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El humor como estrategia

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3 de febrero de 2017  

Dramaturgia y dirección: Sofia Wilhelmi / Intérpretes: Javier Pedersoli (José Escobar durante febrero), Agustín León Pruzzo, Ezequiel Tronconi, Francisco Prim, Claudio Mattos / Diseño de espacio: José Escobar / Vestuario: Marina Claypole / Luces: Diego Becker / Asistente de dirección: Natalia García / Sala: El Camarín de las Musas, Mario Bravo 960 / Funciones: sábados, a las 22.30 / Duración: 80 m. / Nuestra opinión: muy buena

Una obra con el corralito del 2001 como telón de fondo
Una obra con el corralito del 2001 como telón de fondo Crédito: Lau Castro

Una música que remite al cine de Álex de la Iglesia se convierte en un gran preámbulo para lo que se verá a continuación. Los acordes evocan esa mezcla de comedia con intrigas y suspenso que le calza tan bien al director español -con una gran y buena cuota de absurdo- y que parece también sentarle a la directora y dramaturga Sofía Wilhelmi en esta nueva propuesta. Unas cuantas puertas de placares se nos muestran enfrente y aseguran esconder los nudos narrativos que se irán develando con el fluir de las escenas.

El 2001, el corralito y la crisis financiera le sirven como telón de fondo a Wilhelmi: una mujer, Clara, que nunca aparecerá en la pieza, sufre un tumor cerebral. El único que parece poder salvarla es el doctor Rojas, un neurocirujano de excelencia tan bueno como miserable que se niega a operarla si no está todo el dinero en efectivo; imposible en medio del corralito bancario. El marido de Clara, desesperado, ruega paciencia y comprensión, pero no hay caso. A partir de allí, se desata una tragedia o, más bien, comienza la parodia de un cuento de intrigas que se acerca más a la comedia. Es que Wilhelmi decide, y muy acertadamente, confeccionar un thriller cargado de conflictos, pero con una buena cuota de humor que le permite abordar temáticas álgidas sin perder la gracia ni a la platea que ríe apenas iniciada la función. El tumor de Clara, que comienza siendo del tamaño de una aceituna, hoy está hecho un durazno y aparecen las metáforas a lo Woody Allen y queda claro que lo que se verá es una comedia en estado puro.

Hace unos años, Wilhelmi estrenaba Baby call, una obra que le permitía hablar de la relación de poder que se establece entre una mujer y su empleada en medio de un robo violento; con esta nueva propuesta, y sin abandonar la crítica social, incorpora al humor como pieza fundamental, y el resultado es acertado: logra mostrar el costado más vil del ser humano, abordar la muerte y la sed de revancha como tópicos, las falsas apariencias y la inseguridad de nosotros mismos sin abandonar ni un instante la chispa y la frescura.

El diseño escenográfico -a cargo de José Escobar- es otro de los aciertos: un gran placard repleto de puertas cobra vida, despliega situaciones, arroja objetos fundamentales a la hora del avance de las acciones y finalmente son una clara metáfora de lo que es la vida de este doctor exitoso pero sin escrúpulos, si de vidas se trata.

La historia se desarrolla con mucha agilidad y eficacia, pero son las actuaciones -Claudio Mattos realmente hace un trabajo notable- y la precisa dirección de Wilhelmi lo que termina por hacer de Clara una gran propuesta.

Jazmín Carbonell

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