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Nápoles en Boedo: el rincón donde las pastas se cocinan desde hace 90 años

El clásico interior del bodegón Spiagge di Napoli
El clásico interior del bodegón Spiagge di Napoli Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia
Un día en el bodegón Spiagge di Napoli, en Independencia casi Boedo, donde la gente espera en la calle por un lugar para comer
Lina Vargas
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21 de noviembre de 2016  

Los mozos avanzan, como chispas estremecidas, con platos y copas y canastas de pan.

"Maestro: ¿me puede traer pimienta?", grita un hombre.

El restaurante se llama Spiagge di Napoli. Playas de Nápoles. Dos puertas de vidrio sobre la avenida Independencia, a metros de Boedo, con fotografías de albóndigas, ravioles, un asado de tira.

Adentro, dondequiera que se mire, la abundancia. El local parece alojar la memoria de sus 90 años. Botellas marcialmente ordenadas sobre paredes color crema. El afiche de una villa mediterránea custodiada por un santo. Una fotografía en blanco y negro de los mozos en semicírculo.

La imagen de una copa de helado. La reproducción de un decreto antiebriedad emitido por la policía en 1956. Del techo cuelgan materas, una bandera de Italia, otra de la Argentina, y una fila de jamones. Encima de todo un cartel: salón para familias.

La especialidad son las pastas -fideos, tagliatelle, sorrentinos, fusilli- servidas en platos blancos, sencillos, con la prodigalidad de un almuerzo de domingo. Además, parrilla, mariscos, pescados. Rabas y caracoles. Croquetas y berenjenas. Albóndigas y picadas. Tiramisú, isla flotante, manzana asada, tarantela.

No hay música. Los ventiladores permanecen apagados y el televisor transmite, en silencio, las noticias del mediodía. Hay, en cambio, un zumbido metálico de cubiertos. En las mesas, de manteles a cuadros rojos y blancos, los clientes comparten salsa scarparo, bolognesa, pesto.

El menú y los clientes se mantienen fieles al gusto italiano
El menú y los clientes se mantienen fieles al gusto italiano Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

Algunos están solos, tomando café. Los grupos de amigos llegarán a la noche. Las familias, el fin de semana.

El hombre que pidió la pimienta grita de nuevo.

"¡Eh, Giuseppe!"

Giuseppe Ranieri, uno de los dueños, lo abraza. Su sobrino Javier, el otro dueño, hace cuentas en la caja.

En 1926, Juan Ranieri, abuelo de Giuseppe y bisabuelo de Javier, desembarcó en Buenos Aires desde la provincia de Foggia, junto al Adriático. Compró una cantina sobre la avenida que da al puerto y abrió el bodegón. Vinieron su esposa y sus hijos. Ellos enseñaron a la tercera generación a elaborar las pastas. Y la tercera enseñó a la cuarta.

Javier Méndez tiene 30 años. Es alto y sagaz. De su infancia en el restaurante recuerda esto: un manojo de caracoles intentando escapar de la olla donde estaban siendo curados.

"Yo me crié acá, mi mamá se crió acá. Lo tenés en la cabeza. Vos sabés preparar un buen plato de pasta, la salsa la sabés hacer. Estamos en la cocina desde las seis de la mañana y eso ayuda a que la tradición se mantenga", dice desde la caja.

El lugar apenas ha cambiado: instalaron aire acondicionado, reemplazaron las letrinas por baños y modificaron la parrilla para que el humo no saliera. El menú es el mismo, incluso los clientes continúan yendo, invariables.

Gustavo, el mozo de Spiagge di Napoli desde 1988
Gustavo, el mozo de Spiagge di Napoli desde 1988 Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

Pasadas las tres de la tarde, hay ambiente de siesta. Está casi vacío. La calma es cercana, hogareña. Los mozos se permiten unos minutos frente al televisor. Se escucha el sonido de la canilla. Un chico de brazos tatuados lava copas de tiramisú.

Gustavo es mozo desde 1988. Su aspecto resulta familiar.

"La gente viene por los años", dice, y se queda en silencio. Son muchos años.

Cuando llegó, a los 22, las cuentas se hacían con lapicera y el menú incluía ranas.

"De chicos yo les ponía la sillita y ahora traen a su familia", recuerda.

Spiagge di Napoli volverá a abrir a las 20. Para entonces habrá gente esperando afuera por una mesa. Como ocurre cada noche del año, desde siempre.

Una carta muy variada

Fuente: LA NACION

  • Spiagge di Napoli es un bodegón de barrio que logró su fama por los abundantes y sabrosos platos de pastas caseras. Su correcta relación calidad precio se combina con un buen servicio que recuerda los modales de otra época.
  • Dentro de su carta, los fusilli al fierrito con salsa scarparo son el plato destacado. Tiene alternativas para quienes se animan a probar algo distinto, como caracoles, y para quienes prefieren quedarse en lo clásico, como la lasagna rellena.

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