Los Pericos: hace casi 30 años que son la banda del verano

En uno de sus mejores momentos, acaban de lanzar Soundamérica, trabajo discográfico que ellos mismos consideran como el mejor de su etapa post Bahiano
Sebastián Espósito
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11 de diciembre de 2016  

¿El agujero en la capa de ozono? ¿El cambio climático? Los Pericos no logran develar el enigma que provocó el extraño fenómeno que los persigue desde fines de los 80: hace casi 30 años que son la banda del verano. "Es el verano más largo de la historia", bromea Gastón "Moreira" Gonçalvez. Por las dudas, antes que llegue "su" estación ellos ya están listos para tocar las nuevas canciones.

Soundamérica es el nombre del álbum en cuestión. Es el mejor disco de su etapa post Bahiano, y los seis Pericos sentados a la mesa así lo sienten. No es el típico caso del músico que asegura que su último disco es el mejor -porque es el que busca vender-, sino la sinceridad de un grupo de amigos que pasó por experiencias gratificantes y traumáticas, y salió de todas ellas más fortalecido. Y unido.

Este es un disco hecho y pensado con total libertad. ideado, tocado y registrado al unísono por Juanchi Baleirón (voz, guitarra), Gastón Gonçalvez (bajo), Diego "Chapa" Blanco (teclados), Ariel "Topo" Raiman (batería), Marcelo Blanco (percusión) y Guillermo "Willie" Valentinis (guitarra).

Estamos en la casa de Juanchi. Mejor dicho, de Juanchi, Ana y los pequeños Catalina (8) y Santos (4). Ella, Mamá Perica, es la mánager de la banda. Y la que está en todos los detalles. "¿No bajarías el casco de la mesa?", le pide con decisión y dulzura a uno de los músicos. En menos de un segundo el casco desaparece de nuestras vistas y la mesa, negra, queda lista para recibir cafés y vasos con agua.

La sesión de fotos es muy movilizante para todos. Ese mural que ilustra la tapa de Soundamérica y que aquí está detrás de ellos, se encuentra en la casa de Horacio Avendaño. "Horace", el saxofonista perico, murió hace tres años y provocó un impacto en la banda que aún se siente, se respira y se conversa. La primera pregunta rompe el hielo, descomprime y sirve para que, mientras Juanchi toma la posta, el resto intente recomponerse del calor agobiante de la tarde porteña.

"Volvimos a componer todos juntos desde cero", dispara Baleirón. "Antes uno traía una idea de la casa y pasaba por el filtro de la banda -agrega-. Acá todo lo hicimos en grupo. Partíamos de una palabra, una melodía corta, un riff, un groovecito. Era algo que antes pasaba en las pruebas de sonido. Zapábamos cosas que no registrábamos y después no podíamos volver a hacer. Y así empezamos como ejercicio, zapando y construyendo a partir de ahí. Sin pensar en nada. Y eso es políticamente sano, porque las canciones que resultan son de todos."

De "50, 60 zapadas", como acota el Topo, surgieron las 13 canciones del disco. "Es lo mejor que sabemos hacer, música todos juntos", destaca Moreira. Pero así como hay buenas etapas y de las otras, la actual es para robarle una sonrisa a sus protagonistas, a su público y al nuevo que se sume con "Señales erróneas", "Inalcanzable", "Anónimos", "La hora 25", "Simple atracción", "Cuando golpea el viento"... canciones en las que se respira una nueva etapa, una segunda juventud.

Paradójicamente, el último disco de Los Pericos con el Bahiano se llama Desde cero. Es de 2002. Luego sacaron 7 (2005), Pura vida (2008) y Pericos & Friends (2010). En este último lograron un pequeño milagro, que sus clásicos fueran interpretados a dúo con algunos de sus ídolos. Como Toots Hibbert (Toots & The Maytals), que cantó con ellos "Amandla".

Seis años pueden no ser muchos para una banda que no para de girar entre "Toronto y Ushuaia", como dice Ana, la mánager. "No paramos de hacer giras -señala Chapa Blanco-. Fuimos a Europa, a los Estados Unidos (este año hicieron 14 shows en 21 días), a México muchas veces, a Chile. Y veníamos de un disco como Pericos & Friends que nos gustó mucho. Nos subió la vara internamente y entendíamos que el disco siguiente tenía que ser especial. Teníamos que canalizar la energía para hacerlo y por unos años eso no sucedió. Nos dispersamos por varias cosas, murió Horacio, y este año finalmente hicimos ¡plum! Se alineó todo."

" Soundamérica es un primer disco para nosotros", entiende Gonçalvez. "Tanto Pura vida como 7, de alguna manera fueron un aprendizaje. Ahora nos sentimos más seguros. Lo veo en las letras, que están mejor plantadas, son más interesantes. Es que en ese momento nos encontramos con un cambio total de composición y llevó un tiempo volver a asentarnos. Cuando hicimos el primer disco pensamos que estábamos listos. Estamos muy contentos con su resultado, pero viendo hoy a la distancia nos damos cuenta que crecimos mucho en estos últimos años."

La composición colectiva es la espina dorsal del nuevo álbum, la idea madre que decantó en canciones. "Es como cuando hicimos el primer disco ( El ritual de la banana; 1987) o Big Yuyo (1992) -dice Gonçalvez-, que nos juntábamos todos en una sala. Cuando hacés laboratorio se pierde el placer de tocar. Las canciones maduran obligatoriamente tocándolas, no en la computadora. Vos grabás un tema y quizá recién a los seis meses se vuelve interesante. Y en este disco volvimos a hacer lo que no hacíamos desde Big Yuyo, tocar en los shows muchos temas antes de grabarlos. «La hora 25» hace un año y medio que la tocamos. Le da otro rodaje a la canción. La canción sale, toma sol, va al gimnasio, y recién después está lista."

La sala de ensayo de la banda, en el barrio de Núñez, se erigió en el cuartel de operaciones. Ahí se grabaron y mezclaron todos los temas, bajo la atenta mirada de Diego Blanco. "Al trabajar con Diego en nuestro estudio, no fue que primero grabamos todas las canciones y después mezclamos. Todo el tiempo los temas iban y venían. Se grababa, se mezclaba y todo lo que se abría para escuchar era permeable de un cambio de estructura, de que se le sumara un estribillo, texturas, lo que necesitara la canción."

-Digamos que el comienzo del disco fue menotista y la etapa final más bilardista.

Baleirón: -Tal cual. Nos dimos cuenta de que el disco para existir nos tenía que gustar y satisfacer a nosotros. No estábamos, como en otros momentos, en una etapa de transición, como con el tercer disco, Rab A Dab Stail (1990), donde estábamos perdidos de rumbo. A esta altura Pericos puede tocar toda su vida con el repertorio viejo. Para que se justifique un disco nuevo nos tiene que llenar y Soundamérica lo hace.

Moreira: Pasa con cualquier grupo que es popular y tiene muchos años tocando. Vienen los Rolling, sacan un disco y por ahí tocan un solo tema nuevo en el show. También es por diversión. Nos gusta variar, dar vuelta los clásicos. Tiene mucho peso nuestra historia y, a veces, tratar de meter cosas nuevas es difícil. Porque te piden que saques un álbum nuevo, pero también que no dejes de tocar "Waitin'". Armar la lista para tocar es un desafío. Por suerte ahora le podemos dar un descanso a varios jugadores para que salgan a la cancha los nuevos.

-Este disco lo editó Sony. Ya pasaron por varias discográficas, ¿no?

Baleirón: -Por casi todas, por las que están y las que se fueron.Ahora, cuando reediten los discos que sacó EMI, van a decir Universal, porque es la discográfica que se quedó con el catálogo. Entonces, ya pasamos por Sony, por Music Brokers, por Popart, por Universal México y estuvimos toda una vida en EMI, menos los primeros dos discos que fueron de Berlín, un sello en el que estaban El Corte, Don Cornelio y la Zona, KGB...

La charla sigue, aparecen los nombres del rapero Emanero y la cantante mexicana Carla Morrison, los invitados del disco; las anécdotas de Pericos & Friends ("Junior Marvin cantó «Natural Mystic». La grabó a las cuatro de la mañana en la sala y antes de eso, para prepararse, se puso a hacer unas flexiones de brazos", recuerda Diego Blanco); de la vorágine de los días de El ritual de la banana y la sequía luego de ese impacto... Suena jugosa una banda con historia, pero mucho más cuando la respalda un muy buen presente.

Más allá del grupo

Para la banda, parte fundamental de su crecimiento es poder respirar fuera de ella. "Todos hacemos otras cosas -cuenta Juanchi-. Sirve para oxigenar." Además de producir discos, este año concretó otros proyectos que exceden sus facetas tradicionales: en la señal LN+ lo podemos ver al frente de Crónicas del rock; en la FM Nacional Rock lo podemos escuchar los viernes, a las 21, en Asado vegano, e incluso, podemos saborear su vino, el Malbecaster, que ideó con el enólogo Marcelo Pelleriti."Moreira" Gonçalvez tiene dos bandas más ("con las que tengo que cargar equipos y hacer cosas que no hago en Pericos), los hermanos Blanco son fanáticos de la navegación y el "Topo" Raiman está filmando un documental sobre el Stud Free Pub, un mítico boliche de los 80, por el que pasaron "todos": Charly García, Los Redondos, Sumo, Soda Stereo...

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