El análisis del Sub 20: ¿Y si la clasificación no es la buena noticia que todos creemos?

Francisco Schiavo
Francisco Schiavo LA NACION
El seleccionado nacional se clasificó al Mundial de Corea del Sur, pero igual hizo un papelón; su funcionamiento estuvo muy lejos de lo esperado
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13 de febrero de 2017  

Del sufrimiento a la celebración: la Argentina se clasificó gracias a la mano de Colombia, que empató con Brasil
Del sufrimiento a la celebración: la Argentina se clasificó gracias a la mano de Colombia, que empató con Brasil Fuente: Telam

Sólo el tiempo dirá de cuánto valió la clasificación al Mundial Sub 20. Una clasificación que, por estas horas, se ve vacía. La Argentina se abrazó por lo que otro no pudo hacer: Brasil. Está en la Copa del Mundo por la impericia ajena, más que por el mérito propio. Tuvo que aferrarse a la angustia ante Venezuela para asegurarse un objetivo de mínima. ¿Alguien se detuvo a pensar en cómo puede irnos en Mundial con las potencias? Seguramente no tendremos la misma suerte que en el Sudamericano.

Acaso, los escombros de una gran decepción pueden en el futuro volverse cimientos. Hubo ciudades que debieron ser destruidas para empezar de nuevo. Tal vez un gran fracaso, de una vez por todas, nos hubiera salvado. Mucho más en un fútbol que camina como un muerto en vida. La AFA todavía no tiene presidente y, pese a las fechas tentativas de elecciones, nadie cree en ellas. Todos los días se modifica algo, según el interesado. La AFA tiene tantos escenarios como involucrados. El torneo está muy lejos de empezar y los clubes deben mucho más que sus patrimonios. Sólo en un mundo de caricaturas, en el que un ratón le pega a un gato con un martillo gigante, sobrevive un fútbol tan grotesco. Y sí, otra función acaba de empezar. En medio del caos, la importancia de un Sub 20 será nula, como lo fue hasta el momento. Eso sí: estamos en el Mundial. ¡Viva!

Es más, no hace falta irse demasiado lejos en el tiempo. Hace rato que los juveniles de la AFA no le importan a nadie. Así lo marcó la agenda. Los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro están al alcance de la mano. Por ellos se perdió a un entrenador del seleccionado mayor, Gerardo Martino, que –mal o bien– estaba encontrando un funcionamiento pese a las finales perdidas en las copas América, con la renuncia de Lionel Messi, incluida, para ser justos en el contexto. Sí, fue un papelón. El DT practicaba con siete u ocho jugadores y decidió irse por eso, y por muchas otras cosas que, como vampiros, le chupaban la energía. Tal vez no supo comunicarlo bien ni ser claro a tiempo. Ese fue su defecto. Pero así fue. Julio Olarticoechea asumió el desafío porque otra oportunidad no le aparecería en el camino. El bueno del Vasco era así. Pero el fracaso era inevitable. Fue eliminado, previsiblemente, en la primera etapa. Un papelón para el bicampeón olímpico.

Acá viene el punto importante: el Sub 20 se clasificó al Mundial, pero igual hizo un papelón. No hay que ser un sabio para darse cuenta. Sólo hay que hacer otro ejercicio. Quizá estas líneas sonarán duras y cruentas. Pero vale la pena intentarlo. Primera consigna: que levante la mano aquel que se sintió orgulloso por el juego que mostró el seleccionado argentino. ¿Cuántos habrá? Uno, dos... No hace falta enumerarlos. La selección hizo lo que pudo en medio de los desaciertos de un Comité de Regularización que nunca tuvo bien en claro a quién designó. De hecho, Úbeda no presentó ninguna de las 44 carpetas que entraron en la sede de la calle Viamonte. Algunas se leyeron. Otras fueron demasiado largas y... archivadas. Así empezó el trabajo, por llamarlo de alguna manera.

Otra: que levante la mano aquel al que se le haya inflado el pecho por la conducta del equipo argentino en el Sudamericano de Ecuador. No hace falta alumbrar demasiado el escenario. Nadie pudo haberse sentido conforme con tres expulsados y, sobre todo, con la actitud de un preparador físico como Gerardo Salorio, uno de los hombres fuertes en la gestión de José Pekerman, ya sea por mérito real o por un ejercicio de marketing del propio interesado. Si en la Copa del Mundo un preparador físico invita a pelear a los plateístas, como ocurrió con Salorio ante Brasil, no vale la pena. Ese no es el fin formativo de los juveniles. Ni de acá a la China. Primero, formar. Después, ganar. Aunque este hombre haya parecido olvidar las prioridades. Eso sin contar la celebración desmedida de un cuerpo técnico que no sabía bien por qué saltaba: si por haberse mantenido entre las potencias del continente o por haber sostenido el cargo de milagro y en el último suspiro.

Hay más, que levante la mano aquel que se haya sentido pleno con las variantes futbolísticas de un equipo que se enfrentó con rivales continentales. La Argentina se clasificó lastimosamente con un 2-0 ante Venezuela, pero, sobre todo, porque Brasil nunca fue Brasil en el torneo. Porque el seleccionado de Úbeda empató en el tiempo adicionado con el conjunto verdeamarelo y porque los brasileños no pudieron ganarle a Colombia, el peor equipo del campeonato.

Se podrían hacer más ejercicios. Que tal o cual levante la mano según las predilecciones. La pregunta daría lo mismo. Lo que no podrá objetarse es el penoso papel que el fútbol argentino hizo a nivel continental. ¿Vale la pena otro papelón, esta vez a nivel mundial? Porque si todo sigue así...

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