Gyula Kosice: artista de otro planeta y con luz propia

Quien dirigió el planetario de Buenos Aires durante más de tres décadas observa la afinidad del maestro con los astros y evoca el día en que le preguntó los secretos de la estrella Arturo
Antonio Cornejo
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23 de diciembre de 2016  

Deseo explicar cuál fue el factor que determinó que Gyula Kosice y yo nos conociéramos y, posteriormente, desarrolláramos una amistad a pesar de que nuestros intereses eran diferentes: el suyo, el arte; el mío, la astronomía.

En el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires Galileo Galilei, del que fui director entre 1967 y el año 2000, además de las exhibiciones de divulgación científica destinadas a los estudiantes y al público en general, y de otras actividades afines, se realizaban exposiciones de obras de artistas cuyo tema estaba vinculado con el universo en el que vivimos.

En el año 1979 invitamos a exponer sus obras a Gyula Kosice; de manera que fue necesario organizar el espacio para montar la exposición de sus módulos voladores y de los que mostraban agua en movimiento.

En una de las recorridas por el edificio entramos en la sala de proyecciones en la que se estaba realizando un ensayo de un tema nuevo. La contemplación del cielo estrellado es una experiencia magnífica; en el silencio en el que nos encontrábamos, me pidió que le señalase a la estrella Arturo. En ese momento no se encontraba sobre el horizonte, de manera que pedí que se hiciera girar el cielo hasta que fuera visible.

La identificamos con el puntero y le comenté que Arturo pertenecía a la constelación del Boyero, que era la estrella más brillante del cielo boreal y que se la conocía como "el guardián de la Osa", por su cercanía con la constelación de la Osa Mayor.

Gyula agradeció y continuamos la recorrida por el edificio.

Ya en las oficinas del Planetario le pregunté el motivo de su interés por la estrella Arturo. Me comentó que era el nombre que le puso a la revista sobre arte abstracto que publicó en noviembre de 1944 cuando tenía veinte años de edad. Fue el primero y único ejemplar en el que participaron un grupo de artistas que manifestaron su posición innovadora con respecto al sistema y a la escena del arte imperante. Esta publicación precedió a las obras que luego encararon.

El motivo por el que eligió esta palabra, según sus dichos, es que hojeando el diccionario enciclopédico que tenía en su casa, luego del vocablo Arte encontró, más adelante Arturo, y lo adoptó como nombre de la revista que tenía en preparación.

En el día del estudiante del año 1979 inauguramos la muestra denominada: La ciudad hidroespacial. Este nombre condice con una de las condiciones que la exobiología postula para la existencia de vida extraterrestre: la presencia de agua.

Los radioastrónomos han detectado moléculas sencillas como el agua, y también moléculas orgánicas complejas en el espacio interestelar.

La probabilidad de que existan seres, en cuerpos celestes distantes, es suficientemente alta, y el hombre se ha puesto en camino para comunicarse con ellos.

Los científicos y los técnicos envían naves al espacio, e intentan las primeras "conversaciones" con los extraterrestres. Los artistas también se han proyectado más allá de la nave madre; más allá de los límites de la protectora atmósfera terrestre y han incursionado en el hábitat espacial.

La ciudad hidroespacial creada por Kosice es una manifestación de la necesidad humana de colonizar el espacio; y tal parece el sino de la humanidad, si nos atenemos a los persistentes intentos del hombre por alterar las condiciones naturales de la Tierra.

Los ambientes tradicionales de la arquitectura terráquea son reemplazados por "propuestas de lugares para vivir", condicionados a las necesidades de sus moradores y en los cuales se trata de establecer una correlación entre el arte y la vida misma.

El hábitat creado por Kosice es precursor de las futuras colonias espaciales, que seguramente antes del fin de este siglo, serán una realidad.

Es de esperar, que tal como lo concibe este pionero del arte cinético y lumínico, modelador del agua, la luz y el movimiento; cuando nuestro planeta origine nuevos hábitat ultraterrestres, más cerca de las estrellas, se produzcan en ellos nuevas formas de convivencia, que aseguren la armonía entre sus "hidrociudadanos".

A partir de esta experiencia continuamos nuestra relación amistosa, durante la cual fui invitado en numerosas oportunidades a sus exposiciones o a su taller.

En septiembre del 2008, nos encontramos en el Planetario con motivo del bautismo de un asteroide del Sistema Solar en el que un astrónomo del Observatorio Félix Aguilar de San Juan expuso sobre las características de estos cuerpos celestes.

El cinturón de asteroides está situado entre las órbitas de Marte y Júpiter, y constituyen los restos de la materia que dio origen al Sistema Solar. Están constituidos por roca, metales y hielo, y su tamaño está entre unos pocos metros y centenares de kilómetros.

Kosice quedó muy interesado en el tema y el resultado fue una obra en la que representó a un asteroide que conocí en su taller.

Uno de sus anhelos en los últimos tiempos de su vida fue que un asteroide fuera bautizado con su nombre.

No conforme con esa primera obra, realizó un segundo asteroide al que instaló lámparas led y colocó dentro de un receptáculo transparente.

Fue una imagen inolvidable, el astro de forma esférica estaba suspendido dentro de la caja y emitía luces de diferentes colores. Le pregunté de qué forma lo sostenía en el aire; su respuesta fue: "es un secreto del artista".

Evidentemente Kosice fue un iluminado, su percepción del universo se manifestó con una luz superior a la que pueden dar los estudios astronómicos. Como algunos otros artistas, quizá nos está mostrando un mundo que todavía no conocemos, seguramente ha de ser un precursor. El tiempo lo dirá.

Del editor: ¿por qué es importante? Nacido en lo que fue Checoslovaquia, vivió y desarrolló su obra en nuestro país, donde murió en mayo último. Es un referente ineludible del arte cinético y lumínico

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