No quedan dudas: el enemigo está en casa

Cristian Grosso
Cristian Grosso LA NACION
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12 de febrero de 2017  

La clasificación no absuelve las culpas. Demasiados dirigentes incapaces, otros desinteresados y algunos influenciables siguen arruinando al fútbol argentino. Claudio Úbeda aceptó un cargo que no le correspondía. Ni por antecedentes ni por el método de la elección. "Me resulta irrelevante", respondió sobre si lo había sorprendido su designación. Desafortunado. No debió desentenderse de una nominación tan desprolija como sospechosa: después de un casting de 44 proyectos que no reparó en escuelas ni en perfiles, se lo eligió a él... sin más ropaje que la sorpresa, porque no había presentado ningún plan. Alguien lo puso a dedo.

Nunca hubo una sensata explicación oficial. Es más: a Úbeda le dio la noticia Víctor Tabuada, el gerente de la AFA. Nadie quiso quedar públicamente pegado. Jorge Miadosqui -secretario de selecciones- y Edgardo Bauza huyeron de un tema que habían tomado como prioridad. Roberto Ayala, flamante manager, renunció al día siguiente, al sentirse desautorizado. "Se cagaron en nuestro trabajo", confesó un integrante de la junta de notables -compuesta, entre otros, por Mario Griguol, Ramón Cabrero, Pancho Sá y Carlos Mac Allister, como secretario de Deporte- que debía analizar los 44 proyectos. "Esto vino de afuera", asumieron desde el Comité de Regularización, que se subordinó a sugerencias gubernamentales [http://bit.ly/2ltL6Fn]. Más allá de la plaza conseguida in extremis para la Copa del Mundo de Corea del Sur, nada desvía los señalamientos sobre aquéllos que patrocinaron este invento. Y las culpas alcanzan a los que no se rebelaron. Y a los que ni se involucraron.

Nadie garantiza resultados. Otro director técnico quizás habría sufrido tanto o más, porque la herencia era calamitosa para cualquiera. Pero alguien escogido por sus aptitudes y desde la transparencia gozaría de un blindaje que Úbeda nunca tuvo. Vale insistir: la clasificación no maquilla nada. La AFA de Luis Segura descuidó el tema. La AFA de Armando Pérez obedeció indicaciones. En el medio hubo un cuerpo técnico prestado por Lanús para ir al torneo de L'Alcudia, la quinta división granate hizo de sparring del seleccionado mayor y en la Copa América Centenario no hubo juveniles de soporte. Se atropellaban los llamados de atención.

La Argentina ganó cinco de los siete mundiales Sub 20 desarrollados entre 1995 y 2007. Desde entonces, alcanzó los cuartos de final en Colombia 2011, no pasó de la primera rueda en Nueva Zelanda 2015 y ni siquiera se clasificó para Egipto 2009 ni para Turquía 2013. Tampoco participó en los Juegos Olímpicos Londres 2012, y el año pasado Julio Olarticoechea condujo de emergencia un papelón en los Juegos de Río de Janeiro. Síntomas alarmantes de abandono y regresión. El recambio pos Rusia 2018 asoma cada vez más raquítico. No quedan dudas: el enemigo está en casa. Los que orquestaron este calvario en Ecuador lo siguieron desde Buenos Aires por televisión. Lejos, desentendidos de la trampa que le tendieron al futuro.

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