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Lautaro Acosta, el jugador-bandera que no piensa irse de Lanús por nada del mundo

Ante Temperley, volvió con el desequilibrio característico: "Le ofrecen el oro y el moro, pero él no se quiere ir", dice el presidente Russo
Luis Botto
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26 de noviembre de 2016  

Acosta, emblema de Lanús
Acosta, emblema de Lanús Fuente: FotoBAIRES

Hay jugadores que logran una identificación única con determinados clubes. En los últimos tiempos, sucedió con Juan Sebastián Verón en Estudiantes, con Juan Román Riquelme en Boca, con Fernando Cavenaghi en River, con Gabriel Milito en Independiente o con Diego Milito en Racing. Lanús también tiene su jugador-bandera, aunque Lautaro Acosta tiene una ventaja sobre los mencionados, ya que logró levantarse como referente y casi futuro presidente del club granate a los 28 años, cuando todavía tiene guardados muchos piques, gambetas y definiciones como la que entregó ayer para el golazo que dictaminó el 2-1 ante Temperley , como visitante.

Esa corrida larga, vía contraataque (una de las especialidades del Laucha) para definir con clase ante el arquero Ibáñez. Muchos pueden pensar que imaginar a Lautaro Acosta como presidente de Lanús es una exageración, pero... el tema es que hasta el propio Nicolás Russo , hoy máxima autoridad granate, lo imagina en esa función después de ser entrenador. Es que Acosta genera un amor incondicional en los hinchas granates. ¿Por qué? Es un futbolista surgido de las divisiones inferiores, con una venta a Europa le dejó ingresos al club y cuando decidió volver, más allá de un fugaz paso por Boca, no dudó en ponerse la camiseta del cual es hincha... ¿hasta que la muerte los separe?

Acosta está volviendo al nivel que supo tener el semestre pasado, cuando el equipo de Jorge Almirón fue campeón desplegando un fútbol de alto vuelo. El Laucha, otra vez campeón, como en 2007. ¿Y ahora? Hace meses que volvió a ser tentado por Boca, también por clubes europeos. "Por Lautaro Acosta preguntan, le ofrecen el oro y el moro, pero él no se quiere ir de Lanús", reconoce Russo.

Hubo un momento en que las lesiones lo atormentaron, le impidieron jugar, ser feliz. Cada tanto sufre alguna explosión muscular que le pone un freno. Pero él vuelve. Siempre vuelve para picar y desnivelar. Por eso es el jugador-bandera, porque hace los goles y no se deja tentar ni por los millones de Arabia o Qatar. Porque su lugar en el mundo es Lanús.

Por: Luis Botto

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