La mujer, entre ciclos y ciclos

El período menstrual afecta a las mujeres antes, durante y después de su llegada. El estado de ánimo se puede ver modificado; correr también ayuda en esta etapa
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5 de diciembre de 2016  • 10:13

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El ciclo menstrual es un período que se produce sólo en las mujeres, y que va desde el primer día de la menstruación hasta el comienzo de la menstruación siguiente. Es la preparación del cuerpo de la mujer para un posible embarazo. El período fértil empieza con la menarca (primera menstruación alrededor de los 11 años) y termina con la menopausia (última menstruación luego de haber transcurrido 1 año desde esta última).

Este ciclo menstrual está dividido, a su vez, en ciclos de 28 a 35 días separados por la menstruación siendo el promedio de duración en la edad reproductiva de 28 días. Sin embargo, el ciclo menstrual varía de una mujer a otra, en cuanto a duración y cantidad de sangrado, edad, peso, dieta, nivel de ejercicio físico, grado de estrés y factores genéticos. Por caso, son más prolongados en adolescencia ( ciclos anovulatorios) y perimenopausia (disminución de estrógenos). Una mujer tiene aproximadamente, durante toda su vida reproductiva, 500 ciclos menstruales.

El ciclo menstrual de la mujer, es el resultado de la interacción e integración funcional del sistema nervioso central, el hipotálamo, la hipófisis, el ovario y el útero. El Sistema Nervioso Central actúa coordinando los ciclos.

Durante el ciclo menstrual normal, hay producción cíclica ordenada de hormonas y proliferación paralela de la capa interna del útero (endometrio), como preparación para que se implante el embrión. En caso de no producirse el embarazo, esta capa interna cae como menstruación, eliminándose fragmentos de tejido endometrial funcional mezclado con sangre.

La menstruación corresponde a la primera fase del ciclo menstrual. La duración promedio es de 4 a 6 días y el volumen promedio es de 25 a 80 ml/ciclo. La segunda fase corresponde a la proliferación del tejido endometrial para prepararse para acoger al óvulo en caso de que éste sea fecundado. La tercera fase es la ovulación (día 14 del ciclo) que corresponde a la liberación por parte del ovario de la célula reproductora femenina llamada ovocito. Este ovocito va a descender por la trompa de Falopio hasta el útero esperando una fecundación. La cuarta fase corresponde a la etapa secretora endometrial donde el endometrio crece aún más para sostener una probable gestación. En ausencia de fecundación se produce la menstruación y un nuevo ciclo.

Existen anomalías frecuentes del ciclo menstrual variando según la edad de la paciente. Entre ellas las que más pueden afectar a la deportista son las alteraciones menstruales por exceso. Esto es polimenorrea: cursan con un intervalo entre dos menstruaciones inferior a 21-24 días o ciclos cortos; hipermenorrea: fluido menstrual superior a 80 ml o exceso de sangrado menstrual (necesidad de utilizar más de 6 apósitos -compresas o tampones llenos- por día); metrorragia: es sangrado irregular. Todas estas entidades se unifican con la actual denominación de Sangrado Uterino Anormal (SUA); y el dolor menstrual (dismenorrea) de distintos grados intensidad.

La importancia de la consulta

Es de suma utilidad la consulta médica para formular un diagnóstico y plan terapéutico. Es necesario saber que las alteraciones del ciclo menstrual no están relacionadas con causas únicas sino que por el contrario es amplio el abanico de entidades causales y la terapéutica es un traje a medida.

La Universidad de Londres y el Reino Unido realizó un trabajo (lo publicó en febrero de 2016) en la Maratón de Londres 2015. Para ello, se evaluó el impacto de sangrado uterino abundante en atletas de elite y no elite, a partir de una entrevista cara cara a cerca de 800 mujeres. Allí se evidenció que sólo una minoría (22%) había solicitado consejo médico. Sorprendentemente, el sangrado uterino abundante fue frecuente entre los atletas de elite (37%) y no elite (40%). El 32% de las mujeres en ejercicio informaron una historia de anemia y el 50% habían suplementado previamente con hierro.

Además se evaluó el impacto del dolor menstrual y la anemia sobre el entrenamiento y el rendimiento encontrando una diferencia significativa y pacientes anémicas y con dolor menstrual.

Dado que el dolor menstrual y la anemia afectan el rendimiento deportivo la consulta con el médico especialista cobra especial interés. Una vez estudiada la paciente y hecho el diagnóstico (orgánico como endometriosis, pólipos, miomas, etc.; o funcional) el médico puede colaborar con la deportista reduciendo o eliminando el dolor y el SUA.

Dentro de las opciones terapéuticas, el profesional evaluará la necesidad de suplementos con hierro, además de una dieta rica en dicho mineral y la necesidad de administrar fármacos.

Para el dolor menstrual los analgésicos-antinflamatorios (AINES: antiinflamatorios no esteroideos) sumados a protección gástrica son la terapéutica inicial. A ellos se les puede adicionar el uso de antiespasmódicos (hioscina, propinox) y dicha asociación analgésicos-antiespasmódicos resulta suficiente.

Si el dolor aún persiste y el dolor menstrual se asocia a sangrado abundante o la paciente sólo tiene sangrado uterino abundante, el tratamiento hormonal (con estrógenos y progestágenos, o progestágenos solos) es una herramienta terapéutica muy útil. El profesional evaluará las contraindicaciones absolutas y relativas para el uso de estrógenos tales como tabaquismo, hipertensión arterial no tratada, trombofilias, migraña entre otras para indicar o contraindicar esta droga y en ese caso indicar el uso de progestágenos solo.

Si además de estos síntomas la paciente desea un método anticonceptivo, y si además tiene acné o mucho vello (hirsutismo) el tratamiento hormonal complementaría una terapéutica con múltiples beneficios.

En la actualidad se disponen de tratamiento hormonal combinado con estrógenos y progestágenos: orales diarias, parenterales (inyecciones intramusculares mensuales o trimestrales), transdérmicas (parches semanales), transvaginales (anillos vaginales mensuales)

Y tratamientos solo con progestágenos: orales (diarios), subcutáneos (implantes subcutáneos de 3 años de duración), intrauterinos (sistema uterino liberador de levonorgestrel de 5 y 3 años de duración)

Es importante destacar que el dispositivo intrauterino de cobre (DIU) no sería un método de elección en estas pacientes dado puede generar más dolor y sangrado.

Por último, no omitir ni olvidarse de los protectores naturales. Al efectuar ejercicios de resistencia (correr, por ejemplo) se presenta una secreción muy alta de endorfinas y existe evidencia científica que dichas hormonas (químicos naturales) tienen efectos similares a la morfina (morfinas endógenas) utilizada como un medicamento analgésico. Esto explica el por qué de la casi total desaparición de dolor en algunas regiones del cuerpo (hombro, rodilla) cuando se tiene práctica física intensa. Estas morfinas endógenas estimulan los centros de placer en el cerebro. Otras hormonas que se liberan durante la actividad física y aumentan en mayor o menor medida en función del nivel de exigencia física son la prolactina y la hormona antidiurética.

La hormona antidiurética o vasopresina controla la cantidad de agua que el cuerpo elimina y recibe su nombre debido a que cumple un papel clave como reguladora del equilibrio de fluidos, glucosa y sales en la sangre. Esta hormona es responsable de la reducción de los edemas y de retención de líquidos en mujeres, evento importante para reducir el edema relacionado con el síndrome premenstrual.

La prolactina aumentada (en deportistas de alto rendimiento) inhibe el ciclo menstrual generando anovulación (falta de ovulación). La evidencia clínica es la ausencia de menstruación y la secreción láctea leve por los pezones. Esta hiperprolactinemia responde a la reducción de la exigencia deportiva y a fármacos.

Por Silvina Ciocale, Médica Ginecóloga y Obstetra M.N. 86.188 (U.B.A).

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