Proteccionismo: FMI versus Donald Trump

El organismo fijó su posición en un informe en el que subrayó los beneficios de la globalización
Luis Palma Cané
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2 de febrero de 2017  • 12:07

El FMI actualizó recientemente sus "Perspectivas de la economía mundial". En relación al PBI global, la entidad estima para 2016 un crecimiento del 3,1%, previendo mejoras para el 2017 (3,4%) y el 2018 (3,8%).

Respecto a los riesgos de sus estimaciones, el organismo sostiene que la mayor probabilidad es hacia la "baja" debido, entre otros factores, al alto grado de incertidumbre generada por la geopolítica a nivel global (terrorismo, inmigración) y por las nuevas políticas a ser implementadas -tanto en materia monetaria, como fiscal y comercial- por parte de la administración del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

El FMI fijó claramente su posición anti proteccionista

Asimismo, el Fondo aclara que en sus proyecciones del país del norte sólo contempla un aumento de las políticas fiscales expansivas (incremento del gasto público, reducción de impuestos) y una suba gradual de tasa de la Reserva Federal de los Estados Unidos( FED, por sus siglas en inglés).

Por su parte, respecto al proteccionismo prometido en campaña por Trump, guarda una actitud de espera en virtud del desconocimiento existente a la fecha respecto de cuáles y de qué profundidad serán las medidas comprometidas: suba de aranceles de importación, especialmente de bienes y servicios provenientes de China, México y de aquellas compañías internacionales que no se radiquen en territorio americano; retiro del Acuerdo Transpacífico, acordado por EE.UU. y once países de dicha área; readecuamiento del Nafta , tratado con México y Canadá con más de 20 años de vigencia y cese de las negociaciones para un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, entre otras.

Sin embargo, en términos conceptuales, el informe fija claramente la posición anti proteccionista de la entidad. En efecto, afirma que los sucesos políticos recientes (Brexit, referéndum en Italia, elecciones en los Estados Unidos, exacerbación de los partidos políticos nacionalistas y populistas en Europa) han puesto en tela de juicio los "beneficios de la integración económica transfronteriza" (leáse globalización) y su correlato del libre cambio.

Asimismo, agrega que las presiones proteccionistas que se derivarían de la anterior posición generarían represalias comerciales, restricciones al comercio mundial, daños a la productividad y bruscos movimientos del tipo de cambio que-sin duda- afectarían negativamente el nivel de actividad global y el ánimo de los mercados. Más aún, sostiene que en vista de la fragilidad del crecimiento global sería necesario hacer exactamente lo contrario. Es decir, "seguir realizando esfuerzos multilaterales (globalización) para minimizar los riegos de inestabilidad financiera y fomentar una mejora de los niveles de vida a nivel internacional". Más claro, imposible.

No todo termina allí. En efecto, para reforzar la posición de la entidad a favor la globalización, en conferencia de prensa el economista jefe del FMI, Maurice Obstfeld, alertó contra los "efectos negativos de las medidas proteccionistas y sus eventuales represalias comerciales y devaluaciones del resto del mundo". Por último, y para que no quedaran dudas, afirmó: "Confió en que las autoridades que propician el proteccionismo finalmente se den cuenta que este tipo de medidas serán perjudiciales para sus propias economías"

En síntesis. es claro que en el mundo ha comenzado un movimiento de proteccionismo populista, auspiciado por partidos políticos de extrema derecha, nacionalistas y anti sistema -lamentablemente acompañados, a partir de ahora, por el presidente Trump- los cuales sostienen que la globalización no ha derramado en forma uniforme sus beneficios, generando mayor desigualdad e inequidad económica; tanto a nivel global como en cada uno de los países involucrados.

Más allá de que esta posición tiene algunos visos de realidad, lo cierto es que la solución no es eliminar la globalización y reflotar un arcaico proteccionismo sino, por el contrario, perfeccionarla de manera de mejorar la distribución de sus beneficios. En efecto, la teoría y la experiencia indican que en materia de comercio exterior no hay nada peor que el proteccionismo populista. La Gran Depresión de los años 30 es una prueba acabada de ello.

Afortunadamente, el FMI -enfrentando claramente al presidente Trump y sus "aliados "europeos- ha fijado claramente su posición a favor de la globalización.

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