El efecto Trump y sus consecuencias sobre la economía global

Luis Palma Cané
Luis Palma Cané PARA LA NACION
Donald Trump, el nuevo presidente de los Estados Unidos
Donald Trump, el nuevo presidente de los Estados Unidos Fuente: AFP - Crédito: Archivo
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2 de diciembre de 2016  • 15:55

Lo inesperado finalmente ocurrió. En efecto, el 8 de noviembre pasado fue electo como presidente de los Estados Unidos el “outsider” Donald Trump . Su triunfo se debió, fundamentalmente, al voto protesta de quienes se sentían marginados de los beneficios de la globalización y que, asimismo, eran fuertes críticos del establishment político. Es mucho lo que se puede analizar de esta elección; sin embargo, el objetivo de esta nota es brindar una breve síntesis de la personalidad del candidato, de sus promesas de campaña y de las probables consecuencias de las mismas.

En cuanto a su personalidad – la cual, como lo demuestra la historia, es extremadamente difícil de modificar en los líderes- reúne, entre otras, las siguientes características: impredecible, racista, proteccionista y aislacionista. Esta variedad de “virtudes” ha llevado a sus seguidores a definirlo como “pragmático, con lo cual intentan suavizar su cambiante y confuso pensamiento.

Las promesas de campaña

  • Borrar (sic) las medidas “progresistas” del presidente Obama ; entre ellas el programa de salud “Obamacare”, el cual dió protección social a más de 20 millones de ciudadanos
  • Construir un muro en la frontera con México, a ser financiado por dicho país
  • Deportar a 11 millones de “indocumentados”
  • Reformar la Organización del Atlántico Norte (OTAN)
  • Revisar el acuerdo atómico con Irán
  • Evitar la “difamación” de los medios de prensa y de las corporaciones en abierto desafío, por cierto, a la primera Enmienda de la Constitución que establece -como uno de los derechos fundamentales- la libertad de expresión
  • Estrechar relaciones con China y Rusia
  • Revisar los acuerdos con Cuba
  • Dar marcha atrás con el Acuerdo de París sobre el Calentamiento Global, levantando las restricciones energéticas referidas al “fracking” y al uso del contaminante carbón
  • No inmiscuirse en las libertades civiles de otros países
  • Aumentar el gasto público en 500 billones de dólares (3% del PBI), mediante inversión en infraestructura y defensa; pasando de una política monetaria a una de estímulo fiscal
  • Fuerte recorte de impuestos, tanto personales como corporativos
  • Renegociar el tratado de libre comercio entre EE. UU., Canadá y México (NAFTA), retirarse del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) firmado por Obama con 12 países de la región Asia Pacífico (excluyendo a China) y abandonar las negociaciones para lograr un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea
  • Aumentar la protección contra las importaciones mediante suba de aranceles, mencionando incluso la posibilidad de aplicar un 35% a las provenientes de México y China

Las medidas enunciadas indican, en general, una clara posición aislacionista en lo internacional y proteccionista en lo comercial; generando un fuerte incremento de la “incertidumbre”, con el consecuente aumento de la “aversión al riesgo”; tanto a nivel doméstico como internacional.

Las consecuencias negativas si Trump aplicase las iniciativas que prometió

  • Aumento del déficit fiscal de EE UU, provocando un incremento de la presión inflacionaria y de su relación deuda pública/PBI
  • Posible reacción de la FED, entidad que subiría su tasa de cortísimo plazo más rápidamente que lo previsto pre elecciones; comenzando, seguramente, en su próxima reunión de diciembre
  • En paralelo a lo anterior, suba de la tasa de 10 años de los bonos del Tesoro (referencia mundial), la cual ya se ha incrementado del 1,75% al actual 2,32%
  • Dólar fuerte
  • Restricciones al comercio internacional y eventual guerra de monedas
  • impacto en emergentes: fuga de capitales, devaluación de sus monedas y aumento del costo de su endeudamiento

En síntesis, el escenario base no puede -en general- considerarse positivo. En efecto: el aislamiento y el proteccionismo (con las lógicas reacciones negativas de sus aliados y el campo libre para una mayor inserción mundial de China y Rusia), junto a los impactos negativos ya mencionados, no auguran por cierto estabilidad.

Cómo será el impacto de este personaje que, a la fecha, el análisis central sobre su futuro gobierno no radica en las propuestas de su programa sino -más bien- en qué medida los contrapesos institucionales de los EE UU podrían limitar la implementación de sus propuestas. Esperemos que lo logren; caso contrario, el mundo en general -y nuestro país en particular- sufrirían los avatares derivados de las mismas.

Una reflexión final. Recientemente, la actual globalización ha sido puesta en tela de juicio ya que, ciertamente, su valor agregado no se ha “derramado” a la totalidad de los segmentos económicos. Sin embargo, la solución no es reemplazarla con más aislamiento y más proteccionismo sino, por el contrario, perfeccionarla con una mejor distribución de sus beneficios.

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