Vacaciones en clan: entre el plan ideal y la pesadilla diaria

Veranear en grupos grandes es una opción que garantiza diversión para todos, pero que también puede generar conflictos de convivencia
Lila Bendersky
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4 de febrero de 2017  

Florencia Escobedo y su familia  en Florianópolis
Florencia Escobedo y su familia  en Florianópolis Crédito: Gentileza

En menos de 20 días, Patricio Cini se subirá a su auto junto a su mujer y sus dos hijos y manejará hasta Florianópolis, Brasil. No estarán solos en el complejo que reservaron cerca de la playa Los Ingleses. Como desde hace 14 años, pasarán sus vacaciones junto a cinco matrimonios amigos. Para muchas familias, veranear en grupos grandes se convirtió en una tradición donde no sólo comparten comidas y atardeceres en la playa, sino hasta la carpa y el alojamiento.

"Salimos en seis coches y cada conductor tiene un handy para comunicarse por cualquier inconveniente. Cada 400 kilómetros hacemos una parada para cargar nafta porque desde Córdoba el viaje es largo. Son todos amigos que conocí en un grupo de aficionados a los autos y aprovechamos las vacaciones para pasar tiempo juntos", describe este cordobés de 45 años.

Después de tantos años, la organización está cada vez más afilada. Cada familia alquila un departamento y el grupo elige un complejo que tenga servicio de sombrillas y sillas para la playa. También, es fundamental que el lugar tenga pileta y actividades para que los chicos no se aburran. "¡Cuando bajamos a la playa parecemos los Campanelli!", cuenta entre risas. Además de compartir las tardes, programan entre cinco o seis comidas grupales donde Patricio cocina para 28 personas.

Claro que la convivencia es el termómetro de cualquier viaje y para algunos dormir bajo el mismo techo puede convertirse en una pesadilla. "Un verano compartimos la casa con otra pareja que tenía hijos muy chicos y no les ponían ni un límite a los nenes. Era un caos. Además, yo soy muy ordenado y ellos dejaban la vajilla sucia e incluso había pañales por toda la casa. Nos la pasamos discutiendo y no los invitamos más a hacer este tipo de viajes", recuerda.

Desde 2013, Florencia Escobedo también se va de vacaciones a Florianópolis con un grupo de matrimonios. Durante los primeros años alquilaron una casa todos juntos, sin embargo el año pasado decidieron que cada familia tenga su propio departamento. "Nos dimos cuenta de que los chicos necesitaban sus espacios individuales ya que había ciertos horarios, como el del baño, que eran caóticos. Para esos momentos, teníamos lápices de colores y masas para tenerlos entretenidos, pero algunos estaban muy cansados y arrancaban a pelearse, hacían caprichos, no querían comer y por eso lo mejor fue alquilar cada uno su propio lugar. Como había un quincho común, dormíamos a nuestros hijos, agarrábamos el baby call y nos quedábamos todos los adultos charlando hasta tarde", explica mientras mira en su celular las fotos del año pasado.

En el caso de Florencia, la idea de organizar un viaje grupal fue algo que se dio de manera natural. "Con mis amigas del colegio secundario siempre nos íbamos de vacaciones juntas. Cuando nos pusimos de novias, armábamos escapadas con nuestros maridos para Año Nuevo. Después, cuando fuimos madres, continuamos esta suerte de ritual y organizamos en 2013 el primer viaje grande", relata.

Para Mora Garat, la experiencia de compartir las vacaciones con otro clan es muy enriquecedora. Este es el sexto año que se va de vacaciones con Nicolás y Carolina, un matrimonio amigo con dos hijos. "Siempre rescato que hay muchas cosas que con tu familia de pronto no estás tan motivado para hacer. Soy superactiva, me encanta conocer lugares y, en cambio, mi marido prefiere no moverse. La sinergia con otra familia te impulsa hacer nuevas cosas, a tener nuevas vivencias. Además, es lindo ver cómo los chicos van creciendo y se hacen cada vez más compinches", detalla. El próximo 23 de enero viajará junto a Luis y sus tres hijos a la ciudad balnearia de Piriápolis, Uruguay, donde los nueve integrantes del viaje compartirán una casa.

Sol Huespe tiene 27 años y el año pasado se fue con su novio y cuatro parejas a Pipa. Para ella, viajar en grupo tuvo un saldo positivo: "Fue un viaje espectacular que me permitió no sólo compartir tiempo con mi novio, sino también estar con amigos. Algunos ya convivimos y la verdad es que se valora mucho a esta edad poder combinar ambos «mundos»".

Una fibra sensible en cualquier viaje es el dinero. Mientras algunos arman un pozo común para los gastos grupales, otros eligen emplear un sistema de compensaciones donde se van turnando quién paga en cada ocasión.

"Es un tema importante y hay que conocer mucho con quién viajás porque capaz la pasás mal. Nosotros comprábamos en función de la necesidad de todos. Si una familia quería algo muy puntual lo pagaba aparte. Íbamos rotando quién ponía la tarjeta", especifica Mora.

Vacacionar en grupo también es una buena alternativa para abaratar costos. En Mar del Plata, por ejemplo, alquilar una carpa toda la temporada en Playa Grande está costando 37 mil pesos y una sombrilla en los balnearios del Sur sale entre 20 y 27 mil pesos. "Mis padres tienen una casa en Cariló y solemos irnos con alguna pareja que tenga chicos. Compartimos la casa ya que tiene dos pisos y dividimos el monto de la carpa. Para nosotros es mucho más divertido estar con una patota porque te hacés compañía cuando los nenes duermen y tenés más planes", comenta la joven Inés Moreno, quien ya está planificando una escapada con otro matrimonio amigo para febrero.

La clave del éxito está en no imponer horarios y dejar que cada pareja vaya acomodándose según lo que tenga ganas de hacer cada día. "Yo tenía mucho miedo que alguno quiera obligar a todos a hacer alguna actividad y por suerte, eso no pasó. Fue fundamental hablar de antemano sobre qué tipo de viaje se imaginaba cada dupla. No hay que estar pegados todo el día. Lo lindo es cómo genuinamente uno tiene ganas de compartir una puesta de sol con el grupo y pasar un buen rato", concluye Sol.

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