Derribando mitos: fútbol, dinámica de lo impensado

Ignacio Fusco
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20 de noviembre de 2016  

Juan Román Riquelme
Juan Román Riquelme Crédito: Pablo Vigo

"Este libro no sirve para nada", se prologa a sí mismo Dante Panzeri, un cascarrabias genial. La frase es un epígrafe, lo primero que se lee en Dinámica de lo impensado, el libro que escribió mientras el general Onganía gobernaba a la Argentina y Racing era campeón mundial. Como siempre, las palabras son mutantes, engañosas. Panzeri anunciaba que su libro sería inútil porque, pensaba, el fútbol era algo que no se podía adivinar. "El fútbol bien jugado -escribe- tiene tácticas: ¡muchas! En lo posible una para cada jugada. No una sola para cada partido. Pero todas en el momento, imprevistas. Porque el fútbol es lucha de imprevistos". "Dinámica... -se sonríe Matías Bauso, compilador de Dirigentes, decencia y wines, el libro que reúne la obra periodística de Panzeri, en diálogo con LA NACION- es una de las frases más tergiversadas de la historia. Se la usa todo el tiempo, en cualquier circunstancia, y generalmente mal. El sentido que Dante quiso darle fue que en el fútbol, por más que se planifique, el que decide es el jugador. Él nunca creyó que el fútbol fuera anárquico, de hecho le dedica 40 páginas del libro a estudiar todas las alternativas de ataque, todos los mecanismos de defensa que pueden existir. Él nunca dijo que si la pelota pega en el palo, bueno, dinámica de lo impensado y ya está".

El mejor blusero de la historia del fútbol argentino, Juan Román Riquelme , contó hace dos semanas en una entrevista con Doble 5, el programa de TyC Sports, que cuando él jugaba ya sabía todo lo que iba a suceder: él sabía que Serna o Basualdo o Banega le acercarían la pelota hasta un sector, él sabía que el volante por izquierda se inmolaría para despoblar la trinchera rival, él sabía -siempre sabía- lo que sucedería después. "Lo veía a Clemente pasar por atrás mío, rapidísimo, y yo sólo se la tenía que dar. Era un pase normal, allá, a la espalda del 4, pero él hacía que fuera un pase fenomenal", se sonreía Román. O sea: un plan, una costumbre, una manera de pensar. En la misma entrevista contó también que lo de Bianchi era tremendo: situación que decía, situación que ocurría después. Los grandes equipos siempre han sido los que adivinan el futuro, los que saben -la mayoría de los partidos- que hay cosas que sí o sí van a pasar.

"En el fútbol no existe ordenación posible que gane los partidos sin depender de la capacidad individual de los jugadores -grita Panzeri-. El plan es el jugador y las circunstancias". Circunstancias que -acaso porque los jugadores no son una legión de Ortigozas, acaso porque los rivales defienden mejor- cada vez se prefabrican más. En el libro El pizarrón de Gallardo, de Christian Leblebidjian, el uruguayo Carlos Sánchez contó que su transformación en River (del 8 atleta de Almeyda al 9 fantasma que se hizo goleador) sucedió porque Gallardo le mostró videos y videos y más videos, explicándole qué era lo que él y el equipo iban a hacer. Si todo dependiera de la capacidad innata de los jugadores, tal vez nunca hubiera sido líder el Liverpool de Klopp. También hay opciones, una lógica aprendida: un jugador hace un guiño con su cuerpo y se activa en el resto la violencia de un ballet.

Imagínense que son el 5 del Elche: Iniesta viene de frente con la pelota y al lado tiene a Rakitic y Messi, y por la derecha pasó Rafinha, y atrás tuyo, a la derecha, está Neymar . Nunca sabrás qué hará Iniesta -el alboroto de tus nervios, la tensión- pero hay algo prefabricado que le permite elegir cuál será el huracán. Antes de Guardiola, para muchos, Iniesta era sólo un monje livianito que se parecía al primer Messi de la selección argentina. Como siempre, el debate de si Panzeri tiene razón o Panzeri no tiene razón. Como siempre, todo se retroalimenta, todo se cruza: el problema está en creer que en el puño sólo entra una verdad.

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