Del Potro, el gran personaje de 2016, en profundidad: "Me siento liberado, ya me puedo ir a dormir tranquilo"

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- Crédito: Martín Lucesole
Su año fue un canto a la resiliencia; dejó atrás la lesión en su muñeca y un cúmulo de angustias para volver en gran forma y conquistar definitivamente el cariño de la gente; confirmó que no jugará la primera rueda de la Davis 2017
Sebastián Torok
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31 de diciembre de 2016  • 15:55

Tarde pegajosa y sofocante de verano porteño. Juan Martín del Potro llega al Palacio Duhau con puntualidad. Paso cansino y signos de fatiga. Sube y baja pisos en ascensor; del lobby a la sala de producción montada en una habitación del lujoso hotel, de la biblioteca al tercer subsuelo. Se viste con smoking oscuro, moño y zapatos. Lo maquillan, le acomodan la camisa y el cuello del saco. Se ajusta el radiante Rolex -marca de la cual es testimonial- en la muñeca izquierda, la misma que tantas dificultades le causó y en la que no podía colocarse el reloj porque la tenía delicada tras las cirugías. Toma tragos de agua mineral. Modela para las fotos de LA NACION Revista. Saluda al personal del hotel que pasa cerca mientras él recibe la luz de los flashes. Bromea con tres amigos que lo acompañan. Y sonríe. Siempre sonríe.

Arde la noche en el Luna Park. Cantan Andrés Ciro Martínez y los Persas. Transpiran las paredes del romántico estadio de Corrientes y Bouchard. Con un traje de estilo monje y simulando ser el fantasma de la canción que suena, Del Potro camina entre soportes de micrófonos, cables y pedales de guitarras eléctricas. Se acomoda en el centro del escenario. Sin quitarse la capucha, empuña una raqueta y lanza pelotitas que el propio cantante le va pasando. Después de unos segundos de acting, divulga su identidad y el público le grita ¡Dale campeóóón! ¡Dale campeóóón! Levanta sus largos brazos, despojado de timidez. Y sonríe.

Llovizna en la Bombonera. Último partido del campeonato local. Antes del partido entre Boca y Colón, no existe nubarrón que lo intimide. Se oyen bombos. El campeón del Abierto de los Estados Unidos 2009 pisa el césped y encumbra la réplica de la Copa Davis. La hinchada xeneize lo aplaude y reconoce: "Olé, olé, olé, olé, Delpooo, Delpooo". Una vez más, sonríe.

Es factible que nunca más, salvo lógicas excepciones, se vea cabizbajo o angustiado al tenista tandilense. En ningún ámbito o escenario. Verdaderamente estuvo desorientado, en la oscuridad del fondo del mar, y con apenas un hilo de oxígeno (y mucho coraje) salió a flote. Y vaya cómo: se convirtió en la bandera del equipo nacional campeón -por primera vez en la historia de nuestro país- de la Copa Davis , logró una medalla plateada en Río de Janeiro, ganó un torneo de ATP (Estocolmo, después de 1017 días sin conquistas en el circuito), escaló más de mil puestos en el ranking y venció a seis de las mejores raquetas del mundo, entre ellos Andy Murray y Novak Djokovic , en partidos de altísima categoría. Se transformó en un tenista emocional. Sus partidos, especialmente desde su magnética actuación en los Juegos Olímpicos , generaron altos números de rating en TV. Según Google Argentina, Del Potro fue el jugador que más creció en búsquedas respecto de 2015. Generó contagio y admiración, incluso en sus propios rivales. Su caso fue inspirador y hasta utilizado en charlas motivacionales y empresariales. Fue, sin dudas, el deportista argentino de 2016.

Quizás ninguna palabra se adapte más a la historia de Del Potro que resiliencia. Hasta de difícil pronunciación, se trata de la capacidad humana para sobreponerse a adversidades severas, traumas o estados perturbadores. Esas once letras hablan de la fortaleza para dominar situaciones o estados hostiles. "Es una palabra que estuve escuchando mucho durante este último tiempo. Aprendí el significado y me sentí muy tocado con lo que eso representa, con toda mi historia, con todo lo que pasé en este último año con mi vuelta al tenis, con mi vuelta al trabajo. Esa palabra define lo que ha sido mi vida", expresa Del Potro, ya sin saco, con el cuello de la camisa un poco más desajustado.

Juan Martín Del Potro confirmó hoy que no jugará la primera ronda de la Copa Davis ante Italia, del 3 al 5 de febrero en Parque Sarmiento, y anunció al mismo tiempo que su 2017 comenzará en el ATP 250 de Delray Beach, torneo que iniciará el 20 de ese mismo mes.

-¿Cambió el enfoque y la manera de encarar tu vida luego de haber estado cerca del retiro por las cirugías de muñeca y haber conseguido volver?

-Sí. El tiempo durante el cual estuve lesionado me golpeó mucho, me hizo estar muy triste, muy perdido, muy vacío. Creo que para cualquier persona, cuando le sacan su trabajo o no puede hacer lo que le gusta, es frustrante, y a mí me tocó por una lesión. Y con esas piedras que tuve en mi camino crecí como persona, aprendí a madurar, aprendí a vivir la vida como un ser humano normal y no como un tenista. Y cuando tuve la oportunidad de volver al tenis en este año, lo hice de manera diferente: volví más grande, mucho más agradecido de todo lo que tengo y de haber hecho ese esfuerzo y no haber bajado nunca los brazos.

-¿Qué cosas a las que antes, con buena salud, le prestabas atención o te generaban preocupación y hoy, con todo lo que pasó, las asumís con más naturalidad?

-Hay varias. Yo creo que es parte de la evolución como persona también, parte del crecimiento. Me tocó desde muy chico sentir esa presión de ser la promesa, o la promesa que era realidad, o el único que le podía ganar a los cuatro fantásticos, o el que podía ganar un Grand Slam después de Vilas y Sabatini. Y aprendí a convivir con una presión linda, pero también me tocó desde muy chico, y a veces no es fácil de manejar. Pero en este último tiempo, una vez que mi carrera se transformó por mi lesión, aprendí a ver otras cosas desde lo humano. Más allá de los logros que conseguí este año, que son históricos, aprendí de mis propios errores y de las cosas que hice bien, y hoy puedo andar más tranquilo en cualquier lado y con los pies sobre la tierra, porque estoy muy seguro de cada decisión que tomé.

Durante sus tiempos de tormenta interna e incertidumbre, cuando el cuerpo y la mente le respondían con pesimismo, las casillas de mensajes privados y públicos de Del Potro se atiborraron de palabras de aliento. Hubo un saludo en particular que conmovió al ex número 4 del circuito. Fue el relato de Claudio Idio, un argentino que vive en La Paz, Bolivia, y que se gana la vida como peluquero pese a haber perdido dos dedos de la mano derecha. Era junio de 2015. Del Potro estaba en Miami esperando por un vuelo a Rochester para ingresar de nuevo en el quirófano. Y se quebró: "Mi problema de muñeca estaba en el peor momento, había perdido rápido en el torneo de Miami y un grupo de fans me armó un video con mensajes de aliento, pero había una persona en particular, que vivía en Bolivia, era un peluquero, y cuando lo vi me llegó muy adentro, al corazón. Iba en auto con un amigo, Marcos, y en un estacionamiento, en Estados Unidos, me dijo: «Frená que te quiero mostrar algo que hicieron tus fans». Yo estaba esperando el turno para ir al quirófano; cuando me avisaban que estaba todo listo, yo volaba a la clínica. Veo el video donde este señor, que había perdido varios dedos de la mano, me dice que así y todo trabajaba, que no había bajado los brazos, que no se había rendido, que tenía laburo, que era feliz y que no quería que yo me retirara tampoco. Y me puse a llorar. Me quebré. Ese mensaje fue el que finalmente me hizo ir convencido a operarme para intentar volver a jugar al tenis".

-Luego hubo un video que se viralizó muchísimo, filmado por vos mismo para el grupo de WhatsApp de tus amigos, mientras estabas en un gimnasio durante una mañana lluviosa y decías lo difícil que era hacer ese esfuerzo. ¿Cómo fue el detrás de escena? ¿Cómo te nació?

-Fue dentro de mi etapa de recuperación. Sin entrenador ni preparador físico, el amor propio tiene que ser muy grande para levantarse con lluvia, frío y viento sabiendo que tenés que ir a correr y a una cancha. A mí me costaba, me costaba mucho sinceramente. Porque al hacerlo solo era más complicado. Y ese día estaba en la cinta y salió así. La gente que me transmite mucha energía es mi entorno más íntimo: mis amigos y mi familia. Y decidí grabar ese video sabiendo que me podían tomar en serio o me podían joder por un año entero, pero fue tan sincero y a mis amigos les llegó tanto, que se viralizó, a mucha gente le llegó y después hasta me llegaban videos de gente que se sentía inspirada por mis palabras.

-No sos tan demostrativo. Sin embargo, dijiste que este año habías llorado más que nunca. ¿Te volviste más emocional?

-Sí, es verdad, y eso fue porque me puse un poco más grande, porque la lesión fue un golpe duro en mi vida y me hizo ser más hombre y madurar. Creo que cuando uno está metido en la vorágine es muy difícil frenar la pelota, pensar y analizar. Y a mí me tocó sin querer, por una lesión, tener la pelota en los pies y empezar a mirar a los costados, a ver cuál era la gente que me quería, quiénes eran los que me valoraban como persona y no tanto como tenista. Y esas cosas me hicieron un poco más sensible. La gente valoró mucho el esfuerzo que hice para jugar al tenis sin importar el ranking. Me lo demostró porque yo jugaba donde sea y me apoyaba cuando no tenía ranking, cuando apenas podía pegar el revés, y eso es lo que más valoro.

-¿Cuál fue el mejor consejo que recibiste este año?

-Un consejo que recibía casi a diario era que disfrutara. Porque la gente que me aconseja es la que más me conoce y sabe lo exigente que soy conmigo mismo, que hasta no conseguir lo que quiero no paro.

-Es parte del secreto también, ¿verdad?

-Sí, pero a veces es muy agotador y frustrante. Pero así soy yo. Entonces la gente que me conoce me decía que todo el esfuerzo ya lo había hecho durante mi época de lesionado y que era momento de disfrutar jugar al tenis, y que todo lo que venía era gratis y que tenía que estar agradecido. Esos consejos los tomaba, aunque me costara. Este pudo haber sido el año que más disfruté del tenis en toda mi carrera.

-¿Pensaste qué ibas a hacer si no podías continuar en el tenis? Rafa Nadal, por ejemplo, contó en su biografía que en 2005, por una severa lesión en el pie izquierdo, evaluó la posibilidad de seguir profesionalmente como golfista.

-Yo, por las muñecas, golfista no iba a ser [sonríe]. La verdad que se me cruzaban cosas por la cabeza. Quizás no tanto cuál iba a ser mi vida después de retirarme oficialmente, eso no lo tenía bien claro. Pero sí se me cruzaba todo el tiempo el momento de decir: Bueno, hasta acá llegué. No puedo levantarme un día más triste y llorando porque me duele la muñeca y no puedo agarrar una raqueta. Eso me pasó durante mucho tiempo y era muy duro para mí y para la gente que me veía desayunar triste. Si no había sol a la mañana, era durísimo. Entonces, varias veces estuve al borde de largar todo. Lo que pensaba mucho era la forma de decirlo y de cómo iba a tomar yo esa decisión. Mi familia y mis amigos siempre supieron todo. La última operación que me hice fue como una especie de prueba de retiro. Fue decir: Esto no lo voy a hacer o tengo fuerzas para intentarlo una vez más. Así me levantaba muchos días, muchos días, muchos días. Hasta que, con ayuda también de Richard Berger [el cirujano de la Clínica Mayo que lo operó], quedamos en intentarlo una vez más. Si salí, bien, buenísimo, y si no, lo habíamos dado todo.

Entre varios cambios que Del Potro realizó en sus rutinas se encuentra el yoga. El tenista incorporó esa disciplina. Y le da resultados óptimos. "Empecé a probar cosas nuevas, porque durante mucho tiempo hice tratamientos normales y ya conocidos para ver si mejoraba mi muñeca y mi rendimiento y no veía grandes cambios -apunta-. Este año me enfoqué más en la parte espiritual. Después empecé con la respiración y con otros tipos de ejercicios en el gimnasio, siempre cuidando de mi calendario, y pude jugar todo el año. Creo que encontré una nueva forma de entrenar que me permitió sacar lo mejor de mi carrera y no sólo recuperarme de la muñeca, sino estar sano y saber que puedo seguir compitiendo en un alto nivel. El yoga es parte de mi entrenamiento y del tratamiento de muñeca. No es sólo lo que uno imagina, de un aparato y ya. Lo fui incorporando a mi vida y ya es algo rutinario, que me hace bien, me hace sentir tranquilo".

-Se te advierte más paciente. Pero aquellos que te acompañan coinciden en que sos muy meticuloso en los entrenamientos y puntilloso con los horarios. ¿Qué relación tenés con el tiempo?

-Sí, desde muy chico mis padres me enseñaron que todo hay que hacerlo con sacrificio y esfuerzo, y creo que la puntualidad es una forma de mostrar respeto para el trabajo y para la otra persona. Me crié así. Soy muy exigente conmigo mismo, me gusta que la gente que me acompaña lo sea también, porque creo que entre todos podemos perfeccionarnos y buscar el mejor objetivo, que es que mi equipo sea mejor, que yo sea mejor tenista y que una vez que termina lo que es el ámbito tenístico ser mejores personas fuera de la cancha. Me gusta ser así. Sacando mis años de lesionado, siempre tuve buenos resultados. Me propuse cosas y por suerte las conseguí. Este año, en el que mi mayor sueño era poder agarrar la raqueta y jugar libre de dolores, terminé consiguiendo cosas soñadas y salió de los parámetros míos y de todo el mundo del tenis.

¿Cuánto más aliviado estás con la conquista de la Copa Davis? Porque en algún momento esa competencia para vos fue desgastante y traumática.

-Mucho [sonríe]. Mucho. La verdad, es una alegría muy grande, primero por la forma en la que se consiguió. Desde mi lugar, más de película no podía ser. Mis partidos, mi vuelta, los Juegos de Río, la Davis. Se dio todo como una película soñada, dramática, que después terminó con el mejor final. Después, la forma en la que el equipo se fue conociendo., se fue ensamblando perfectamente. Cada uno entendió cuál era el rol que ocupaba. Yo nunca me sentí más o menos importante que mis compañeros. Ellos sabían lo que yo podía dar, lo que podía enseñar; yo sabía lo que podía aprender de ellos también. Y cada uno ocupó el lugar que le tocaba. Y con un gran capitán [Daniel Orsanic], que bajaba línea y todos entendíamos el mensaje. Se consiguió el sueño de nosotros y de todo un país.

-Te quitaste un gran peso de encima. ¿Ya podés dormir tranquilo?

-Sí, sí. Esto lo dije en privado, porque lo siento así. Hasta un mes atrás yo veía en mi casa la copa del US Open, las medallas olímpicas, los trofeos de los torneos que gané y más, pero cuando veía las réplicas de las dos Copa Davis de subcampeón [de 2008 y 2011] me generaba algo [se toca el estómago, como si tuviera un malestar]. Y hoy, que tengo el trofeo de campeón y que la copa más grande viene a la Argentina por un año, la que nunca tuvimos, con nuestros nombres grabados, me hace ir a dormir muy tranquilo. Estoy armando una especie de museo de cosas y agrandándolo, porque ojalá Dios quiera que siga ganando cosas. Este broche es soñado y con esa copa ahora tengo todo para disfrutar del tenis y poder hacer lo que tenga ganas. No sólo estuve limitado físicamente, sino que por una cosa u otra no podía hacer todo lo que quería. Ahora estoy en una etapa de mi vida, con 28 años, en la que jugaré cuando esté preparado para hacerlo bien y voy a ir a los lugares donde me sienta bien. Interiormente ya estoy muy tranquilo.

-Sin embargo, sos una suerte de adicto al triunfo. ¿Te conformas con este regreso cinematográfico o irás por más?

-Es difícil. La verdad, primero, cuesta mucho disfrutar. En el mundo del tenis todo pasa muy rápido y cuesta. Lo que logré fue histórico y se merece el festejo correspondiente. Pero también, como soy de exigente y de profesional, y después de todo lo que luché para volver a jugar al tenis, si sigo sano, me gustaría seguir estando competitivo para decir bueno, este año les gané a los mejores cuatro o cinco del mundo, pero ahora me gustaría repetirlo y hacerlo cada vez más seguido. Yo sé que si entre la Davis y los Juegos de Río hubieran dado puntos para el ranking, mi posición actual sería otra, mucho mejor [termina la temporada como 38°]. Pero la verdad es que no cambiaría ningún ranking por todo lo que conseguí.

-En medio de tantas celebraciones, compromisos y viajes, ¿te ponés a mirar hacia atrás y a los tiempos de angustia, como para salir más impulsado? Tu video-mensaje de junio de 2015, cuando dijiste que no querías llegar a odiar al tenis, tuvo una enorme dosis de tristeza. Ver tu presente es milagroso.

-Sí. Trato de ver cosas del pasado para saber dónde estoy hoy y lo cambiante que fue mi vida en este último tiempo. Y que de las cosas malas siempre se puede aprender y que el sacrificio a la larga tiene sus resultados. En ese momento, el del video, era lo que yo sentía. Y en ese momento me costó mucho la decisión de hablar y de contarle a la gente cómo estaba. Siempre trato de tener perfil bajo, mostrar poco lo que siento, porque también es lo que me ayuda en la cancha; por ejemplo, en un partido de cinco horas con Cilic no quiero que me vea cansado pese a que por dentro estoy muerto. En ese momento del video sentí que era bueno. Y ahora siento que puedo mostrar que me río, que no me escondo en ningún lado, que soy libre, que me saco fotos con toda la gente que quiera y lo disfruto. La verdad es que estoy mucho más liberado porque el problema que tuve durante dos años con mi muñeca me mortificó. Y hoy me deja estar en paz.

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