Música de otra galaxia: David Bowie

El músico y trompetista explica por qué el creador de hunky dory y let's dance modificó el rumbo de la música y cambió nuestras vidas para siempre
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23 de diciembre de 2016  

David Bowie
David Bowie Crédito: Jimmy King/Sony Music

¿De qué hablamos cuando hablamos de artistas? Ésa es quizá la pregunta más difícil de responder. Habitualmente, escuchamos en los programas de chimentos que los entrevistados se definen terminantemente: "Yo soy un artista; él, no". ¿Cuál será esa pócima mágica que te hace emerger del resto de los mortales como un artista?

El artista rompe los moldes y modifica su entorno artístico. Escribe la historia de la disciplina a la que se aboca. Es un protagonista y un referente ineludible para los demás. Miles Davis cambió el jazz, transgredió el vértigo del bebop de los 40, le puso un freno a la velocidad y le agregó un sofisticado misterio. Ese invento se llamo cool jazz: ahora el jazz negro norteamericano seducía a los intelectuales del mundo. Después inventaría el jazz modal, el post-bop y el jazz-rock eléctrico.

David Bowie sería el Miles Davis del rock. Dotado de un timbre de voz único y de una capacidad para reinventarse, para morir y renacer en su propio arte. Su inicial alter ego, el Ziggy Stardust de "Space Oddity", invadió el planeta con su extraño carácter andrógino y un puñado de canciones elegantemente orquestadas. Pudimos volar como él y conocer otras galaxias, por primera vez. Un sinfín de vestuarios y efectos visuales abrieron una nueva puerta dentro de un rock macho y previsible.

El tema "Fame", compuesto junto con John Lennon y al guitarrista Carlos Alomar, le permitió entrar en los rankings de los Estados Unidos a mediados de los setenta. Un nuevo sonido se expandía por el mundo. Ahora, las guitarras perdían densidad y se hacían filosas y rítmicas. La gente volvía a levantarse de las comodas butacas del rock sinfónico y bailaba en los pasillos. Sus trabajos posteriores con Brian Eno lo mostraron más introspectivo y experimental, se había desintoxicado de cocaína mudándose a Berlín y una nueva historia iba a comenzar.

Quizás el primer tema de Bowie que escuche fue "Let's Dance", que sonaba en las primeras radios FM a comienzos de los ochenta; sonaba mucho, también, en la Rock and Pop, mi radio preferida. Aparecieron la versión de "Heroes", que me llevo a escuchar la original, y "Modern Love", que mostraba a Bowie como un inventor loco que metía prendas de mujer en un aparato del que posteriormente salía Tina Turner, en la publicidad de Pepsi. Así de básico era mi archivo personal de Bowie.

Poco tiempo después grabo junto con Pat Metheny la canción "This Is Not America", para la película El halcón y el hombre de las nieves, protagonizada por Sean Penn.

Lejos del jazz fusión, el proyecto Tin Machine, con potentes guitarras, irrumpió con nervio punk; ahora Bowie había formado una banda. Mientras la Argentina se recuperaba de la hiperinflación alfonsinista, nos sacudimos con la primera visita de Bowie. Desde la platea alta del Monumental, recibí el golpe de una lista de canciones contundente y llena de hits. Fue la confirmación ante mis ojos de lo que mis amigos pregonaban en nuestras charlas de bar. Después de verlo en vivo, ya no volveríamos a ser los mismos. Nos había cambiado a todos.

Digámoslo de una vez: Bowie era artista. Un verdadero genio que alcanzó las más altas cimas de la estética del siglo XX.

Personalmente, me interesé mucho por el Bowie electrónico de fines de los noventa, el de Outside, otra joya producida junto a Brian Eno, y Earthlink, donde las canciones se visten con las sonoridades frenéticas del drum and bass. Eran tiempos en que el músico acudía a la experimentación yal uso del estudio de grabación como un instrumento musical decisivo.

Blackstar es su última gran aventura sonora. Su saxo alto desafía las leyes del free jazz y su voz, fantasmagórica, se cuela como una premonición del fin.

Dos días después del lanzamiento de Blackstar, el artista iniciaba su vuelo final hacia las galaxias que lo vieron nacer.

Del editor: ¿por qué es importante? Camaleónico y genial, el creador de "Space Oddity" y "Blackstar" marcó la segunda mitad del siglo XX y dejó un legado musical y estético que perdurará por siempre

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