El submundo de Stravaganza y su complejo rompecabezas artístico

Una mirada al armado de esta compleja propuesta de la saga de Flavio Mendoza, ahora protagonizada por Nacha Guevara, Eleonora Cassano, Felipe Colombo
Julieta Rovaletti
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29 de enero de 2017  

Nacha Guevara y Eleonora Cassano
Nacha Guevara y Eleonora Cassano Crédito: Patricio Pidal/AFV

Armar un rompecabezas suele ser difícil, ya el mismo nombre lo dice todo. Te "rompe la cabeza" el sólo hecho de pensar cómo encajar todas esas piezas desparramadas y lograr la armonía de la imagen final completa. Es claro que jugar con figuritas de cartón es mucho más fácil que intentar armar un rompecabezas con disciplinas artísticas y personas de carne y hueso. Sin embargo -muy a lo Harry Potter y su ajedrez mágico de tamaño real- , Flavio Mendoza logra encajar cada pieza de Stravaganza tango a la perfección, intentando que esta conjunción de géneros artísticos logre la belleza final que busca desde el primer minuto.

Tres horas antes de la función, el silencio inunda la sala del teatro Broadway. El escenario está vacío, pero se escuchan voces en bambalinas. El equipo técnico se prepara para hacer el seteo previo y dejar todo listo para la función. Las luces bailan, se prenden y se apagan, al igual que la música. El techo no sólo está lleno de tachos de luz, sino que los arneses cuelgan de cada rincón. De repente, se ve a Mariela Anchipi (más conocida como "La Chipi") calentando y estirando las piernas en el costado izquierdo del escenario, a lo que se le suman algunos bailarines. Empieza a sentirse el movimiento y adrenalina previa. Mientras los técnicos prueban la pantalla LED de 50 metros cuadrados, Nacha Guevara controla que el arnés que utiliza esté en su lugar y funcione correctamente. Eleonora Cassano se suma con sus zapatillas de punta y deleita a los presentes al pararse en ellas aunque sea jugando mientras se pone al día con Nacha. Uno de los productores da la hora como llamado de atención. La charla queda para después y cada uno se dirige a sus respectivos camarines. El show previo está por comenzar.

Recorrer los pasillos del teatro antes de una función es como ver una obra paralela a la que va a empezar en unos minutos. Los camarines de las mujeres están repletos de maquillaje y percheros con el vestuario; en cambio, Felipe Colombo , al tener un solo cambio de ropa, tiene su camarín como rincón de relax. Con almohadones de The Beatles, semillitas de girasol para comer y un poco de música, Felipe se prepara para ponerse en la piel de Virgilio, un joven poeta que busca inspirarse para escribir la letra de su primer tango.

"Para crear este personaje armé una dramaturgia interna que me sirve para poder tener imágenes de donde agarrarme. Nacha me dio un cuestionario que se le hace al personaje para conocerlo un poco más. Tuve que contestar las preguntas como Virgilio y eso fue muy divertido, lo fui buscando y así lo fui conociendo", cuenta Felipe.

Esta vez, Nacha tiene pocos cambios de ropa y eso la hace muy feliz, después de cambiarse 14 veces sólo en la obertura de Las mil y una Nachas. "Tengo sólo 4 vestuarios, pero como me acostumbré a cambiarme muy rápido, ahora que tengo casi 5 minutos entre escena y escena para mí es una eternidad", dice entre risas la actriz, que en esta ocasión interpreta a la Musa inspiradora de Virgilio. Para ella el camarín es un refugio, donde necesita relajarse, respirar y concentrarse. Siempre llega horas antes de la función para hacer su "ritual" previo. "Me gusta estar sola en mi camarín, tranquila, poner música y cantar algo", finaliza.

Eleonora Cassano prueba el arnés y practica los vuelos
Eleonora Cassano prueba el arnés y practica los vuelos Crédito: Patricio Pidal/AFV

Dirigir a Eleonora Casano seguramente pone nervioso a cualquier coreógrafo por más bueno que sea. Sin embargo, ella confiesa que no le cuesta ser dirigida, pero que usualmente se involucra mucho en las coreografías y la gente que está en frente también le permite eso. En Stravaganza, más de uno se sorprenderá al verla tanto tiempo arriba del escenario y haciendo cosas tan distintas de las que tiene acostumbrado al público. A la hora de los cambios de vestuario, ella es una de las más complicadas. "Tengo 7 cuadros, y los cambios son rapidísimos. El del final es increíblemente rápido, son segundos, porque termino de bailar con la malla mojada y tengo que subir corriendo 5 pisos por la escalera a toda velocidad porque sino no llego. Me saco la peluca y la maya en un pasillo de arriba; me pongo el vestido, los zapatos, me paso la mano por el pelo como para peinarme un poco y me cuelgo en el aro para el saludo final. Es el peor cambio que tengo", afirma riéndose.

Mientras Gisela Bernal termina su delineado perfecto, en su perchero se pueden ver los 6 cambios de ropa que tiene para sus cuadros de danza y acrobacia, de los cuales la mayoría son en el aire. "No le tengo miedo pero sí respeto. Estoy muy concentrada y con todos los sentidos atentos a ese momento porque es un elemento traidor, todo lo que tiene que ver con el aire no depende 100% de uno. Igual hay que tener un granito de locura para hacer eso", confiesa la bailarina, que tiene muy poco tiempo para cambiarse entre cuadro y cuadro, sobre todo para el saludo final.

En un rincón del camarín de La Chipi hay una foto de Daddy Brieva, su esposo, junto a sus dos hijos, al lado de un enorme ramo de flores. Mientras terminan de maquillarla y peinarla, la bailarina confiesa que le encanta que la dirijan. "Al haber estado al frente, respeto mucho ese lugar porque me di cuenta que como lo ve la persona que está afuera, yo no lo puedo sentir nunca en el cuerpo; entonces me encanta que me dirijan porque siento un apoyo incondicional. La dirección es eso, es alguien que va a dar lo mejor de sí para que vos te veas lo mejor posible. También eso formó parte de mi aprendizaje porque estuve mucho tiempo del otro lado, entonces ya pasé por todo eso, y ahora me siento muy contenida estando de este lado de bailarina", explica.

Una tarea difícil

No es teatro, ni musical, ni circo, ni ballet ni acrobacia; en realidad es todo eso junto. Stravaganza, ya desde hace unos años en sus diferentes versiones, es un sello personal de Flavio Mendoza. Los grandes despliegues que cubren todo el teatro y que genera ansiedad en el público al no saber para dónde mirar, es algo que al coreógrafo y director le gusta y sabe que funciona. El vestuario imponente, las grandes figuras encabezando el espectáculo, buena música y, sobre todo, el riesgo de la acrobacia y el vuelo, son fórmulas de éxito que Stravaganza utiliza como marca de calidad.

Para el elenco definir esta obra es una pregunta complicada. Sin embargo, todos coinciden en que es la unión de muchos géneros en un solo escenario. "Es un espectáculo indefinible porque no es comedia, no es tragedia, no es revista, no es circo, pero tiene algo de todos. El arte de Stravaganza es cómo mezclar tantas disciplinas diferentes sin crear pánico en el público. Es cómo armar ese rompecabezas y que se forme una figura armoniosa, pero cuando lo ves armado da una gran satisfacción tanto para nosotros como para el público", dice Nacha. Para Eleonora es "una marca totalmente personal de Flavio, que inventó esta nueva especie de teatro, circo, danza, agua, todo en un solo espectáculo. Uno dice Stravaganza y sabe que vas a ver un espectáculo totalmente diferente". Por su parte, Felipe lo define como "un show multidisciplinario, en el cual vas a encontrar una obra de teatro intimista que después se despliega a lo grande". Gisela la define como una obra exquisita en todos los sentidos y La Chipi dice que "es Flavio Mendoza, la obra es como un hijo de él porque lleva su impronta, sus ganas y su magia".

Difícil definir con palabras lo que se debe vivir en carne propia para poder comprender lo que hablan estos 5 artistas. Tal como dice Nacha, "el público es el gran maestro. El público completa este círculo" de esta obra con 30 artistas en escena, más las 30 personas detrás del escenario, pieza fundamental en este espectáculo. Dirigidos por Mendoza, codirección de Maxi Vecco, con coreografías de Sandra Bootz y Gabriel Ortega, dirección musical de Federico Vilas y dirección técnica de Ariel Del Mastro, Stravaganzatango, Sin reglas para el amor es un show que marca la diferencia.

Stravaganza tango, sin reglas para el amor

Dirigida por Flavio Mendoza

Jueves a sábados, a las 21.30;

y domingos, a las 21

Broadway, Corrientes 1155

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