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Se necesitan políticas con una visión de género

Mercedes D'Alessandro
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5 de febrero de 2017  

-Hay un sistema económico que tiende a la desigualdad.

-La historia de la economía está signada por el problema de la desigualdad. Como muestra Thomas Piketty en El Capital en el siglo XXI, después de más de 200 años de capitalismo la sociedad no evoluciona hacia un mundo más igualitario, sino que tiende a la concentración de la riqueza en un puñado de personas. En todos los países desarrollados creció la desigualdad. ¿Qué hacer ante este horizonte? Más y mejor educación, sistemas tributarios progresivos, estados que intervienen en la redistribución no sólo del ingreso, sino también de la riqueza. Pero con esto no alcanza.

-La ausencia de perspectiva de género profundiza la desigualdad. En la Argentina las mujeres ganan 27% menos que los varones y las trabajadoras precarizadas, 40% menos. Las mujeres realizan el 76% del trabajo doméstico no remunerado. Y en el mundo, de las 500 empresas más grandes, sólo el 4% tiene una mujer como CEO.

-Además de la brecha cada vez mayor entre ricos y pobres, se agrega la diferencia abismal entre hombres y mujeres. Ellas enfrentan tasas de desempleo más altas, sus trabajos son más precarios y son la mayoría de las personas pobres. Cuando se jubilan ganan menos. Son dueñas de menos propiedades y de menos activos. Aunque hoy cuentan con más niveles de estudios que los hombres, tienen grandes obstáculos para llegar a lugares de poder en casi todos los ámbitos. Notar que estas brechas existen y trabajar en cerrarlas (con políticas públicas con perspectiva de género) es parte del camino a una sociedad igualitaria.

-El desafío del empleo en la era de la inteligencia artificial.

-La vieja relación entre hombre y máquina está en un nuevo estadio, la inteligencia artificial rompe pronósticos a diario. En la Argentina se especula que en 15 años los avances tecnológicos reemplazarían al 40% del empleo privado (en un escenario favorable). Los robots aprenden, cocinan, juegan al Go, son autos inteligentes, reciben pacientes y colaboran en operaciones de alta complejidad. El desarrollo de la tecnología es un hecho vivo del capitalismo y no algo excepcional. La robotización es la expresión del desarrollo del conocimiento humano puesto al servicio de la producción. El viejo problema es: ¿quién se apropia de los beneficios de la aplicación de la ciencia, la tecnología, la expansión del saber? En los futuros distópicos de la ciencia ficción cylons o replicantes luchan contra una humanidad que se ve limitada frente a la complejidad e infinitud de la inteligencia artificial. Poner estos avances de nuestro lado y no en contradicción con nosotros mismos es respuesta trillada, pero ahí está la clave.

La autora es doctora en Economíapor la Universidad de Buenos Aires

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