Telefonía móvil de este lado del charco

Nathalie Kantt
Nathalie Kantt PARA LA NACION
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4 de febrero de 2017  

MONTEVIDEO.- Cuando llegué a París, a fines de 2008, los planes de telefonía móvil ofrecían dos horas de llamadas, textos ilimitados e Internet por alrededor de 50 euros. Pasarse en el consumo, con llamadas o navegación en línea en otros países europeos, era un estrés porque costaba un ojo de la cara.

Tres años más tarde, un empresario multimillonario francés rompió el mercado proponiendo planes low cost: llamadas ilimitadas (a teléfonos fijos y móviles de todos los operadores), mensajes ilimitados e Internet por menos de 20 euros.

Las otras empresas, que durante años habían multiplicado sus ganancias a costa de los usuarios monopolizando el mercado con precios altísimos, se vieron obligadas a adaptarse frente a la nueva competencia.

Hoy, todos los operadores telefónicos crearon segundas marcas que proponen planes a partir de cinco euros y hasta 20 o 25 para los ilimitados. El pago se hace por débito automático, la factura llega por mail y casi todos los problemas se arreglan por chat o en línea. Pensás que intercambiás con alguien, pero seguramente sea un holograma. En los planes low cost, hablar con un soporte técnico humano es casi imposible. Por suerte, también es casi innecesario.

En esta vuelta al Sur, además de acostumbrarme a vivir en una ciudad donde la gente se pasea en traje de baño con silla de playa en la mano, tengo que readaptarme a funcionamientos que creía superados.

La Unión Europea llegó recientemente a un acuerdo con los operadores para que, en menos de seis meses, los usuarios puedan usar sus celulares en cualquier país de la Unión a tarifa nacional, sin costo adicional ya que entra dentro del plan ilimitado que pagan en sus países de origen. De ese lado del charco, la competencia hizo que las empresas ya no concentren sus ganancias en duración de llamadas y cantidad de mensajes, sino que los beneficios se logran con la multiplicación de clientes y la venta de opciones adicionales, como la descarga de música y películas, por ejemplo.

En Uruguay, el operador estatal y los dos privados (los mismos que en la Argentina) proponen planes de alrededor de 25 dólares que dicen ser ilimitados pero no lo son realmente, con tiempos de llamadas y cantidad de textos que varían según si el del otro lado del teléfono forma o no parte de la misma comunidad. Los planes siguen siendo bastante estáticos y las reglas no cambian: las imponen los pocos que concentran el mercado.

El lado positivo es el trato más personalizado: acá se va a una agencia, se habla con alguien para contratar un plan y hasta se puede elegir el número de una lista en la que figuran los que están libres. El objetivo, claro, es seleccionar el número más fácil de recordar.

Extrañamente, prefiero menos trato y más opciones ilimitadas. Al empresario millonario que se anime a invertir, rompa el mercado y obligue a cambiar las reglas del juego también debería interesarle. En Francia, la empresa que lo hizo reúne hoy, cinco años después de su lanzamiento, 12 millones de clientes móviles y, según las últimas cifras presentadas, el volumen de negocios progresó un 6,3% para alcanzar 2300 millones de euros en 2016.

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