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La historia de las siete hermanas Perkins

La tradición y la realidad rigen su actividad productiva
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24 de marzo de 2001  

El campo y su actividad productiva son constantes en la vida de Rosemary, Mercedes, Margarita, María Adela, May, Inés y Cynthia Perkins Peers, las siete hijas de Carlos Edmundo Perkins y Carmen Peers. Un rápido paso por la historia familiar será un buen punto de partida para ubicar el tema de esta columna.

Mediaba 1888 cuando un joven belga -Gastón Peers- arribó al puerto de Buenos Aires. Lo impulsaba el deseo de forjarse una posición, que en su país estaba vedado a quienes no detentaban el mayorazgo. Comenzó a trabajar en un establecimiento cercano a Buenos Aires, al que debió llegar a caballo acompañando un arreo. De allí pasó a administrar una estancia de capitales belgas, ubicada en el norte de la provincia. Amante de la equitación, aprendió a domar, a enlazar, a trabajar con hacienda cerril y a vestir prendas gauchas. Ya definitivamente arraigado a lo argentino, se casó con Ernestina Costa y Oliveira César -una porteña en cuya ascendencia se mezclaban españoles, portugueses, uruguayos, argentinos y hasta indígenas brasileños-. Unica hija de este matrimonio fue Carmen Peers. La historia se completa remontándonos a 1863, año en que llegó a nuestro puerto mayor Edmundo B. Perkins.

Era lo que los ingleses denominan "gentlemen farmers" y podemos traducir como "hombre o señor de campo". Conocer la llanura bonaerense y amarla fue instantáneo. Adquirió las primeras hectáreas en Chacabuco, previo análisis del suelo, algo totalmente exótico para la época.

Casado al poco tiempo con Margarita Diharce -de familia vasco-francesa- se afincaron en el campo y continuó comprando tierras hacia el Sur y hacia el Norte, hasta completar más de 100.000 hectáreas. Cada uno de los seis hijos de Edmundo y Margarita recibieron una estancia funcionando. El mayor, Carlos Edmundo, se casó con Carmen Peers y se instalaron en El 29, establecimiento de trece mil hectáreas ubicado en Vedia, repartido a su muerte entre sus once hijos, parte de los cuales son las hermanas que protagonizan esta columna.

Son hoy siete empresarias que, solas o apoyadas en sus familiares, planifican campañas agrícolas o ganaderas y analizan con solvencia posibilidades productivas, asumiendo que son las responsables últimas de los resultados, sean buenos o malos.

Rosemary es dueña de El 29. Quienes la conocen bien afirman que su fuerte es la ganadería, como que maneja un rodeo Aberdeen-Angus, calificado como de excelencia. Durante muchos años actuó como jurado de la raza en las más importantes exposiciones ganaderas. Se dedica también a criar caballos Criollos y Tiro Argentino. Los ejemplares de esta raza los presenta personalmente en Palermo.

De Mercedes dicen que desde siempre se ocupó de La Suerte, ayudada por su marido, Carlos Ulloa. Hoy, dos de los hijos -Santiago y Santos- tienen la alternativa sin que esto signifique que su madre se desinterese de lo que pasa. A ello contribuye el vivir permanentemente en un campo, cuya actividad productiva es intensa: lechería, cría e invernada más agricultura de cosecha. Mercedes tiene una especial postura con relación a la tierra: "Más que dueños, debemos sentirnos administradores responsables del bien que recibimos y que en algún momento transmitiremos a la siguiente generación". En cuanto a los caballos, orientó su afición a los carruajes, que suele utilizar en tranquilas recorridas por La Suerte y en las clásicas "atadas".

Margarita tomó desde muy joven la responsabilidad de manejar El Carmen, establecimiento mixto en que hace agricultura y ganadería de ciclo completo. Cría caballos de las razas Arabe y Petiso Argentino (tipo Wells). Su vocación por la naturaleza se extiende a la protección de especies autóctonas, ñandues, venados, mulitas, etc. Integrante de la Fundación Vida Silvestre, canaliza en acciones concretas su vocación conservacionista.

María Adela, a quien todos llaman "Malula", es dueña de Pajonales, establecimiento dedicado a agricultura de cosecha, lechería y cría bovina.

Durante muchos años, junto con su marido, Juan Carlos Llames Massini, se ocuparon de los aspectos administrativos y productivos, tarea en la que los ha reemplazado Juan Carlos, el hijo mayor, "lo cual no significa que nos hayamos desentendido de la actividad empresarial, como que pasamos largo tiempo en el campo. "Durante muchos años se dedicó a la cría de Petiso Argentino, que en algún momento exportaron a España. Actualmente también crían Polo Argentino.

May vive permanentemente en La Providencia. Pasó en el manejo de su campo, por distintos sistemas, hasta llegar al actual, en que alquila una parte con destino a agricultura, mientras dedica el resto a la cría de caballos de raza Arabe, actividad en que es experta como que hace cuarenta años que la cumple. También es larga su experiencia en la práctica de salto -fue campeona nacional- y en carreras de caballos árabes, actividad que solamente abandonó hace un año a causa de un accidente.

Inés vive en La Promesa, de cuyo manejo se ocupa personalmente. Como todo productor que ve a diario los problemas de su campo, siente en profundidad la crítica situación del sector. Las actividades productivas las reparte entre agricultura de cosecha y cría vacuna. En los últimos años ha procurado ajustar al máximo el sistema a fin de no claudicar. Con relación a los caballos, no los cría, sino que los pinta reflejándolos en todo su esplendor.

Cynthia se ocupa personalmente de Los Corrales. Actualmente lo hace con el apoyo de un encargado, "al que le dejo instrucciones muy claras cuando debo ausentarme". Como su campo es especialmente apto para agricultura, destina un importante porcentaje a dicha actividad, en la que trata de aplicar ajustadamente la tecnología disponible. También hace ganadería de ciclo completo, con pastoreo intensivo y suplementación en la etapa de invernada. Además, es una excelente amazona que durante muchos años compitió exitosamente en torneos de salto, tanto en el país como en el extranjero. Cría caballos Silla Argentino y Pura Sangre de tipo deportivo. Seleccionarlos es algo que comparte de modo muy especial con el manejo del campo.

Hasta aquí la historia de las siete hermanas Perkins y su relación con el campo y los caballos. Han sido capaces de mantener la tierra que recibieron armando, con esfuerzo y dedicación, establecimientos medianos que resultan más o menos productivos y más o menos exitosos, según cada circunstancia. Si fue posible dividir El 29 en once partes, ya no pasa lo mismo con cada uno de los campos que manejan. La pregunta que hoy se hacen es ¿cómo será el futuro? Para respuesta, un solo dato: los nietos de Carlos Perkins y Carmen Peers son más de cincuenta. . .

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