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Daniel Garnero: "Jamás voy a inhibir a Independiente por la deuda"

Entrevista con el entrenador de Guaraní, campeón en Paraguay
Claudio Mauri
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10 de enero de 2017  

Daniel Garnero
Daniel Garnero

Se acabaron las vacaciones de Daniel Garnero en Buenos Aires, donde retomó la vida familiar con su esposa y dos hijos (18 y 15 años). A ellos no quiere supeditarlos a que lo sigan a donde lo lleva la dirección técnica. "Viste cómo es mi profesión; a los dos meses te tenés que volver. Que me vuelvan loco a mí es una cosa, pero no quiero arrastrar a la familia", expresa Garnero, de 49 años. Ya volvió a Asunción, donde su estada como entrenador se extiende porque en cuatro meses sacó campeón de Paraguay a Guaraní después de seis años. Y ahora le espera la Copa Libertadores. Una etapa promisoria de su carrera, que no lo hace olvidar su fuerte sentimiento por Independiente.

-¿Cómo se hace para salir campeón en cuatro meses tras asumir en un campeonato que llevaba siete fechas, con un plantel que no elegiste y con un equipo que venía de dos derrotas consecutivas?

-Me ayudó el año que ya había estado en Asunción (dirigiendo a Sol de América), conocía al plantel y lo había visto jugar muy bien con (el técnico español) Cubero. También lo hizo después con Chiqui Arce. Mi intención de juego es muy similar a la de ellos dos. Yo creía que con el plantel que había se podía pelear el campeonato. Cuando asumimos, el equipo tenía más problemas anímicos que futbolísticos, estaba como desganado. Por la forma de trabajar que tenemos en el cuerpo técnico enganchamos con lo que el equipo necesitaba. Nos basamos en futbolistas de mucha experiencia y recorrido, como Julio Cáceres, Rodrigo López, Marcelo Palau, más algunos jóvenes del club, como Juan Aguilar, y el arquero Alfredo Aguilar, que terminó en un nivel espectacular. Soy un convencido de que con un buen arquero y con un goleador, como lo son el Roro López y, especialmente, Néstor Camacho (11 goles), podés pelear cualquier cosa. Crecieron los rendimientos individuales y eso mejoró lo colectivo. Los buenos resultados de arranque nos entusiasmaron y dieron confianza.

-¿Superaste tus expectativas, qué méritos te adjudicás?

-No me adjudico muchos méritos. Acertamos en algunas modificaciones, en confiar en gente que nos respondió. Creo que tuvimos una buena llegada al plantel, con una idea de juego bien definida. Pregonamos que el equipo juegue por abajo, buscamos alternativas también.

-¿Esto fue lo mejor en tu carrera de técnico?

-Lo que pasa es todo se lo relaciona con el logro. Nos pasó algo similar en San Juan. Llegamos y San Martín (B Nacional, en 2011) estaba fuera de la Promoción). Atlético Rafaela y Unión nos habían sacado como 12 puntos. Arriba de nosotros también estaban Instituto y Atlético de Tucumán. De a poquito le peleamos el ascenso directo a Unión. Fue muy meritorio aquel ascenso con San Martín (ante Gimnasia La Plata), no hay que olvidar que los empates favorecían al equipo de primera.

-¿Te hizo bien salir del fútbol argentino?

-Sí, me hizo muy bien, muy bien. Fue algo que busqué. Y eso que en general tuve buenas experiencias. Empecé a dirigir en Arsenal y en el primer partido ganamos una copa internacional (Suruga Bank). Lo último fue lo de Independiente Rivadavia de Mendoza, un grande del interior, con mucha gente en una ciudad espectacular. Pero lamentablemente tiene muchos inconvenientes; cobramos un mes y medio de los nueve que estuvimos. Se metió gente que son empresarios exitosos, pero que no entienden nada de fútbol. Nos tuvimos que ir porque a los jugadores los echaban de las casas por no poder pagar los alquileres, ni mandar a sus hijos al jardín de infantes. Al utilero no le compraban ni el jabón para lavar la ropa; el chofer del micro se quejaba porque no le pagaban. Era insoportable, había que renegar demasiado. Ahí hablé con mis colaboradores y tomé la decisión de salir del país, en alguna liga cercana para no alejarnos tanto de las familias. Y te soy sincero, en Guaraní no tengo un gran contrato. Me sirve que me cumplan y el club esté ordenado; los premios por el campeonato te ayudan a vivir allá. Con eso es suficiente.

-Jugaste casi una década en la primera de Independiente, pero como director técnico solo duraste nueve partidos en 2010. ¿Esa es una espina?

-Independiente fue lo peor de mi carrera como entrenador. Quedé en el medio de la disputa entre los hinchas, que no querían que se fuera el Tolo Gallego, y la comisión directiva, que quiso sacarlo. Aparecí yo y los resultados no se dieron de entrada. Menotti estaba de manager; desde mi punto de vista el Flaco fue utilizado para hacer un cambio (sacar a Gallego) que debería haber sido institucional. No se hizo nada de lo que se había hablado. Me fui sin cobrar prácticamente nada. Después el hincha se enoja cuando un protagonista inhibe al club. ¿Sabés qué feo es llamar y que no te den bola? Comparada no me dio bola, Cantero que sí que no. Ahora con Moyano lo mismo. Me sorprende sobre todo de esta dirigencia, que supuestamente es defensora de los derechos del trabajador. Yo no dejo de ser un trabajador. La deuda de Independiente conmigo es de cuando el dólar estaba 3,60 pesos; me quieren pagar un 30 por ciento. Yo hace 45 años que soy socio de Independiente, fui referente futbolístico de una época, pero no me creo más que nadie. Yo jamás voy a inhibir a Independiente. Para mí, la institución está por encima de todo. Sé separar a los dirigentes de lo institucional. A mí, Independiente me dio mucho y lo quiero muchísimo, aun sin ser hincha (N de la R: es de Boca). Adoro a Independiente, haría cosas que no haría por otro club. Me molesta que esté mal manejado. Si asumen un compromiso lo deben cumplir, no sólo conmigo, porque son varios los juicios que tienen.

-¿Qué te generó la salida de Milito?

-Un dolor muy grande, sobre todo porque sé lo que siente Gaby por el club. Todavía no pude hablar con él. Yo, te repito, lo peor que me pudo haber pasado deportivamente fue cuando me fui como entrenador de Independiente. Pensé en no dirigir más, fue un dolor muy, muy profundo. Con el tiempo recapacité y hoy, gracias a Dios, disfruto de lo que hago, pero me costó un montón sobrellevar aquel traspié.

-¿Esperás por una revancha en Independiente?

-Sí, me gustaría, pero en otras condiciones, siempre y cuando el club también crea que yo le puedo servir, no está en ninguna obligación de llamarme. Estoy más grande, veo otras cosas. No voy a tropezar dos veces con la misma piedra.

-¿Qué opinás de la contratación de Ariel Holan?

-Si lo eligieron, por algo debe ser. Ahora, la gente que lo eligió, ¿está capacitada para elegir a un entrenador? Ésa sería la pregunta, ¿no?

-¿Y la querés responder?

-.

-¿Qué influencias reconocés en tu forma de dirigir?

-Tuve la suerte de que mi carrera como jugador en la Argentina fue en Independiente, donde los entrenadores tenían que ser de una manera por el estilo histórico. No me tocaron técnicos que especularan, que pensaran más en su arco que en el del rival. En Independiente lo mamás desde las inferiores. Mi forma de ver el juego es ésa. Siempre pongo el ejemplo de Pablito Rotchen. Siendo zaguero central no entendía otra manera de jugar que no fuera en mitad de cancha y mano a mano contra el delantero rival. Si vas a otro lugar y proponés algo así, si no te meten preso es por poco. Independiente tiene eso de equipo grande, protagonista. Vas a perder también, lógico, pero yendo a buscar, atacando.

-Hace poco declaraste que empezaste en la dirección técnica para dar ayudar a un amigo como Burruchaga, que no pensabas dirigir. ¿Qué fue lo te atrapó para hacer una carrera?

-Sí, fue así, yo no tenía mucha idea. Jorge estaba en su segundo año en primera con Arsenal y necesitaba un técnico para la reserva. Me dijo "dale, necesito a alguien de confianza". Yo le había dicho que no varias veces. Jorge toma buen champagne y una noche me dio un par de copas y ahí me aflojó un poco. Yo no estaba haciendo nada y le dije: "Jorge, yo te soy muy sincero: no tengo mucha idea de esto, dame un tiempo. Si veo que no me gusta, que me siento incómodo, no le damos para adelante". Y bueno, la verdad que fue muy agradable estar en Arsenal, con gente con mucha predisposición. Cualquier cosa que necesitábamos, la teníamos. Armamos un selectivo que terminó siendo un orgullo para el club: Damián Pérez, Marcone, el Bicho Aguirre, Benedetto, Cuesta, Jara, Papu Gómez. Se hizo una base de juveniles con la que se salía a pelear los partidos a los equipos grandes. Hasta Julito Grondona se había entusiasmado y nos venía a ver. Yo también me entusiasmé con la profesión. Con cierto orden, trabajo y siendo claros con una idea, los chicos respondían. Sabía que con los grandes iba a ser más complicado, pero con el tiempo logré lo que me propuse.

-Fuiste un enganche clásico. ¿Considerás que es un puesto en extinción?

-Lamentablemente, cada vez quedan menos. Los sistemas de juego fueron cambiando y el puesto que más se modificó fue ese. También surgen pocos jugadores con las características de enganche. La verdad, mi estilo era de poca dinámica física, y hoy se prioriza la dinámica. Se ve hasta en las inferiores. Parece que el que no corre, no juega. Y no se analiza de la misma manera al que no piensa.

-Ahora les toca la Copa Libertadores con Guaraní. ¿Cuáles son las aspiraciones?

-La gente de Guaraní quedó muy ilusionada con la participación en 2015, cuando llegó hasta las semifinales contra River; en la rueda anterior había eliminado a Racing. Somos conscientes de que para repetir algo así hay que conseguir refuerzos importantes, y el club por ahí no está en condiciones de hacer el esfuerzo. En función de eso se van a plantear los objetivos. Entiendo a la dirigencia, que no quiere contratar a nadie e igual pelear las finales. Te ponen de ejemplo a Independiente del Valle. Se puede dar, pero también hay que saber que vamos a enfrentar a rivales brasileños, argentinos, colombianos, y chilenos que tienen planteles muchísimo más fuertes que el nuestro. Y no podemos descuidar el campeonato paraguayo, que va a estar más picante que nunca porque en los últimos años los dos más grandes (Olimpia y Cerro Porteño) no pudieron salir campeones. Va a ser un semestre agitado, con una exigencia muy alta.

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