Cecilia Dopazo: "Creo que tener novios famosos fue un modo de protegerme"

Sobre trabajar con Muscari. « Me parece que él elige y después saca lo mejor que tiene la actriz.»
Sobre trabajar con Muscari. « Me parece que él elige y después saca lo mejor que tiene la actriz.» Crédito: Gerardo Viercovich
En una entrevista con LA NACION, la actriz habló sobre su decisión de dejar la actuación para cuidar a sus hijos, su regreso al escenario, cómo conoció a su pareja, Juan Taratuto, y por qué no se casó
Fernanda Iglesias
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30 de enero de 2017  • 00:51

Cecilia Dopazo es una cheta de Zona Norte en Falladas, la obra de José María Muscari que se puede ver en el Multiteatro. Es como si su Julieta de Clave de Sol hubiera crecido y estuviéramos viendo su vida adulta, casada, con hijos y aburrida por tenerlo todo. Cecilia, preciosa a sus 47, es bien distinta. Hace dieciocho años que está en pareja con el director de cine Juan Taratuto, tiene dos hijos adolescentes y transmite la felicidad y la satisfacción de quien fue lo que quiso ser: una estrella teen, una madre dedicada y -ahora- una actriz madura que disfruta de todo.

-¿Cómo se armó Falladas?

-Muscari nos dio la obra y sobre eso empezamos a trabajar. Nos subió al escenario, sin ningún preludio y ningún tipo de análisis de texto porque ese no es el estilo de Muscari. Yo lo conocía bien porque había trabajado con él en Ocho Mujeres. El necesita tener la puesta antes que nada, que la obra esté parada, que no lo interrumpas porque tiene todo en la cabeza. Y dentro de lo posible, que vayas con la letra sabida. Después, si vos sos el tipo de actriz que tiene ganas de analizar cómo es el personaje, qué historia tiene o lo que quieras profundizar, lo hacés después, en tu intimidad. Si no, es simplemente una coreografía.

-Pero este es un elenco que trabaja de otra forma, ¿cómo se adaptaron?

-Se dio un lindo mix porque es cierto que las actrices con las que trabajo son buenísimas y han rellenado ese esqueleto de una manera muy inteligente. Nos hemos dado una gran mano entre todas para encontrarle el rellenito interesante y para pensar las cosas de la mejor manera.

-¿Sin Muscari?

-Vos no podés llevarle una propuesta intelectualizada a Muscari porque él te dice “mostrámelo”. Entonces no le decís nada: llegás y lo hacés y él se copa.

-¿No hay nada de la vida real de cada actriz en la obra?

-No, para nada.

-¿A vos por qué te dio este personaje?

- Habrá visto que yo estaba bien casteada para el papel. Me parece que Muscari elige y después saca lo mejor que tiene la actriz. No se pelea con el tono de voz, con la manera que tiene que decir determinadas cosas... Lo usa a favor. Eso me parece muy inteligente de su parte.

-¿Te sentiste cómoda en ese rol de “cheta”?

-Los actores tenemos ciertos prototipos y naturalezas de los que es muy difícil escapar y ya también con cierta madurez, no querés escapar. Querés sacar lo mejor de vos.

-¿No luchaste contra eso?

-Cuando era pendeja y empecé como actriz, sí. Decía, por ejemplo, “quiero ser una mapuche”. Bueno, era una boluda. Yo pensaba que el instrumento tenía que dar para todo... ¡Y no es así! Te cavás una fosa si hacés eso, te limitás demasiado, mejor aprovechar lo que tenés. Pero, bueno, eso viene con la madurez.

-¿Qué te aporta este personaje?

-La posibilidad de habitar el terreno del humor. A mí me fascina sacar el histrionismo en el escenario y tengo una vuelta del público, de mis compañeras y de Muscari que es muy linda. Es el lugar donde más cómoda me siento.

-Nunca estuviste muy ligada al humor.

-He tenido casi únicamente oportunidades para hacer drama. Yo quería mucho hacer humor y se me dio en Mi cuñado, pero después muy pocas veces. Por eso ahora estoy agradecida.

-En muchas entrevistas contaste que tuviste que bajarte del éxito, dejar de trabajar... Ahora volviste hace unos años, ¿cómo te sentís?

-Muy, muy, muy equilibrada.

-¿Cómo fue la vuelta?

-Estaba de viaje y cuando llegué a Buenos Aires le dije a mi representante que quería hacer algo. Justo se bajó una actriz de la obra Ocho mujeres y entré yo. Tres días después. Tuve mucha suerte. Y a partir de ahí seguí haciendo cosas.

-¿Te arrepentiste de haberte bajado de la cresta de la ola?

-Tenía esa incertidumbre de qué iba a pasar si quería volver, pero conseguí trabajo enseguida. Tengo un Dios aparte.

Sobre su pareja, Juan Taratuto. «Nos dimos oportunidades juntos, nos ayudamos mutuamente».
Sobre su pareja, Juan Taratuto. «Nos dimos oportunidades juntos, nos ayudamos mutuamente». Crédito: Gerardo Viercovich

-¿No llegaste a cuestionarte la decisión de apartarte para dedicarte a la maternidad?

-No, porque la libido se me fue yendo para ese lado. Fue todo muy genuino, me tiraba la casa y se jugó mucho mi historia personal. Cuando yo era chica, mi vieja y mi viejo tenían que trabajar y la situación era siempre muy parecida: “¿Cómo te llamás? Zulema. Te vas a quedar con Zulema...” Y sufrí mucho eso. No es un reproche para nada, era la realidad que nos tocaba, pero yo, pudiendo hacer lo contrario y estar presente en la vida de los chicos, lo hice como una manera de reparar eso que había sufrido.

-¿Cómo conociste a tu marido?

-Los dos éramos amigos de Iván Entel, un director de cine. Yo hice un cortometraje con mi amigo y él era asistente de dirección... También nos fuimos a Los Angeles a hacer una película, dirigida por Iván, y Juan también fue.

-¿Ahí se enamoraron?

-No. En ese momento cada uno estaba en su historia. Pero en esa película mi hermano fue meritorio y parece que le resultó muy bien a Juan, que era asistente de dirección. Entonces para una siguiente película, lo llamó para trabajar. Filmaron enfrente de mi casa. Yo ya había cortado con mi novio y él había cortado con su novia. Entonces le dije a mi hermano “¿por qué no te venís con Juan a cenar a casa cuando terminen?”.

-¿Ya te gustaba?

-Pensaba que podía ser un tipo interesante... Entonces vino y discutimos un montón, pero fue una discusión con contenido, con ideología detrás. Yo no coincidía en nada con él, pero me gustó cómo pensaba y parece que del otro lado pasó lo mismo. Así que a los pocos días me llamó para ver si quería escribir con él la película No sos vos, soy yo.

-¿Se sienten cómodos trabajando juntos?

-Sí, tenemos gustos muy similares, pero la verdad es que no hemos trabajado mucho juntos. Hicimos No sos vos, soy yo que fue un proyecto muy groso porque hasta hipotecamos la casa para eso.

-¿Ya tenían una casa juntos?

-Era mi casa, yo hipotequé mi casa para filmar.

-¡Le tenías mucho amor!

-Mucho amor y mucha fe. Yo ví que tenía mucho talento y a su vez, él me dio mucha confianza con respecto a la escritura. Nos dimos oportunidades juntos, nos ayudamos mutuamente, pero después, salvo un pequeño personaje en Papeles en el viento, no hicimos nada juntos.

-¿Cómo es en la intimidad? ¿No le decís “ay, quiero ese personaje mi amor...”?

-Nooo, ¡ni en pedo! Yo creo que el casting tiene que estar hecho según lo que requiere el personaje. Me parece que está bueno que él tenga esa libertad.

-¿Tu marido nunca llamó a alguno de tus ex novios actores para trabajar?

-Una vez lo llamó a Leo Sbaraglia, pero por una cuestión de tiempos, no se concretó el trabajo. Así que no sé qué pasaría. Podría tener celos, pero no lo sé porque nunca pasó. Igual ya caducó, ¡fue hace tantos años!

-Pero fueron parejas soñadas: Sbaraglia en Clave de Sol y Fernán Mirás en Tanguito...

-Y sí, viví la experiencia. Después del trabajo, probé un poco afuera y bueno, no funcionó.

«Creo que tener novios famosos inconscientemente fue un modo de protegerme: necesitaba a alguien que estuviera en la misma sintonía»
«Creo que tener novios famosos inconscientemente fue un modo de protegerme: necesitaba a alguien que estuviera en la misma sintonía» Crédito: Gerardo Viercovich

-¿Por qué no se casaron con Juan?

-Porque no nos poníamos de acuerdo en el tipo de fiesta que queríamos. El quería una quinta con choripanes y yo quería algo más íntimo a la noche y no se dio. Creo que tampoco lo deseábamos tanto. Yo, como actriz, ¡ya me había casado tantas veces! Me puse vestidos blancos, he llamado tanto la atención, he sido foco en tantas cosas por mi profesión, por cómo me fue eso no me interesaba. Sí me gustaba la idea de hacer un ritual, pero no se hizo y en lugar de eso, decidimos irnos a Europa. Volví embarazada de mi primer hijo y entonces no hizo falta, ya éramos familia.

-¿Cómo saliste de ese lugar de tanta atención? ¿Cómo lo resolviste internamente?

-Como pude, porque es un lugar muy solitario. En ese momento, me ayudaron mucho mis amigas... Pero es difícil. Creo que tener novios famosos inconscientemente fue un modo de protegerme: necesitaba a alguien que estuviera en la misma sintonía.

-¿Te gustaría participar en "Bailando por un sueño"? Los productores de Falladas son el Chato Prada y Federico Hoppe...

-Ah, sí, ¡estamos a un paso! Pero no, no me gustaría. Es una exposición espantosa. A mí me gustan los trabajos por el contenido, la continuidad... No se me juega el ego ni quiero subir el perfil por subir el perfil. Ya no me interesa eso.

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