La comarca de Los Alerces

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17 de noviembre de 2009  • 00:00

Poco después de que el equipo de LUGARES visitara el Parque Nacional Los Alerces y sus alrededores, sucedieron dos ingratos acontecimientos. El primero fue el incendio que abrasó miles de hectáreas de bosques nativos, y el segundo, la erupción del volcán Chaitén que dejó un manto espeso de cenizas sobre la vida y proyectos de quienes habitan en esa región. Los vuelos fueron desviados o cancelados y en consecuencia, casi no hubo actividad turística durante el invierno.  



Luego soplaron buenos vientos y cayó la lluvia necesaria para que cielos y tierra quedaran de nuevo limpios. De a poco, cada actividad cotidiana ha vuelto a tener sentido y todos cuentan, esperanzados, con que los viajeros de aquí y del mundo también se harán presentes otra vez, atraídos por la grandeza de esos paisajes. Paisajes que recorrimos, ajenos a lo que vendría, y no queremos dejar de mostrar.    



De la ciudad a la estepa




Esquel es una ciudad con mucho empuje y en constante crecimiento; es la principal localidad cordillerana de la provincia de Chubut y un enclave fundamental en el recorrido sur de la RN 40. Vecina de Trevelin y del Parque Nacional Los Alerces, combina la belleza y la tranquilidad de los parajes naturales con una rica historia local de pioneros y aborígenes.



Lo comprobamos apenas llegamos a Canela, la casa de Verónica y Jorge Miglioli en el nuevo barrio de Villa Ayelén, donde reciben con régimen de bed & breakfast. Jorge nos recibió con la chimenea prendida y un muestrario de música galesa; fanático de la cultura del lugar, tiene varios libros, y no dudó en introducirnos en el tema de los usos y costumbres de los primeros pobladores de la región.



También supimos de la renovación de la estación de La Trochita, el tren que es símbolo de la urbe y fue nombrado Monumento Histórico Nacional en 1999. Data de 1945; posee apenas 75 centímetros de trocha (ancho de riel a riel) y sus 402 km de extensión unen Esquel (en Chubut) con Ingeniero Iacobbacci (en Río Negro). El recorrido que hace hasta la estación Nahuel Pan ?una comunidad mapuche a 20 km? demora alrededor de tres horas.



La gente de Limits Adventure nos había ofrecido un abanico de propuestas; y nos decidimos por una excursión a la meseta patagónica totalmente nueva para la revista. Salimos de Esquel por la Ruta 40 con nuestro eximio guía, Víctor, y tomamos luego la RP 12. Al camino de ripio lo estaban asfaltando hasta Gualjaina, a 120 km, y tuvimos que hacer algunos desvíos; pero hizo falta recorrer todavía 40 km más para llegar a Piedra Parada, nuestro destino final, a través un majestuoso valle donde existen aleros con pinturas rupestres, troncos petrificados y fósiles marinos.



La visión nos quitó el aliento. En medio una extensa pampa se erige solitaria la imponente piedra de origen volcánico, con 100 metros de base y 240 metros de altura.

La roca se halla justo en el centro de la que fuera la caldera de un antiguo volcán, cuya chimenea quedó tapada de piedras, y a unos cuantos metros ?cruzando el río Chubut? se encuentra la entrada del Cañadón de la Buitrera. El cañadón, un embudo de cinco kilómetros de largo formado por paredones de 40 metros, es el lugar que los tehuelches usaban para tender emboscadas a otras tribus y atacarlas desde lo alto de las paredes de piedra. Es, además, el sitio arqueológico en que se registró la ocupación humana más antigua de la zona; una excavación estableció la existencia de pueblos originarios de más de 5.100 años. Seguimos un sendero utilizado a principios del siglo XX por los pobladores que cruzaban en carros tirados por mulas, aventurándonos en cuevas y descifrando formaciones rocosas (talladas por el viento) con nombres como La Virgen, El Duende, El Rostro del Indio y El Puma.



En este sitio es posible practicar actividades como cabalgatas, pesca, trekking, escalada y rappel. Después de una intensa caminata, nos sentamos a descansar y así nos quedamos hasta tarde, simplemente disfrutando con la visión del paisaje. Volaba algo de polvo y el viento jugaba con la estela del río, no necesitábamos más.



De estirpe galesa



La ruta 259 es la que une, en apenas 25 km, Esquel con Trevelin, un pueblo que preserva rasgos de su pasado galés como aún lo muestran su arquitectura, tradiciones y gastronomía.

Nos instalamos en Casa de Piedra, el B&B de Luis y Rossana Breda, que inauguró en agosto de 2007 con seis habitaciones y una cabaña, todo hecho en piedra y madera. Ellos son de La Plata; él viajó por todo el país con el actor Julián Weich cuando éste hacía un programa que se transmitía en el exterior, y se enamoró especialmente de esta zona de Chubut. Por eso, cuando tuvo la oportunidad, dejó su trabajo de perito forense y construyó Casa de Piedra. La hostería tiene cuartos cómodos y un gran fogón que convoca a la tarde, hora perfecta para pasar revista a las actividades del día, comentarlas y compartirlas.



A Luis nada le divierte más que recomendar lugares y cosas para hacer, como visitar las cascadas Nant y Fall, a 20 km de Trevelin, a las que le "reconstruyeron las pasarelas y quedó lindísimo", o el Molino Nant Fach, una imitación de los antiguos molinos harineros de la zona.



Al día siguiente, dos Land Rover de la empresa de turismo Gales al Sur nos pasaron a buscar para llevarnos hasta el lago Baguilt. El tiempo amenazaba lluvia. Salimos por la 259 en dirección a Chile y a la altura del parador almacén Ruca Nehuen, tomamos un desvío que trepaba las montañas a través de bosques de lengas y ñires. A medida de que subíamos la ruta empeoraba, y cada vez había más barro y nieve, pero nuestros guías, excelentes pilotos ambos, disfrutaban de la aventura en 4x4.



Demoramos unas dos horas en trepar los 22 km pero finalmente llegamos. El Lago Baguilt se encuentra a apenas 10 km de Chile, en una Reserva Natural a más de mil metros sobre el nivel del mar, a los pies del cerro Cónico, el límite entre ambos países.

Encontramos allí mucha belleza agreste y un imponente glaciar que nutre las aguas del lago. Las horas se pasaron entre almuerzo y pesca, pero la niebla, la lluvia y el frío molestaban demasiado y tuvimos que acortar el tiempo de estadía para volver por el mismo camino antes de que oscureciera.



Los alerces del Parque Nacional



A 24 km de Trevelin, siguiendo la ruta 71, se encuentra el ingreso llamado Central al PN Los Alerces. Esta ruta lleva a su vez a Villa Futalaufquen. El Parque tiene en total 263 mil hectáreas de naturaleza muy especial: es un entramado inmenso de lagos, ríos, arroyos, glaciares de altura, cadenas montañosas y bosques.



La excursión más clásica, por obligada, es la que lleva hasta El Alerce Abuelo, en mapuche Lahuan, aludiendo a la longevidad de esta especie arbórea. Para proteger a los alerces fue creado el Parque Nacional en 1937, con una zona intangible que guarda numerosos ejemplares milenarios.



Llegar al mencionado abuelo implica que hay que embarcarse en una excursión lacustre y lleva todo el día: sale de Puerto Limonao, recorre el lago Futalaufquen y remonta el río Arrayanes (asombroso por su color esmeralda) hasta el lago Verde, donde se desembarca para iniciar una caminata de unos 800 metros por una senda que conduce al Puerto Chucao, sobre el lago Menéndez, y hacer trasbordo a otra lancha que lo navega hasta Puerto Sagrario; en el trayecto se observa el glaciar colgante Torrecillas. Esta es la parada final para tomar el sendero que atraviesa una densa vegetación de cañas colihue, arrayanes, radales, coihues y cipreses que crecen hasta 40 metros de altura. Aquí se presentan dos opciones de trekking: uno más largo, que lleva hasta el lago Cisne (dicen que sus aguas tienen propiedades curativas y rejuvenecedoras) y otro más corto, de apenas 800 metros. Ambos terminan en El Abuelo, un ejemplar de 57 metros de altura, 2,20 metros de diámetro? y más de 2.600 años de edad. Se lo mira y a desandar camino.



Laguna Larga, Lago Verde y Cholila Lodge



Las aguas del PN Los Alerces y alrededores son un verdadero imán para los fanáticos de la pesca con mosca, que llegan de todas partes del mundo para practicar catch & release (captura con devolución) de salmón encerrado, trucha marrón, arco iris, fontinalis y salmón del Pacífico. En temporada ?de diciembre a abril? conseguir un rincón aislado y tranquilo es casi imposible, los campings están repletos y las hosterías no dan abasto. Incluso las más top. 



Laguna Larga Lodge. El matrimonio Stewart, Andrés ?Andrew? y Gisela, atienden personalmente a sus huéspedes. La fórmula troncos de ciprés, calor de hogar y cuidada decoración es la que se impone en esta coqueta casa de cuatro habitaciones, estar, cocina abierta al comedor y un gran deck con vista a la laguna. Ubicado a 800 metros de altura, este espectacular espejo de agua es el centro de un escenario que incluye al cordón Situación y el cerro Cocinero, de 2.500 metros.



Laguna Larga
está por empezar su cuarta temporada. Andrew nos contó con orgullo acerca de la primera vez que llegó aquí; después de años de dedicarse a la industria del cuero, decidió retirarse y darle espacio a otras actividades que siempre le gustaron, como la pesca, una de sus grandes pasiones. Con Federico ?el fotógrafo? habló de moscas, cañas y peces hasta el cansancio. Yo, en cambio, me anoté a una degustación de vinos patagónicos. Después de unos cuantos cursos, la cata se convirtió para Andrew en otra pasión: en la cava del lodge tiene más de 100 etiquetas especialmente seleccionadas.



La cocina es aquí uno de los momentos más especiales, gracias al chef Paulo Senra ?que trabajó con Mariana Müller cuando Cassis estaba en Esquel, donde nació este proyecto?. El ritual comienza en el momento en que Andrew elige un vino, lo descorcha y presenta a los comensales; después Paulo se acerca a la mesa para explicar cada plato, a medida que se va sirviendo. Todo un lujo.



En los dos días que pasamos allí nos sentimos como reyes. Y si bien todo está dispuesto para atender a pescadores, quienes no lo sean tienen la posibilidad de hacer rafting, kayak, flotadas, cabalgatas y avistaje de flora y fauna en el Parque Nacional.



Lago Verde Wilderness Resort. Se detecta casi en el centro del área de pesca del Parque, frente al lago homónimo. El complejo es obra del arquitecto Fabio Staffoni, uno de sus dueños, y se destaca por la calidad espacial y el confort. Cada una de las tres cabañas originales tiene dos dormitorios, dos baños, un amplio estar con hogar a leña, frigobar y un deck privado con parrilla al aire libre. A éstas se le acaba de sumar una cuarta cabaña con dos bungalows para dos personas, ambas calefaccionadas con salamandra y baño en suite.

A pocos metros se encuentra el restaurante y casa de té Huet Huet, con una cocina gourmet para disfrutar en el salón principal de dos plantas o, en plan más romántico, en la cabaña, a la luz de las velas.



En el parque hay lugar para un camping organizado con baños, un camping agreste, proveeduría y parrillas con luz, el todo rodeado de hermosas playitas de arena con muelles para adentrarse en el profundo verde del lago.



Las márgenes del lago Futalaufquen, el río Arrayanes, el lago Verde, el río y el lago Rivadavia enmarcan el trayecto de la ruta 71 dentro del Parque, y luego es el Carrileufu el que la acompaña hacia la pintoresca localidad de Cholila, otrora guarida de los bandidos norteamericanos Butch Cassidy y Sundance Kid (ver pág.45). Para acceder a otro de los lodges destacables ?el más nuevo? hay que desviarse un poco antes de llegar a ese destino y enfilar en dirección a la orilla del magnífico lago homónimo.



Lago Cholila
Lodge. En mapuche, cholila significa valle hermoso. "Nombre más que merecido", coincidimos en cuanto llegamos. El gran lago Azul está enmarcado por la belleza de las nevadas cumbres de cerros y montañas como las Dos y Tres Picos, geografía que se aprovecha para hacer cabalgatas, trekkings y heliesquí.



A cargo de la gestión de lago Cholila Lodge está la familia Wegrzyn. Los hermanos René y Daniel heredaron el campo de su padre, y junto con un grupo de socios iniciaron el proyecto de la hostería donde reciben Daniel y su esposa, Silvia. Cinco habitaciones, un amplio living con hogar a leña y pista de aterrizaje propia, que Daniel utiliza para su Cessna del año 55, con el que recoge turistas en Bariloche.



René, por su parte, guía las salidas de pesca y es el encargado del mantenimiento general. Tienen electricidad con grupo electrógeno y baterías que se cargan con energía eólica y paneles solares.



Después de una mañana espectacular que incluyó pesca en el Carrileufu y vuelo entre montañas, llegó el asado de despedida. Se sirvió con ensaladas de la huerta propia y lo disfrutamos como el momento reclamaba, al aire libre, con la brisa del lago en la piel y a orillas de un paisaje de ensueño.



Por Lucía Jutard

Fotos de Federico Quintana



Publicado en revista LUGARES 150. Octubre 2008.

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