Iglesias se queda con todo el control en Podemos, que ratificó su vía radical

Se impuso con el 89% de los votos tras meses de peleas internas; manejará así todos los resortes del partido
Martín Rodríguez Yebra
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13 de febrero de 2017  

La celebración de Pablo Iglesias, tras renovar su liderazgo
La celebración de Pablo Iglesias, tras renovar su liderazgo Fuente: AFP - Crédito: Pierre Marcou

MADRID.- Podemos ya no es aquel grupo de amigos que soñaba con revolucionar la política española y europea. Pero desde ayer al menos sabe cuál de sus dos almas marcará el rumbo de aquí en adelante: el radical Pablo Iglesias se impuso ayer por amplia mayoría en el congreso donde se dirimió la guerra interna que desde hace meses atrapaba al partido de los indignados.

Fulminó así a su número dos y antiguo aliado inseparable, Íñigo Errejón, que promovía un giro moderado que permitiera ampliar la base de simpatizantes y anudar pactos con las fuerzas de centroizquierda.

Seis meses de enfrentamientos sin disimulo agrietaron la amistad entre Iglesias y Errejón. La intensidad del duelo -que traspasó el límite de lo personal- dejó a Podemos a un paso de la fractura y la asamblea celebrada este fin de semana en las afueras de Madrid se anunciaba como una batalla a todo o nada.

El politólogo Iglesias, de 38 años, sobrevivió al desafío con un apoyo del 89% de los 150.000 simpatizantes que votaron en la elección de las listas para el máximo órgano de conducción del partido. Controlará todos los resortes de la organización.

Malherido, Errejón, de 33 años, se plantea renunciar a sus cargos y pasar a un segundo plano después de una carrera meteórica que lo llevó a los primeros planos de la política española.

La victoria de Iglesias consagra la cara revolucionaria de Podemos, destinado ahora a revivir la protesta callejera y a consolidar su perfil ideológico de izquierda radical.

"Esta asamblea nos ha dado una orden: unidad y humildad. Y la vamos a cumplir. El viento del cambio sigue soplando", dijo Iglesias, tras el anuncio del resultado, ante los casi 10.000 asistentes al congreso partidista celebrado en el Palacio de Vistalegre, el mismo lugar donde hace apenas dos años y medio nacía Podemos como partido.

El desenlace de esta guerra interna tenía en vilo a la política española. Podemos es la tercera fuerza parlamentaria (con 71 de 350 diputados). Un eventual triunfo del sector moderado podría haber abierto la puerta a un pacto de centroizquierda con el Partido Socialista (segunda fuerza, con 85) que pusiera en aprietos al gobierno en minoría de Mariano Rajoy, del Partido Popular (PP).

El presidente del gobierno celebra por partida doble. Este fin de semana él fue reelegido sin oposición como líder de la derecha; la consagración de Iglesias permite deducir que la fragmentación opositora continuará.

La incógnita a partir de ahora es cómo se reconstituirá Podemos después del enfrentamiento amargo en el que perdió la frescura. El rencor entre los dos sectores que se citaron en Vistalegre no cedió con la votación.

Se anticipan purgas. Iglesias se quedó con todo el poder, a partir de un resultado que no deja lugar a dudas de dónde está la voluntad de los militantes.

"¡Unidad, unidad!", gritaban los asistentes al congreso. La cara fúnebre de Errejón era la síntesis del momento difícil que se avecina.

"Estoy convencido de que va a prevalecer la sabiduría. Somos más fuertes cuando integramos y demostramos que entendemos la pluralidad", dijo el dirigente derrotado. Ahora medita su futuro. En principio se espera que deje su cargo como vocero en el Congreso y también la Secretaría de Política y Organización partidaria.

A Iglesias le tocará gestionar la reinserción de los errejonistas, más numerosos en la estructura dirigencial de lo que reflejan los votos que obtuvieron en el congreso.

El máximo gesto que se permitió ayer fue abrazar en público a Errejón. Pero la frialdad era imposible de ocultar entre estos dos políticos que presumían de una amistad a prueba de balas.

El congreso de Podemos es un paso más hacia la normalización de la política española después del período de bloqueo institucional que afectó al país durante casi todo 2016. La semana pasada los liberales de Ciudadanos (tercera fuerza) ratificaron a Albert Rivera como su jefe indiscutido, con un claro mandato de ubicarse en la centroderecha. El PP se rindió a Rajoy, que confirmó su liderazgo sin límites temporales ni sucesores que le hagan sombra.

La única incógnita es el PSOE, que sigue sin líder y lleva la definición hasta junio. El resurgir de Iglesias pondrá presión en esa batalla: Podemos se propone monopolizar la izquierda y devaluar a los socialistas como meros aliados tácticos de los conservadores.

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