La distensión no llega a las calles y siguen las marchas contra Trump

Duras críticas al sistema electoral que llevó a la derrota de la candidata más votada; hubo miles de personas en Nueva York
Rafael Mathus Ruiz
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13 de noviembre de 2016  

Manifestaciones anti-Trump, ayer en la Union Square de Nueva York
Manifestaciones anti-Trump, ayer en la Union Square de Nueva York Fuente: AFP

NUEVA YORK.- Una alfombra de gente sobre la 5» Avenida, en pleno sábado, se extendía por varias cuadras y se perdía a la vista, y llegaba, hacia el norte, hasta la Torre Trump, el nuevo epicentro del poder político de los Estados Unidos.

Miles de personas marcharon por cuarto día consecutivo en contra del presidente electo, Donald Trump. Caminaron, vigilados por la policía, desde Union Square hasta la Torre Trump repitiendo, una y otra vez, los mismos cantos que se han escuchado desde la elección presidencial: "¡Hey, hey! ¡Ho, ho! Donald Trump se tiene que ir"; "¡No es mi presidente! ¡No es mi presidente!", y "¡Así se ve la democracia!".

La protesta, una catarsis colectiva organizada en redes sociales y decorada con cientos de pancartas, dejó otra vez al descubierto la perplejidad y la tristeza de millones de norteamericanos tras el desenlace de una las campañas presidenciales más divisivas en la historia de los Estados Unidos.

"Muchos estamos devastados", dijo a Lauren Coldman, 61 años. "Todo lo que representa los Estados Unidos fue arrojado por la ventana. Principios sobre los que se construyó el país, igualdad, justicia. Parece que ya no importan. Trump apeló al miedo y la ignorancia. Esto fue como un pequeño golpe de Estado. Nos quitaron la elección, Rusia, el FBI, todos se metieron", lamentó.

Hubo pancartas que ridiculizaban a Trump, o lo comparaban con Adolf Hitler. Otras le daban la bienvenida a refugiados, llamaban a defender el medio ambiente, las minorías o el derecho de las mujeres a abortar. "Make love Great Again", pedía un manifestante, mientras que otro le enviaba un mensaje al resto del planeta: "Querido mundo, no todos estamos tan locos".

Una pareja de turistas franceses, Ayoub Bulaich, 27 años, y Eleonore Matheu, 25 años, observaba la manifestación parada cerca de la entrada del Empire State. "Estamos preocupados. Esto va a pasar en Francia", explicó Bulaich, en referencia a la posibilidad de que la ultraderechista Marine Le Pen gane las próximas elecciones en Francia, montada en la misma revuelta populista contra el establishment que llevó a Trump a la Casa Blanca.

La manifestación ocurrió mientras Trump terminaba de perfilar su gabinete. Una noticia despuntó en medio de la marcha: Hillary Clinton culpaba por su derrota al director del FBI, James Comey, que reavivó el mailgate en los últimos días de la campaña.

"La gente falló", se quejó Gino A., un corpulento hombre de 58 años. "Si no sos rubio, de ojos celestes, estás en problemas. Hillary no hizo nada malo. Fue una gran candidata. Ganó el voto popular. La gente falló", se descargó.

Dos jóvenes caminaban en silencio, con una bandera mexicana en sus manos.

"No queremos que deporten a nuestros padres", dijo Karina Lucero, estudiante, 18 años, y la mayor de seis hermanos, todos nacidos en los Estados Unidos. Sus padres son inmigrantes indocumentados mexicanos que pueden llegar a ser expulsados del país durante la presidencia de Trump. "Mi mamá está tranquila, no cree que vaya a pasar nada malo ni que aprueben una ley para mandarla a México, pero yo creo que sí. Algo va a pasar", dijo.

Su última esperanza, afirmó, era que las protestas generaran presión para que suficientes electores cambien su voto cuando se reúnan en el Colegio Electoral, el próximo 19 de diciembre, para ungir a Donald Trump como presidente. Una utopía, más que una alternativa. A su alrededor la multitud cantaba: "¡Sin odio! ¡Sin miedo! Los refugiados son bienvenidos!". Más adelante, otro canto que ridiculizaba a Trump: "¡No puede construir un muro! ¡Sus manos son chicas!".

Solo, en medio de la multitud, Mike Ebghill, un profesor afroamericano de 29 años de una escuela de Nueva Jersey, se quejaba que el sistema estaba "roto" por haber permitido que otro candidato fuera presidente pese a perder el voto popular. Para él, la gente reaccionaba a eso. Algunas pancartas en contra del Colegio Electoral le daban la razón. Pero, aun así, cargó parte de la responsabilidad en Clinton.

"No juntó suficiente gente, no tuvo mensaje. Trump tuvo un mensaje, y la gente lo siguió, aunque fuera un mal mensaje. Logró que la gente mala saliera a votar", dijo.

Mollie Delozier, 61 años, viajó desde Tennessee para estar junto a su hija, Sara, de 27 años. Ambas estaban ayer contra la valla policial alrededor de la Torre Trump, fuertemente custodiada. Lamentaban haber perdido la elección contra "Putin y el Ku Klux Klan".

"Este elección fue una gran conmoción", confesó Mollie. "Somos mejor que esto. Espero que seamos mejor que esto. Sino, estamos jodidos".

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