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Ingresar a la OCDE con una visión de desarrollo

Patricio Carmody
Patricio Carmody PARA LA NACION
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19 de noviembre de 2016  

La Argentina es hoy una potencia media que avanza a media potencia. Por eso, la iniciativa de acceder a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) es positiva, ya que puede potenciar nuestro desarrollo y está en línea con una política exterior que refleje, como dice la canciller Malcorra, las posibilidades de la Argentina. Esto demandará un gran esfuerzo de funcionarios, sectores productivos y la sociedad. Por eso, esta iniciativa debe estar en sintonía con una visión de desarrollo explícita, que logre básicos consensos.

La OCDE es un organismo de cooperación internacional, con sede en París, compuesta por 35 Estados que procura coordinar sus políticas económicas y sociales. Es uno de los foros mundiales más influyentes, apoya los valores democráticos y la expansión del comercio mundial, e incentiva el intercambio de información para maximizar el crecimiento económico. Considerada hoy como el "club de los países ricos", es la sucesora del Plan Mar- shall, que apoyó la reconstruccion europea de pos guerra. Al fundarse la OCDE en 1960, se sumaron a los países del Plan Marshall, los Estados Unidos , Canadá y Turquía. Luego, Japón y Corea, Australia y Nueva Zelanda, los países del este y báltico europeo, e Israel. De América latina, son miembros Chile y México.

La OCDE ha cimentado su prestigio como proveedora de estadísticas, análisis e informes para el desarrollo. Entre los indicadores suministrados, se destacan el índice PISA, que evalúa los sistemas nacionales de educación, y el índice Gender Gap, que monitorea la participación femenina. También ha contribuido a la exitosa cumbre ambiental COP 21, de París, en 2015.

En base a su aporte, la OCDE ha ganado además legitimidad ante el G20, donde hasta países inicialmente reticentes, como China e India, reconocen sus contribuciones. Varios países quieren ingresar en la OCDE. En América, Costa Rica y Colombia completan el proceso de admisión. En Europa, Lituania lo hace, y Bulgaria, Rumania, Malta y Chipre están interesados. Se evalúa internamente cuál debe ser el tamaño óptimo de la OCDE: entre 40 y 45 miembros.

Aunque el ingreso a la OCDE implica prestigio, no debe ser un fin en sí mismo, sino un proceso para optimizar el manejo de nuestra economía. Ingresar a la OCDE no nos hará ricos en forma instantánea, ni nos dará acceso a un nuevo Plan Marshall. Pero nos permitirá acceder a las "mejores prácticas" que sus miembros han implementado. También podremos compararnos y medirnos con los mejores. Es sabido que lo que no se mide y compara, corre el serio riesgo de no ser mejorado.

A su vez, la pertenencia a la OCDE funciona además como un "sello de calidad" para los inversores. Los compromisos que se asuman en el proceso de ingreso a la OCDE deben ser compatibles con una visión de desarrollo inclusivo que cuente con el suficiente consenso interno. En efecto, esta visión de desarrollo debe orientar la manera en que ingresamos o participamos en la OCDE. No es la organización la que determina el modelo de desarrollo a implementar.

Así, los países miembros se comprometen a la progresiva liberalización del comercio y del movimiento de capitales. La Argentina comparte estos principios, pero las reformas a realizar deben ser compatibles con una visión de desarrollo explícita e inclusiva. La administración de Mauricio Macri ha iniciado con energía el proceso de ingreso a la OCDE. Luego de su pedido oficial de ingreso en junio, se han recibido ya seis misiones de la OCDE. Se procura obtener la "luz verde" para el proceso de admisión, que consiste en aprobar los requisitos de 23 comités, de los que nuestro país ya participa en 10. La Argentina debería ingresar como un país en desarrollo, como lo hicieron México, Corea y Chile, logrando mayor flexibilidad. Este proceso será exigente en materia de provisión de información, planes de reforma y estadísticas. Además, para lograr el ingreso debe existir un apoyo unánime de parte de los miembros, pero el apoyo de los Estados Unidos parece clave.

La Argentina debe aprovechar su preparación para liderar el G-20 en 2018 y trabajar en conjunto con los líderes y los equipos técnicos de la OCDE. Al trabajar juntos en los temas relevantes para el G-20 la Argentina debe presentar sus circunstancias y sus puntos de vista. A su vez , el staff de la OCDE estará interesado en que sus contribuciones sean reconocidas. Así, a la Argentina y la dirigencia de la OCDE se les presenta una magnífica oportunidad de ayuda mutua: nuestro país le podrá dar más protagonismo a la OCDE en el G-20 y la dirigencia de la organización apoyando el ingreso argentino.

El desafío será que las reformas a implementar para ingresar a la OCDE estén en línea con una visión de desarrollo ya formulada y consensuada. Los tiempos del proceso de admisión, de dos a tres años, no deben acotar nuestra flexibilidad para diseñar esta visión. Así, este plan de desarrollo debería ser explicitado y consensuado, antes de acelerar el proceso de ingreso, para evitar contramarchas futuras que afecten nuestro prestigio e ingreso a la OCDE.

Ingeniero industrial, miembro consultor del CARI y de Cippec

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