La vida cotidiana, marcada por la influencia de Fidel

Obsesivo, cambió hábitos que perduran en la isla, como el uso de la olla a presión
A. Rodríguez
M. Weissenstein
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30 de noviembre de 2016  

LA HABANA.- Fidel Castro se empeñó en cambiar casi cada detalle de Cuba..., incluso el sabor del desayuno de los chicos. Llenó las cocinas con ollas a presión para ahorrar energía y enseñó a usarlas; cambió los focos de luz de las casas por otros de ahorro, y se ocupó personalmente de la construcción de proyectos vitales.

Fidel era inquieto, obsesivo, detallista, y gastó mucho de su tiempo y energía en reformular diversos aspectos en su país, incluidos algunos que parecerían pequeños. Tal vez por ello muchos lo sientan incluso como un miembro de su familia.

"Toda mi vida él estuvo en mi pensamiento, como un pariente cercano", dijo Formelio Pantoja, un militar retirado de 78 años y que se sumó a las huestes de Castro a los 19, cuando era un campesino semianalfabeto. "Su muerte es algo muy duro."

Algunos ven que la fuerza de voluntad y longevidad de su liderazgo permitieron a Fidel dejar su huella en cada detalle de la vida cotidiana. Diez años después de haber dejado el poder a su hermano Raúl, muchas cosas que lo ocuparon todavía marcan la cotidianidad del cubano promedio. Millones de cubanos aún dependen de la libreta de abastecimiento, que proporciona comida a precios extraordinariamente módicos, incluido arroz, porotos, huevos, pollo, aceite, sal y azúcar.

En 2005, Fidel trató de convencer a sus compatriotas del valor proteínico del chocolate en polvo que empezaba a distribuirse entre la población en bolsas de 200 gramos para que los chicos tuvieran mejores desayunos con su leche. Y lo logró. "Los descreídos que lo averigüen, que lo lleven a un laboratorio: cuatro gramos de cacao es tan fuerte como saludable", señaló.

Actualmente es difícil encontrar un chico cubano que no pida su leche con sabor a chocolate en vez del tradicional café.

En 1961, dos años después del triunfo de la revolución, Fidel lanzó una ambiciosa campaña para erradicar el analfabetismo. Unos 250 jóvenes fueron enviados a los lugares más apartados de la isla y unas 700.000 personas aprendieron a leer y escribir. Hoy Cuba tiene una tasa de alfabetización de 99,8%, entre las mejores del mundo.

Muchos isleños dejaron de fumar cuando él lo hizo para tener autoridad moral en medio de una campaña contra el tabaquismo, en 1985. En 2005, Castro fue uno de los principales promotores de los cambios de los focos de luz por otros de ahorro. Hoy, todos los hogares tienen focos de ese tipo.

Poco después sorprendió con el anuncio de que el gobierno distribuiría 100.000 ollas a presión cada mes para llegar a las dos millones, y su entusiasmo fue tal que usó dos horas de un discurso de cinco en enseñar su uso y ponderar sus virtudes.

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