartido con River, aunque con menor diferencia de goles. El campeón quedó en manos de Argentinos.

Racing descendió el 25 de mayo de 1990, al ser goleado 5-0 por Chaco For Ever. Bien atrás quedó su momento que no pudo ser de gloria plena. El contexto actual del fútbol no parece ser el más adecuado para producir otro pequeño milagro. Más de un hincha vive con esa esperanza, mientras aún disfruta de aquel grato recuerdo.

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