Despidieron a Fidel Castro con un acto multitudinario en La Habana

La colmada Plaza de la Revolución
La colmada Plaza de la Revolución
Cientos de miles de cubanos y presidentes asistieron a la ceremonia celebrada en la Plaza de la Revolución
Daniel Lozano
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30 de noviembre de 2016  • 01:23

LA HABANA.- Cientos de miles de cubanos despidieron esta noche a Fidel Castro en la Plaza de la Revolución de La Habana, en una ceremonia política dirigida por su hermano Raúl, quien contó con el respaldo de sus grandes aliados y socios revolucionarios. A su derecha, el principal, Nicolás Maduro, quien ofició como un segundo maestro de ceremonias, acompañado incluso por su mujer, la primera combatiente Cilia Flores, en una demostración de su cercanía con el poder cubano.

En el territorio de los grandes discursos de su hermano, el General de Ejército (así denomina el oficialismo a Raúl) realizó un recorrido histórico, "en esta hora de dolor y de compromiso", por los hechos trascendentales vividos en la misma Plaza de la Revolución. "Precisamente aquí, donde conmemoramos nuestras victorias, te decimos, ¡hasta la victoria siempre!", clamó su sucesor, un tanto nervioso.

Un discurso corto, preámbulo del que entonará en Santiago de Cuba el próximo sábado, horas antes del entierro privado que la familia de Fidel le realizará en el cementerio de Santa Ifigenia.

"Impresionante demostración de amor, ¡se desbordó La Habana! ¡Fidel, Fidel, que viene Fidel", le precedió el "hijo de Chávez", acompañado por una comitiva de sus dirigentes más cercanos en un "plaza llena de energía histórica". "Hemos venido a este lugar sagrado para honrar al eterno joven. ¡Comandante, misión cumplida, espléndidamente cumplida!", destacó Maduro.

Precisamente aquí, donde conmemoramos nuestras victorias, te decimos, ¡hasta la victoria siempre!
Raúl Castro

"Ahora nos toca a nosotros, Fidel se queda invicto", continuó Maduro, sabedor de que el principal reto del club revolucionario se vive hoy en Venezuela. Y para animarse ante la voraz crisis económica, social y política que sufre su país, el presidente bolivariano aseguró que Fidel se había embarcado de nuevo en el yate Granma y "que volverá hecho millones".

Los distintos dirigentes aburrieron a mayoría de los presentes con una larga serie de discursos, alejados de los vividos en el mismo lugar por el ahora llorado Líder Máximo. Salvo una vanguardia de miles en la parte más cercana a los líderes, el resto se desconectó pronto. Daniel Ortega dio la puntilla con una arenga larguísima, ininteligible en varias ocasiones.

"Fidel seguirá viviendo en los rostros de los niños en una escuela", destacó Rafael Correa. El presidente ecuatoriano justificó las peculiaridades cubanas acudiendo a San Ignacio de Loyola y una de sus frases: "En una fortaleza sitiada, cualquier disidencia es traición".

Las palabras grandilocuentes se repitieron con distintas voces e idiomas: gigante, coloso, leyenda, eterno. "Un símbolo de resistencia internacional", destacó el presidente griego Alexis Tsipras.

Desde varias horas antes se fueron congregando los habaneros, siempre de forma ordenada y sumados sin matices al ejercicio perfecto de propaganda y de culto a la personalidad. El contraste fue evidente desde el principio: los mayores con gesto compungido, sabedores de que esta forma se terminaba el siglo XX cubano y buena parte de sus vidas. Los jóvenes, en cambio, como si se tratara de una de esas fiestas que se dan de vez en cuando en las calles habaneras, en el mismo lugar que el Concierto de Juanes y sus amigos por la Paz o en el Malecón, en la Tribuna Antiimperialista. Hasta condones hinchados, con arengas de su Líder Máximo, sobrevolaban sus cabezas.

Todo muy cubano, todo atado y bien atado, tanto que son los estudiantes quienes buscaban a los periodistas para ofrecer unas largas y profundas declaraciones: "Es una muerte física, pero se trata de una siembra de la revolución", repetían, usando términos muy parecidos a los que tanto se repiten en Venezuela desde la muerte de Hugo Chávez en 2013.

Como el cubano es tan dicharechero, no le cuesta reconocer que las arengas han sido ensayadas en clase previamente. Todos ellos desfilaron y se ubicaron de forma ordenada, por escuelas, centros de trabajo, comités de defensa de la revolución o unidades militares. Como los jovencitos de Hato Mayor, una unidad juvenil que lucha contra el mosquito del dengue y del zika. "Fidel nos ha preparado para este momento, somos su legado, nosotros podemos seguir su obra", asegura Yuris Manuel, de 17 años, acompañado por el coro de sus compañeros.

"¿Y las relaciones con EEUU? Son un avance, falta tumbar el bloqueo", responde otro de ellos antes de que una mujer oficial ordene recuperar una seriedad y un respeto que jamás se perdieron.

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