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Tucumán también tiene su ruta de la muerte

Opera como nexo comercial entre la capital y siete ciudades de la provincia; reclamo de mejoras.
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18 de enero de 2000  

SAN MIGUEL DE TUCUMAN.- La ruta nacional 38 representa la vida para gran parte de la población tucumana. Es el nexo que conecta a esta capital con siete de las principales ciudades del interior. Por ella transita un sector importante de la economía: a su vera se encuentra el parque industrial y registra un gran movimiento de camiones con acoplados, tractores, carros cañeros y todo tipo de vehículos.

Empresas como Grafa, Alpargatas y muchas textiles, ingenios azucareros, citrícolas y productores agroindustriales en general dependen de este camino.

Pero así como es símbolo de vida y prosperidad, es también sinónimo de fatalismo y dolor. La 38 es conocida con el triste apelativo de "ruta de la muerte" por la gran cantidad de accidentes mortales que registran por año.

La carretera posee un recorrido de 160 kilómetros y es considerada eje comercial del sur tucumano, al que conecta con el límite con Catamarca. La traza cruza siete ciudades importantes y una veintena de pueblos.

Pueden verse niños a caballo, vecinos que transitan en bicicleta, tractores a 20 kilómetros por hora o carros cañeros cargados con tres acoplados, sin luces ni indicaciones en regla.

Los controles son insuficientes. La policía provincial efectúa algunos, pero resultan ineficaces para evitar la cantidad de siniestros.

Las cifras de accidentes y muertes en el lugar son aterradoras. El titular en el noroeste del Comité Federal de Prevención de Accidentes, Jorge Rosich, comentó a La Nación que por la 38 ocurren unos 300 accidentes por año, a partir de los cuales mueren unas 90 personas.

En algunos tramos de la carretera circulan unos 6000 vehículos por hora, lo que acrecienta el riesgo de accidentes de tránsito. Según las estadísticas, en tiempos de zafra azucarera, en horario diurno, se producen cuatro episodios de maniobras bruscas al borde de la colisión cada seis kilómetros.

En la "ruta de la muerte", nadie tiene la certeza -por más prudente que sea- de un viaje seguro. "Es como transitar con un revólver cargado apuntando a la cabeza", graficó el médico Pedro Olalla, quien transita por ella todos los días.

"Debería ampliarse la ruta, porque no puede ser que tantos vehículos circulen por una traza tan angosta", sentenció el abogado Carlos Alcorta.

La capacidad de tránsito de esta vía, que une la capital con todo el sur provincial, está desbordada desde hace años. Se construyó hace más de medio siglo, de acuerdo con el movimiento vehicular de aquella época.

Años de propuestas

Constantemente se instala el debate sobre medidas urgentes para reducir el riesgo de accidentes. Desde hace años se propone provincializarla, o transformarla en autopista, o instalar allí casillas de peajes, o ampliar su trocha.

Ultimamente, legisladores nacionales tucumanos lograron incorporar en el presupuesto 2000 la ampliación de la ruta 38 en el tramo Famaillá-Aguilares, para lo cual se destinarían seis millones de pesos de los 40 millones necesarios para esta obra.

Sin embargo, existe un marcado escepticismo: "Son todas buenas intenciones, pero si hasta la fecha nunca se concretaron, nada hace pensar que ahora sí se harán", señaló Rosich.

El Comité Federal de Prevención de Accidentes elaboró un proyecto tendiente a prevenir accidentes al que denominó Volver. "Se llama Volver porque pensamos en que, quien transita por la 38, debe volver a su casa y no morir en el camino", precisó Rosich.

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