St. Kitts, isla de azúcar

Un inmenso jardín tropical poblado de playas de arena negra en el noreste hasta blanca en el sureste, majestuosos picos volcánicos e inmensas iglesias de piedra, rodeado por las aguas del Atlántico y del Caribe.
Connie Llompart Laigle
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10 de enero de 2017  • 17:05

Basterre, es la capital de la isla y lo primero que uno encuentra si baja de un crucero es un coqueto paseo de compras a cielo abierto. Muchas joyerías y tiendas de souvenirs con precios libres de impuestos hechizan a la mayoría de los pasajeros. Se nota en las casitas algo vetustas que por allí dejaron su marca huracanes y otros caprichos intensos de la naturaleza. El punto neurálgico de esta capital es un monumento en honor a Sir Thomas Berkeley, construido a imagen y semejanza del Picadilly Circus británico. Es que St. Kitts fue el primer asentamiento inglés en las Antillas (1623) y dejó de ser británico en 1983.

De pasado azucarero, hoy la isla se mueve gracias al turismo. La historia se sintetiza en la presencia de un único tren que, desde 1926, dejó de trasladar las cañas desde el interior hasta Basterre, para pasear turistas alrededor de la isla. El origen volcánico de St. Kitts da el toque mágico a sus playas, de brillantes arenas negras en el noreste que van aclarándose hasta llegar a ser blancas en el sureste. La isla es un inmenso jardín tropical poblado de la dulce gramínea oriunda de la Europa meridional, majestuosos picos volcánicos e inmensas iglesias de piedra, rodeado por las aguas del Atlántico y del Caribe.

SI TENÉS SÓLO UNAS HORAS PARA RECORRERLA...

  • No te pierdas la plantación azucarera más antigua de St. Kitts: Wingfield Estate. Cortinas de lianas, orquídeas, flores exóticas y un árbol de Samán -o "de la lluvia", de 350 años y anchísimos copa y tronco- resguardan las ruinas del ingenio y de la casona Romney. En su interior funciona una sede de Caribelle Batik, donde artistas locales crean prendas únicas a partir del arte indonesio del batik.
  • Quienes busquen un poco de adrenalina pueden descubrir la selva desde lo alto a través del circuito de tirolesa que ofrece Sky Safari que se contrata en el barco.
  • Seguí hasta Black Rocks, una notable formación rocosa originada por la lava que, en algún momento fluyó desde las entrañas del volcán Liamuiga, hoy extinto.
  • Sobre el mar Caribe, Friars Bay invita a disfrutar de la playa de arenas claras y del snorkel en un pequeño arrecife ideal para principiantes. Además, en esta playa se puede alimentar a los monos verdes, primates que también habitan en St. Kitts. Lo ideal es pasar la tarde aquí y almorzar en ShipWreck, un pintoresco bar famoso por sus fiestas de luna llena y su barbacoa. Decorado al mejor estilo pirata, aquí se puede probar platos locales a precios razonables y con los pies en la arena.

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