El Chubut desconocido

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17 de noviembre de 2009  • 00:00

¿Qué sabe usted de Chubut más allá de Esquel, cuando aún faltan 407 km para llegar a Río Mayo, la localidad más cercana al límite con Santa Cruz? Están los ríos trucheros de la zona de Corcovado y Río Pico, los lagos Vintter y La Plata, sí, pero no hay aeropuertos y hasta hace muy poco tiempo no había tampoco estancias que recibieran turismo: emprender un recorrido por la ruta 40 obligaba a dormir en carpa o limitarse a los hoteles de Gobernador Costa, Alto Río Senguer y Río Mayo, pueblos patagónicos de estepa y viento.



Las calles anchas, en las que el pavimento de pocas cuadras apenas interrumpe la tiranía de kilómetros de ripio. Enclaves donde la estación de servicio, la gomería y el locutorio son los ítems más procurados, mucho más que las iglesias, las escuelas y los museos. Quienes llegan por estos lares están en busca de lagos. Conducen extensiones infinitas acompañados únicamente por coirones y alambrados, sólo para ver cómo muta el paisaje en cuanto las montañas cobran altura, dando lugar a ríos, bosques y glaciares eternos que coronan sus cumbres. El premio es un manchón de ñires, un mallín poblado por ovejas o la manzanilla salvaje que crece a la vera de un arroyo de deshielo. O más que el premio, la excusa. Porque sin desmesura no habría Patagonia, y quienes se aventuran en este viaje hace tiempo que saben de esta lógica polvorienta cuyo elemento principal es la distancia.



Corcovado



Entre cipreses que nacen de las piedras, bandurrias y lupinos, Corcovado está hecho a la medida de la pesca. Cualquier chico al que le pregunte sabrá de Arcoiris y Marrones, como otros saben de Cartoon Network y Nickleodeon. En la zona, los ríos Corcovado y Tecka son los más buscados, aunque también se pesca en la desembocadura del lago Rosario (más al norte) y en Chile, donde el Corcovado toma el nombre de Palena. El buen pique atrajo pescadores desde siempre, aunque hace poco el interés en la zona llegó allende las fronteras y ya hay estancias importantes, como El Palenque, Poncho Moro y El Talismán ?recientemente vendida?, que contrastan con las cabañas básicas que se concentran en el pueblo.



La excepción es la Hostería del Río (ex Rancul), construida en 2000, que está operada por la gente de Epa Adventure en Esquel, y que ofrece programas de rafting, cabalgatas, mountain bike y rappel.



En Corcovado hay combustible y conviene cargar antes de largarse hacia el lago Vintter, a unos 60 km. Yendo por la RP 44, el Vintter aparece allá abajo como una gigantesca mancha azul profundo. El viento levanta olas que rompen en sus playas de piedras y es un placer bajarse a armar un picnic en sus orillas, si las ráfagas no son demasiado fuertes.

Los servicios en la zona son más bien escasos: están las cabañas Laurin y Nikita en la margen sur, con la infraestructura básica para pescadores.



Río Pico



La combinación de cinco lagos trucheros ?bautizados con sus números? y unos cuantos ríos ?entre ellos, el Pico? a los que llegan los salmones del Pacífico lo convirtió en un escenario interesante para pescadores y consortes. Quizás por eso la zona creció en servicios en los últimos años, y afortunadamente lo ha hecho cerca de los lagos. No es que el pueblo no tenga atractivos, por el contrario, el hecho de estar a escasos 40 km de la frontera le otorga una geografía montañosa y una tradición de establecimientos madereros que configura una cierta magia.



De hecho, Alejandro Agresti llegó hasta aquí para filmar El viento se llevó lo qué y transformó el clásico bar Los Muchachos, del español Marcelino González ?en el que se casaron generaciones enteras de pobladores?, en el pintoresco bar La Madrileña. El decorado quedó ahí, en la calle principal, y se integró hasta esfumar los límites de la ficción y la realidad. Tanto, que hoy parece haber estado desde siempre.



Pero el verdadero encanto de la región se halla en los lagos, cuyo esplendor parece ir de menor a mayor. Con excepción del Uno y el Tres, de acceso sencillo e irrestricto (cuentan con complejos de cabañas), los demás están protegidos por tranqueras o carecen de camino, por lo que resulta imprescindible acceder con guía. Al Cinco, por ejemplo, se llega con 4x4 si el río Las Pampas está bajo; si no, la gente de Complejo Lago 5 tiene un URAL (una especie de Unimog 6x6) a disposición de sus huéspedes ?que dejan el vehículo en un garage de aldea Las Pampas, a 22 km de Río Pico por la RP19? para ser trasladados por el lecho pedregoso del río del mismo nombre unos 10 km. Ese mismo derrotero es el que protege el secreto de este lago, el menos ventoso de los cinco y el que cualquier no pescador elegiría para acompañar a uno que lo sea.



Eduardo Sacco y Sergio Gaviño, médicos de Comodoro Rivadavia, descubrieron el lugar en 1999 y decidieron llevar unos trailers acondicionados como habitaciones y organizar una empresa de aventuras que no sólo se ocupa de la pesca. De a poco arrimaron canoas, kayaks, bicicletas, caballos y a Pancho Mac Lean, el encargado, que es un verdadero personaje todo terreno. Con el tiempo, Sergio dejó la sociedad y los trailers fueron siendo reemplazados por cabañas alpinas, mucho más confortables. Ya suman cinco, equipadas para dos o cuatro personas.



De este lado de la civilización, las habitaciones mejor acondicionadas están en Tres Ríos Ranch, un complejo a sólo 1 km del pueblo de Las Pampas, que Horacio Torelli y su primo Diego montaron hace dos temporadas. Llegaron hasta allí después de mucho andar, y no es una forma de decir, puesto que Horacio le tiene miedo a los aviones, de modo que buscó, construyó y organiza la vida del lodge ?abierto de noviembre a abril? yendo y viniendo por vía terrestre. Tres Ríos ? el Pico, el Nilson y el Las Pampas? tiene seis hectáreas sobre la ruta 19 y cuatro habitaciones confortables con baño privado.



Bahía Arenal




Llegar a Bahía Arenal no es fácil. De donde sea que venga, sepa que el asunto es un desafío a la paciencia de cualquiera. Si es desde Río Pico, lo esperan 66 km de mal ripio hasta el empalme con la 40 antes de Gobernador Costa, unos 140 km más hasta Alto Río Senguer y de allí otros 85 km bordeando el lago Fontana hasta llegar al La Plata.



Si la meta, en cambio, es bajarse del avión y enfilar directo, el aeropuerto más cercano es Comodoro Rivadavia, del otro lado de la provincia, a unos 350 km de Alto Río Senguer. Y a partir de ahí, los 85 km de ripio. Más el último trecho de módicos 45 minutos de lancha.

En la hostería, coleccionan historias acerca del malhumor soberano con el que llegan los que no están prevenidos del viajecito... y de cómo el efecto Bahía Arenal se los desvanece en tiempo récord. Si el clima ayuda, el hechizo es inmediato. No hay manera de soslayarlo si el día amanece claro sobre el lago, uno se despereza en esas camas divinas, abre la ventana y se encuentra con el muelle y las terrazas, las reposeras de madera que transforman el "¿a quién se le ocurre venir a hacer una hostería aquí?" del día anterior en "¿cómo es posible que no me vaya a quedar aquí para siempre?". Después, el desayuno es servido en el comedor ?todo de madera? y mientras el sol va produciendo destellos plateados en el lago, uno se sienta en el living y comienza a hojear el libro de visitas. Entre líneas aparece la historia de Eduardo Mayer, el joven que a los 81 años ?hace 11? decidió construir ahí ?¡ahí!? una hostería de lujo de cuatro habitaciones y dos cabañas. La obra demoró cuatro años e incluyó usina propia y cámara de tratamiento de aguas servidas, como para que el autoabastecimiento fuera total, desde el pan hasta la movilidad y la energía eléctrica.



Tal es la concepción profunda de Mayer, que ahora, con 92 años, decidió otorgarle a Burco Adventure la operación del lugar. Sólo una empresa que concibe exactamente igual la Patagonia ?con propiedades tanto o más inaccesibles como Bahía Mala en Chile (ver LUGARES 82) o El Pedral en Punta Ninfas ( LUGARES 97)? podía entender y aceptar feliz la propuesta de Bahía Arenal. A 10 km de Chile como está, es ideal para sus programas de aventura: llegar a caballo con asado en la estancia de los Silva, navegar hasta el fondo del lago para trepar en 40 minutos al Plata Chico u organizar un trekking al valle del Blanco. Menos activos, pero igualmente provechosos, resultan el asado en Bahía Zatarain o el almuerzo en el Arenal Chico. Bahía Arenal es una manera nueva de entender la Patagonia, incluyendo lugares lejanos y exclusivos, pero sin relegar el confort y la buena cocina.



Pueblo Brondo



El de Juan Carlos Brondo era todo otro estilo, cuyas cabañas en la cabecera del mismo lago La Plata ?6 km antes del embarcadero de Bahía Arenal? se convirtieron en un clásico del lugar. Brondo llegó hace como 30 años y alquiló primero la hostería El Ciervo Rojo en la otra margen del lago Fontana ?hoy cerrada al público?, hasta que pudo construir las cabañas HuenteCo. Con el tiempo, su personalidad ganó protagonismo y empezaron a ser conocidas como Las cabañas de Brondo. Su nombre se hizo leyenda. De tal forma que la familia Verde, que adquirió el complejo hace cuatro temporadas, decidió mantenerlo, reformulándolo como Pueblo Brondo.



Enrique Verde fue uno de los primeros huéspedes de Brondo e integrante de la tradición por la cual todos ?todos los hombres? se ponían de acuerdo apenas empezaba la temporada y coincidían para reunirse allí, y de paso, crear los primeros fondos para comprar los víveres de ese año. 



El fuerte de Brondo no era la decoración y sí la camadarería que imperaba en sus dominios. De lo primero dan cuenta los buenos cambios que poco a poco están imprimiendo los Verde en las cabañas ?y que ya le dieron un look mucho más acogedor a la recepción y el restaurante? y de lo segundo, el hecho de que Brondo está presente en las historias y las fotos que Enrique conserva del fundador y amigo.



En Pueblo Brondo hay caballos, cuatriciclos, bicicletas y navegación lacustre y por su estratégica ubicación ? huente-co en mapuche designa a la unión entre los dos lagos? acaba siendo una especie de centro cívico en ese paraje de urbanidad ausente.



Entre los pocos vecinos figura Primogénito Roberts, alias el galenso, que abastece de buenos corderos a toda la región y en cuyo campo se organiza la elección de la reina de Alto Río Senguer. La celebración es parte de una fiesta que se lleva a cabo todos los años los primeros días de febrero y que consiste en dar toda la vuelta al lago Fontana en bicicleta, durante tres días. Participan cientos de personas, una muchedumbre si se tiene en cuenta que Alto Río Senguer ronda los dos mil habitantes. Es tan chico, tan chico, que cuentan que hasta hace pocos años, para armar un partido de fútbol tenían que buscar a un preso.



Numancia




En Rojas, el pueblo unos 100 km al sur de Senguer, sucede tres cuartos de lo mismo: por eso, hace unos meses, tuvieron que hacer un piquete cuando pretendieron imponerles un intendente. Sucede que esta porción de Chubut presenta su versión más radical y esteparia. Ya no hay lagos ni bosques, y las razones para seguir adelante se esconden entre los meandros del río Mayo. De repente, los caminos tuercen hacia Chile y Coyhaique cobra más importancia que cualquiera de las localidades argentinas. En esa proximidad fronteriza se levanta Aldea Beleiro, otra típica aldea cuyos motivos ontológicos estarían en crisis de no ser por la vecindad de Chile. Tanto en Rojas como en Beleiro hay combustible durante el día y no hay más que noche cuando cae el sol.



En esos 66 km entre una y otra, aparece la tranquera de Numancia, una estancia que está haciendo sus primeros pasos en las lides del turismo de la mano de Verónica Valeri de Pérez, cordobesa licenciada en marketing. La vida tiene más vueltas que el río Mayo, y ni la misma Verónica pensó que terminaría como anfitriona acompañando a su marido Marcelo ?abogado que dejó su estudio en Córdoba para ocuparse del campo familiar? y aprendiendo los secretos de la clasificación, la señalada y el servicio de las ovejas para explicárselo a los turistas.



Numancia
es una conocida estancia en términos agropecuarios. Hace 26 años que organizan un remate de hacienda el segundo domingo de febrero de cada año, al que vienen de lejos para ver. Ahora es el desafío de Verónica abrirse paso en este otro capítulo, integrándolos, puesto que ella sabe bien que no se trata de competir con los paisajes bellamente clásicos de lagos y glaciares. Aquí es campo patagónico y del más verdadero.



Con todo, los primeros pasos no pudieron salirle mejor. Estrenaron las tres habitaciones que acondicionaron en la casa principal con una familia de ocho hijos que llegó por unas vacaciones frustradas y se quedó... 18 días. Resulta que fundieron el motor con nafta adulterada en Caleta Olivia y tuvieron que esperar más de una semana a que les arreglaran la camioneta. Al final, el sitio les gustó tanto que prolongaron su estadía. Este año volverán por más. "Dijeron que quieren intentar el viaje que quedó trunco, pero ya no conciben "Patagonia sin Numancia", se entusiasma Verónica.



Por otra parte, la proximidad de Coyhaique (a escasos 50 km) es una buena perspectiva y ella ya tiene organizado un programa con Punta del Monte, estancia chilena de la familia Galilea, para ver cóndores en sus  condoreras.



La relación con Chile tiene su historia, puesto que Belisario Jara, el fundador de Coyhaique, fue el bisabuelo de Marcelo. Su abuelo, Vicente Pérez del Barrio fue quien creó la estancia en lo que por entonces se conocía como Paraje Jara. Vicente llegó en los años ?20 y bautizó con el nombre de su terruño ? Numancia, el pueblo que prefirió arder y morir antes que entregarse a los romanos? el campo que tuvo con Elba Jara. Fundó con Beleiro el primer almacén de ramos generales, Beleiro-Pérez, hoy abandonado en la calle principal de la Aldea.



Numancia tiene diez mil hectáreas y varios kilómetros del río Mayo donde practicar pesca, aprender de esquila, andar a caballo, observar flamencos en la laguna y observar el trabajo de los peones, entre otro montón de actividades posibles... Y si no, ¡pregúntele a la familia de los ocho!



Guenguel




De los pueblos de la 40, Río Mayo es el más grande. Tiene cajero Link y locutorio con internet. Que no es poca cosa. Están los bares de nombres sugestivos, como Zíngara, y los viejos hoteles ?desde el abandonado hotel La Bajada, el primero del pueblo, hasta el Viejo Covadonga, hecho a la medida de los escasos viajantes de comercio que aún llegan a estos pagos?. Si tiene tiempo y le interesa la historia, dese una vuelta por los ex almacenes Lahusen ?tradicional empresa patagónica?, que Tito Uribe compró en 1983 y mantiene intactos, cual intacta está su pasión por lo criollo.



A unos 2 km del pueblo, el casco de la estancia Don José de la familia Mazquiarán es la sede visible del Proyecto Guenguel, por el cual vienen produciendo fibras finas de guanaco y de merino australiano de menos de 18 micrones. La iniciativa de Nelson Mazquiarán llegó después del premio al Gran Campeón Merino de 1992, justo cuando la industria lanera atravesaba uno de sus peores momentos. Entonces, Nelson pensó cómo aprovechar la experiencia que él mismo tenía y que venía desde que su abuelo José llegó a Las Heras ( Santa Cruz) en 1916. "La información disponible indicaba que había un segmento de mercado para las lanas finas por debajo de los 20 micrones y un mercado diferencial para las que se conocen como fibras preciosas, las que están por debajo de las 17 micras, como la vicuña, la alpaca, el camello, el qiviuk, etc", explica Norma, la hemana de Nelson, encargada del área turística del proyecto.



"Por otra parte, en el campo siempre se decía que un guanaco consumía lo que cinco ovejas, cuando en realidad es apenas 1.3"... Por eso, cuando en los lotes de esquila de 1995 ingresaron sin querer dos guanacos, se aprovechó para esquilarlos y enviar a analizar la lana: el resultado fue de 14 micrones.



"De esa manera se dio inicio a la fase piloto del proyecto, que comenzó ?previa autorización de las autoridades correspondientes? con la captura de los primeros 32 chulengos para que pudieran ser alimentados con mamadera y criados en condiciones semiextensivas hasta llegar a la primera esquila", continúa Norma. Hoy ya llegan a más de 1.500 guanacos, distribuidos en campos que la familia tiene en Chubut y Santa Cruz. De todos ellos, algunos pueden verse en el corral junto al casco de Don José. Se dejan alimentar con sólo acercarse y llamarlos chuleeee. Los Mazquiarán ya son expertos en el tema esquila, a la que llaman desmaneada secuencial, puesto que la hacen sin atar al animal (que es sumamente dócil) y en dos tiempos, para separar la lana fina de la que puede tener cascarria. Es decir, la corta y suave, de la larga y más sucia.



Para presenciar la tarea, sólo es cuestión de contactarlos a tiempo y concertar una cita. Si no coincide con las fechas del calendario (enero, marzo, mayo y octubre), el video que Norma tiene en Río Mayo es tan interesante como la oportunidad de tocar la fibra de la lana pura de guanaco: suave, suavísima, pero mejor no pregunte su precio. Es tan alto que en el nivel de la producción comercial, está siendo mezclada con merino extra fina. Los sweaters son lo más parecido a la seda hecha lana que uno pueda encontrar, y por ese loable resultado Guenguel ha logrado exportar sus productos a varios países.



De más está decir que el asado de cordero en Don José fue sublime, matizado por los cuentos de la infancia de Norma y sus hermanos en Río Mayo y la obligada visita a los guanacos y los choiques (también criados en la estancia) para encontrarnos cara a cara ?y nunca mejor dicho? con una desconocida faceta de Chubut, que también es Patagonia.





Relato y fotos de Soledad Gil





Publicado en Revista LUGARES 104. Octubre 2004.

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