Un duelo de líderes pone en peligro a Podemos

Pablo Iglesias quiere profundizar el radicalismo; Íñigo Errejón busca seducir a la clase media
Martín Rodríguez Yebra
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15 de diciembre de 2016  

MADRID.- Amigos íntimos, compañeros de ruta, inventores del movimiento que hace dos años sacudió la política española, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón parecían diseñados para complementarse: el líder carismático y el ideólogo cerebral representaban las dos almas que dieron vida a Podemos.

Un año frenético en el que se ilusionaron con el poder y terminaron frustrados los ubicó en trincheras opuestas. En los últimos días, la tensión entre Iglesias y Errejón se convirtió en un culebrón mediático que expone al partido de los indignados al riesgo cierto de una fractura.

Se cruzan cartas y manifiestos por las redes sociales, maquinan operaciones para perjudicar a los aliados del rival, disponen purgas. El trasfondo de la disputa es definir qué será Podemos de grande. Iglesias defiende un modelo combativo, con movilización y cercano al espíritu antisistema de sus inicios; Errejón cree que el camino para gobernar pasa por seducir a las clases medias. El último episodio de la batalla explotó el lunes cuando Iglesias publicó una carta a Errejón. "Quiero un Podemos en el que tú, uno de los tipos con más talento y brillantez que he conocido, puedas trabajar a mi lado y no frente a mí", le dedicó en el párrafo más citado, mezcla de gesto afectuoso y reproche.

Días antes, Errejón había movilizado una rebelión de 300 dirigentes que acusaban a Iglesias de manejar el partido de manera autoritaria. "Queremos discutir cómo ganar un país, no retarnos entre nosotros. El futuro de Podemos es oscuro si sus dinámicas impiden que convivan diferentes modelos; la solución de las discrepancias se aleja mucho del sometimiento de uno ante otro", denunciaron los errejonistas.

A Iglesias le cayó como una patada. "No hay ningún problema, las cosas se dirimirán en una votación y que elija la gente", llegó a declarar durante el fin de semana. Aludió a lo ocurrido el mes pasado en Madrid, cuando en una interna convocada de urgencia sus aliados derrotaron a los errejonistas y los borraron del control de la filial regional.

Con su carta en internet buscó dar una imagen más humana, conciliadora, ante los análisis que pronostican una ruptura inminente.

Errejón le respondió en Facebook. Dijo: "Mi única forma de ser leal es decir la verdad incluso cuando no estemos de acuerdo". Lo llamó, por supuesto, "hermano" y "amigo".

El nuevo Podemos se alumbrará en un congreso en febrero. Iglesias -ya postulado para renovar el liderazgo- aspira a que allí se elijan las autoridades y el programa en una misma votación. Así desafía a Errejón a que acepte su proyecto para el futuro del partido o presente una candidatura alternativa. Los disidentes creen que es un golpe autoritario para borrar a los críticos. Defienden que se debata primero el rumbo y luego los cargos.

Podemos salió tercero en las elecciones de diciembre de 2015 y en las de junio pasado, con el 20% de los votos. Entre la primera y la segunda votación, Iglesias se negó a acompañar un gobierno del socialismo y, en cambio, promovió una alianza con Izquierda Unid. Errejón se oponía.

La suma no dio los resultados deseados, el conservador Mariano Rajoy terminó reinstalado en el gobierno y la sensación de fracaso agigantó la brecha en la cúpula: la radicalidad de Iglesias y la moderación de Errejón se perciben como proyectos difíciles de conciliar.

Errejón, un politólogo 33 años y cara de adolescente, es un estudioso de los movimientos populistas de América latina. De ellos aprendió que el pragmatismo es decisivo para construir un proyecto real de poder. Aunque hasta hace poco compartía esas tesis, Iglesias -de 38 años- considera que la única forma de recuperar protagonismo es desde la rebeldía. Desempolvó el rechazo a la monarquía y se alió con los sectores internos que reivindican la izquierda anticapitalista.

Los dos coinciden en que la ventana para reinventarse puede ser breve. La crisis del PSOE les deja espacio para conquistar a simpatizantes de izquierda. Pero la paulatina recuperación económica y el plan de Rajoy de abrir la mano a medidas propuestas por los socialistas puede condenar a Podemos a una amarga intrascendencia.

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