El rol de Rusia en las elecciones de EE.UU. enturbia la transición

Hasta los más altos cargos designados por Trump afirman que es un "auténtico peligro" acercarse a Moscú
Silvia Pisani
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13 de enero de 2017  

WASHINGTON.- Es la cuenta regresiva más tensa de la historia. Dentro de siete días, un republicano atípico, Donald Trump, se convertirá en presidente de Estados Unidos con mucho del proceso electoral en revisión y una duda creciente: ¿qué más, de todo lo sospechado, se sabrá cuando jure el próximo viernes como nuevo líder?

El mar de fondo electoral signa como pocas veces una asunción con datos que proyectan inquietantes sombras de sospecha.

Entre ellas, y una vez más, la duda sobre hasta dónde llegó la intervención rusa en los sistemas informáticos de este país durante las elecciones. Hasta los nominados por Trump para puestos clave en seguridad ayer admitieron su inquietud al respecto.

Del otro lado, vuelven las sospechas sobre el papel del FBI en el llamado "mailgate", el escándalo de los correos electrónicos que, con una sorpresiva y confusa reapertura a último momento, castigó a la derrotada candidata demócrata Hillary Clinton.

Ayer, en una nueva vuelta de tuerca sobre ese espinoso asunto, el Departamento de Justicia confirmó una investigación para determinar si el director del FBI, James Comey, actuó correctamente cuando anunció la reapertura del caso contra Hillary diez días antes de los comicios.

Fue un giro lapidario para la entonces candidata, que, sin embargo, luego el propio Comey minimizó. Pero eso ocurrió cuando el daño ya estaba hecho.

"Pocas veces hemos visto tantas desprolijidades juntas", dijo ayer a la cadena NBC James Colley, uno de sus analistas estrella en materia judicial.

En una catarata de sorpresas, la controversia parece haberse instalado previo al cambio presidencial del viernes.

El propio Trump llegará a la Casa Blanca enzarzado en una dura interna con los servicios de inteligencia norteamericanos por la difusión del informe que asegura que "los rusos" poseen información "personal y financiera" sensible sobre el presidente electo con la que podrían "extorsionarlo".

En medio, y lejos de las loas que Trump suele dedicar al presidente ruso Vladimir Putin y a su gobierno, dos hombres clave que el magnate eligió para su futuro gabinete se distanciaron de esa visión.

El general retirado James Mattis, nominado para secretario de Defensa, y el ex diputado Mike Pompeo, postulado como director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), no sólo dijeron que consideraban a Rusia como "un auténtico peligro", sino que intervino en el proceso electoral. "Está bastante claro" que hubo una decisión del Kremlin de "tener impacto" en los comicios del pasado 8 de noviembre, por los que Trump llegó a la presidencia.

"Ésta fue una acción agresiva, tomada por los líderes de Rusia", añadió el futuro jefe de la central de investigaciones. "Es algo muy real", insistió.

Senador activo

Una vez más, uno de los senadores más activos en el interrogatorio fue el republicano por Florida Marco Rubio. El ex candidato presidencial no escatimó esfuerzos para intentar determinar qué información poseía Pompeo sobre el real impacto de ese ataque.

En todo caso, las precisiones de Pompeo llegaron apenas horas después de que, en su primera conferencia de prensa como presidente electo, el propio Trump admitió la existencia de esas maniobras para favorecerlo.

"Creo que fue Rusia", dijo Trump cuando un periodista le preguntó si, tal como afirman las agencias de inteligencia de Estados Unidos, Putin ordenó el ataque que derivó en la publicación de miles de correos electrónicos de los demócratas que perjudicaron a Hillary.

Esa admisión fue todo un giro en Trump, que, durante semanas y pese a la creciente evidencia, se había negado a reconocerlo. Anteayer no le quedó otro camino y, si bien él mismo intentó minimizar el impacto de esa admisión, sus futuros colaboradores fueron mucho más lejos.

"Creo que Rusia es un auténtico peligro", apostilló después Mattis.

El ex oficial insistió en que le había explicado sus puntos de vista a Trump y que éstos incluían la percepción de que Moscú "intenta quebrar" la alianza de Estados Unidos con países europeos.

Así, el futuro presidente se quedó poco menos que solo en su defensa a ultranza de Putin. Algo que empieza a generar más de un interrogante.

Sugestiva la visita de Pen

Casi como si fuera una turista más, Marine Le Pen, líder ultraderechista y candidata a la presidencia de Francia, se mostró en público y a la vista de todos ayer en el café de la Trump Tower, el nuevo epicentro del poder político de Estados Unidos.

Le Pen se dejó fotografiar, ayer por la mañana, sentada a una de las mesas del café que se encuentra en el subsuelo al fondo del vestíbulo. Varios pisos arriba, el presidente electo, Donald Trump, continuaba en su oficina con los preparativos para su aterrizaje en Washington junto con su equipo de transición.

Pero esa cercanía física no redundó en un encuentro entre los dos líderes políticos, y tampoco entre la francesa y alguno de los miembros del equipo de transición, según indicó el vocero de Trump, Sean Spicer.

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