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Todo por estar en la lista VIP de una fiesta en Punta

Las celebraciones de fin de año marcaron el tono de la temporada: vuelve la admisión y el exhibicionismo
Luis Corbacho
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7 de enero de 2017  

Tragos, música y celulares siempre preparados en la fiesta "sunset" en Casapueblo
Tragos, música y celulares siempre preparados en la fiesta "sunset" en Casapueblo Crédito: Sebastián Rodeiro

PUNTA DEL ESTE.- La casa de Sebastian Soneira en Punta Ballena está atestada de gente pero no dentro, sino en la misma puerta. Allí, con el orgullo olvidado en la Argentina o Brasil, un grupo de gente "regia" espera parada, vestida de blanco, que alguno de los dueños de casa se acerque al balcón a indicarles a los guardias de seguridad que tal puede entrar, y que tal otro deberá marcharse porque nadie lo conoce, porque llegó de casualidad, por un amigo de un amigo que le dijo que esa fiesta era la mejor celebración de Año Nuevo en Punta. Los que están dentro observan la escena desde la terraza que da a la calle con una mezcla de satisfacción por sentir que pertenecen, que los invitaron, que figuran en esa inexistente lista improvisada a dedo, y algo de pena mentirosa por aquellos que esperan "humillados" a que alguien los señale y les dé el golden ticket para entrar. La fiesta de los Soneira, que se celebra hace doce años y esta temporada redujo el número de invitados de 500 a 120, marcó el tono del Este.

Encuentros en casas de amigos, círculos cerrados, gente conocida y diversión controlada son las claves de esta temporada. Del otro lado del mapa, quedaron los encuentros masivos y cargados de excesos. Esa misma noche, la última de 2016, se celebró la fiesta de fin de año de Narbona en pleno campo: todo comenzó con una comida, coordinada espléndidamente por María José Cantón, hasta que dieron las 12 y todos brindaron y la gente normal, centrada, mayor, se retiró. Quedaron los indecisos de siempre (entre los que podría contarse a este cronista) a la espera de la famosa Fiesta Unlock.

Mientras crecía en el grupo el debate acerca de qué hacer entre las 12 y las tres de la madrugada, cuando llega la gente con toda la onda para saltar y bailar como locos hasta el amanecer, los mosquitos, la gran plaga de este verano en las fiestas del Este, devoraban sin piedad a los invitados, como si fueran su suculento banquete de Año Nuevo. Las espirales verdes, esas que se usan en cualquier casa del conurbano, porque son el arma más eficiente, se multiplicaron sobre las mesas y camastros como un guiño irónico sobre el glamour puntadelestiano. Así y todo, nada alcanzó para vencer a los zancudos, hambrientos de "sangre azul" sudamericana.

Pero la fiesta prometía y el grupo decidió esperar. Algunos compraron un agua en las improvisadas barras por la "módica" suma de 15 dólares e hicieron el intento de bailar una música que se llama Deep House o algo así, capaz de triturar los tímpanos, afectar las neuronas y destruir todo el amor y la felicidad del mundo. Salvo, claro, que uno decida entrar en viaje de éxtasis o MDA y se ponga a saltar como un alienado para "estar a la onda" y seguirle el ritmo al resto de los eufóricos que suelen abundar.

Como no era el caso de este grupo, huyeron de ahí despavoridos y decidieron probar suerte en la otra gran apuesta de la noche: la Fiesta Heineken Sensation en Manantiales, donde la actriz y reina madre de las it girls Calu Rivero estaba anunciada como DJ de la noche y la entrada -sólo la entrada- tenía un costo de 100 dólares. Allí todo mejoró, básicamente porque el mar estaba cerca y la música era disfrutable sin aditivos. Marama, Rombai, Los Bonnitos, remixes de Bandana y hits pop en inglés invitaban a bailar y divertirse entre carpas, el jardín y la playa a pocos metros. "Calu puso mash ups de hits oldies con rock y nos regaló Hey Jude para recordarnos que era Año Nuevo", contó al día siguiente su hermana Marou. En verdad, el grupo de los "indecisos" no llegó a disfrutar de aquel momento épico porque ya había partido hacia la fiesta de los Soneira. ¿Por qué irse? Porque la fiesta en Punta Ballena era para pocos, porque parece más lindo que te elijan a dedo por ser "fabuloso" y porque suena divertido arriesgarse a estar o no en el codiciado grupo de elegidos.

Fiestas en casas, los mismos boliches de siempre a precios extravagantes (un chupito en Tequila, la disco a la que todos se siguen matando por entrar, cuesta 75 dólares, mientras que una mesa en el "codiciado" VIP de este clásico de la Barra puede alcanzar los diez mil dólares la noche) y pocas fiestas de marcas a todo trapo, como solían hacerse en otros veranos, fueron la pauta de esta temporada. "Hubo más gente, pero paradójicamente las marcas no eligieron este verano para hacer grandes apuestas. Se buscó mucha amplificación con bajo presupuesto, y eso se nota", comenta Lucio Canievski, director de la agencia de comunicación OUI. Chandon realizó el jueves pasado su tradicional fiesta de blanco con la corte habitual de celebridades que posan para las fotos.

Esta supuesta menor "inversión" contrasta con el hábito cada vez más extendido entre los habitués de Punta de disfrutar los atardeceres y la naturaleza en grupo. Es decir, lo que no tiene precio: vivir lo mágico de contemplar una fantástica puesta de sol entre amigos en plan low cost. "Los sunsets este año se convirtieron en el meet point por excelencia. Volvieron los encuentros entre amigos para disfrutar la caída del sol", explica la PR Pato Dalpra, una experta conocedora del Este y sus modas. "Acá todo vale: salir con tacos y brillo mega arreglada o andar en zapatillas puede estar bien, siempre con mucho glamour. El accesorio de moda este año es el choker en el cuello de las chicas, mientras que la prenda más elegida es el top combinado con short, pantalones o pollera".

Llegar a "Uruguay" (así le dicen a Punta todos los que estudiaron el manual de estilo para parecer "bienudos"), viene de la mano de un ataque de histeria a la hora de armar una valija cargada de looks para unas vacaciones irónicamente "superrelajadas". En este punto hay que hacer una pausa: ¡lo que vemos en Instragram sobre Punta es ficticio! Muchas pseudocelebridades o con aspiraciones de tales usan conjuntos prestados por productoras de moda de dudoso gusto o viajaron a Miami y arrasaron Forever 21 pensando en el verano local o simplemente tienen la "dicha" de contar con muchísimo presupuesto, para intentar convertirse en una it girl e inundar su glamoroso Instagram con los "atardeceres de Uruguay".

Aclarado este asunto seguimos: "El blanco no falla", sentencia Vicky Ferro, otra chica de moda que creó la marca top Cibeles. "Este color en túnicas y vestidos de géneros livianos o lino es perfecto para armar looks effortless chic. Inclinarse por el total white o el total black nunca falla en Punta, sobre todo si se incluye algo de punk para seguir las tendencias actuales", dice.

Seguir la tendencia, salir compulsivamente, estar de onda, tener glamour. Punta del Este es todo eso que mal combinado y en exceso puede generarnos un ataque de pánico alrededor del 12 de enero, cuando uno ya fue a todas las fiestas, intentó acercarse a todo el mundo y posteó muy estresado toda esa "felicidad relajada" en espontáneas fotos de Instagram (el año pasado este cronista padeció su primer surmenage con ambulancia incluida, luego de una seguidilla de compromisos sociales sin fin y de un feed instagramero casi tan genial como el de la nieta de Susana).

Al margen de esta ficción, el lujo real también existe en el Este. Bagatelle, si vamos a lo top de lo top, es una experiencia preboliche, presalida, prefiesta, única en estas latitudes. En ese restaurante, donde una comida no baja de los 100 dólares por persona y puede elevarse a sumas dignas de un jeque árabe en el corazón de Abu Dabi, un séquito de cinco camareros por mesa -franceses que hacen temporada en la casa matriz de Saint Tropez y luego vienen a cumplir servicio en el verano esteño- transportan a los clientes a la Riviera francesa con bailes coreográficos al borde de las mesas, fuegos artificiales si alguien pide un champagne carísimo y disfraces de superhéroes si se anuncia un cumpleaños. Todo muy arriba, muy top, muy lujoso, muy ideal para seguir la noche en casas de amigos o intentando ingresar a toda costa en la fiesta en la "casa" de algún "amigo".

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