La copa medio llena para el brindis económico del finde año que se acerca

Con la actividad que no arranca, en la Argentina el balance de 2016 toma un tono grisáceo; en el mundo hubo avances: signos de mayor tolerancia y la mejora de algunos índices sociales
Sebastián Campanario
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11 de diciembre de 2016  

Crédito: Javier Joaquín

En 2004, tres años antes de fallecer, el filósofo y sociólogo francés Jean Baudrillard pidió, en un texto, prestar atención a las miserias de los países en vías de desarrollo, porque allí había un oráculo anticipatorio de lo que ocurriría tarde o temprano con las potencias de Occidente. Las palabras del intelectual experto en el análisis de la posmodernidad hoy parecen proféticas en la era Trump, con una grieta social intensa y un destrato a los medios, entre otros detalles, que suenan conocidos como fenómeno para la historia argentina reciente. Esta semana, la revista Slate tituló que el Saturday Night Live, uno de los programas humorísticos más famosos de la TV de Estados Unidos, "está básicamente recitando hechos de la administración Trump". Porque la realidad supera a la ficción, aun para los gags cómicos.

Con el motivo de presentar dos instalaciones en el Centro Cultural Kirchner, el legendario músico y productor Brian Eno pasó por Buenos Aires, en lo que fue su primera visita a la Argentina. Eno, al igual que Baudrillard, tuvo una intuición futurista acertada años atrás. En 2012 publicó uno de los 125 ensayos del libro ¿Qué lo va a cambiar todo?, compilado por John Brockman, el editor del medio edge.com. La mayoría de las respuestas, escritas por autores de la talla de Ian McEwan, Nassim Taleb, Steven Pinker o Ricahrd Dawkins, venía por el lado de la inteligencia artificial, la biología sintética, la física o la astronomía.

Eno, que en el pasado produjo discos de U2, Talking Heads y Coldplay, entre otros, fue por otro lado. Su respuesta a ¿Qué lo va a cambiar todo? fue "la sensación de que las cosas empeorarán". "Lo que lo cambiará todo no es un pensamiento, sino un sentimiento", arriesgó el músico y productor.

Para Eno, "el desarrollo de la humanidad hasta ahora fue motorizado por la idea de que las cosas, con una probabilidad alta, serán mejores en el futuro. El mundo era rico en relación a su población, había nuevas tierras por conquistar, nuevos pensamientos para descubrir y nuevos recursos para aprovechar. Las grandes migraciones de la historia se concretaron a partir de la proyección de que existía un mejor lugar. ¿Pero qué pasaría si este sentimiento cambia?" Si este sentimiento se impusiera, especula el compositor, la población se fragmentaría en unidades más pequeñas y egoístas (¿Brexit previsto seis años atrás?). Las grandes instituciones, que operan con proyectos a escala de décadas y largo plazo, y requieren basamentos sociales de confianza, perderían sentido. Las iniciativas a más de cinco años se abandonarían: el repago se vuelve demasiado remoto.

Esta sensación sombría es la imperante en el último trimestre a partir del triunfo de Trump, el Brexit, el avance de las derechas nacionalistas en otros países, etcétera. En la Argentina, los análisis de fin de año, con una economía que no arranca, están teñidos de un tono grisáceo. ¿Hay tan pocos motivos para brindar, desde el punto de vista económico?

En un reciente evento sobre Negocios del Futuro organizado por LA NACION, el vicepresidente del BCRA, Lucas Llach, comentaba que "hay un sesgo negativo en las especulaciones sobre el futuro de la economía global, en tanto provienen en general de países que hoy tienen crecimiento bajo -Estados Unidos y Europa- y no de las naciones emergentes que están sumando cientos de millones de habitantes a la clase media mundial, en un proceso que algunos llaman «la gran convergencia»". Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), la tasa de crecimiento de los países emergentes en 2016 fue de un robusto 4,2%. En 15 años, la proporción de la población que vive con menos de US$ 1,90 al día cayó del 37 al 10% en el mundo.

En otro evento de Innovación organizado por LA NACION, el estratega de marcas Diego Luque comentaba que tenía la sensación de que, en términos de avances científicos y tecnológicos, "en este 2016 caben varios años".

Y en efecto es así. Hoy tenemos en nuestro celular más poder computacional que el que la NASA poseía en 1969 para mandar al hombre a la luna. La India envió una nave a Marte por menos plata de lo que a Hollywood le costó filmar la película Gravity. En un año estelar, desarrollos de inteligencia artificial lograron ganarle al campeón humano de go (un hecho pronosticado para 2020), resolver problemas de matemática y biología que llevaban siglos en penumbras, y hasta vaticinar con mayor éxito que cualquier consultora "humana" el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos a partir del "tono" detectado por los sistemas de computación cognitiva en las conversaciones de millones de votantes en las redes sociales.

No es la única tecnología exponencial que parece haber entrado este año en su etapa "vertical" de crecimiento. Semanas atrás se supo que un equipo médico chino utilizó por primera vez en un ser humano una técnica revolucionaria de "edición" genética, que se conoce como Crispr, para remover células cancerígenas en un paciente enfermo y reemplazarlas por unidades sanas creadas en laboratorio. "En biología estamos viendo una dinámica más que exponencial, nos enteramos de «eventos bisagra» cada mes", remarca el economista, emprendedor y ex alumno de Singularity Leonardo Valente.

Un paneo global publicado días atrás por The Atlantic repasa razones para brindar con optimismo. En el hemisferio occidental no hay guerras ni gobiernos militares ni insurgencias mayores. El crimen a nivel mundial está cayendo y los países más pobres están mejor preparados para enfrentar catástrofes. La tasa de muertes por ciclones severos en Bangladesh, que antaño causaban centenares de miles de decesos, cayó un 98% desde que se impulsaron nuevos planes de atención pública en emergencias. Y el mundo, a pesar de una sequía severa en el Cuerno de África, termina 2016 sin una hambruna grave.

Otras "uvas dulces" para cuando den las campanadas del 31 a la medianoche: este año África se declaró libre de polio y Europa, de malaria. Desde 1960 el promedio de expectativa de vida mundial subió 20 años, y no hay signos de que este proceso se detenga. Cuando Marck Zuckerberg vaticinó este año que los chicos de hoy verán en el transcurso de sus vidas descubrimientos para curar, prevenir o tratar exitosamente el 100% de las enfermedades nadie se burló: parece un objetivo con altas chances de cumplirse.

El planeta, según la última encuesta mundial de valores, se está volviendo más tolerante. En 2016 la homosexualidad se volvió legal en Botswana, Belice, Benín, Nauru y las Seychelles. Así como hay tecnologías exponenciales, ciertas tendencias sociales y culturales parecen adoptar una dinámica igual de acelerada: la conciencia medioambiental, la agenda de género o los cambios en las formas de trabajo, entre otros casos. El vaso (o la copa de champagne) medio lleno, en un ejercicio de "reencuadre" ( reframing), el término clave, para apreciar una realidad más luminosa.

sebacampanario@gmail.com

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