Viaje por los valles del río Negro

Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani
Las ciudades, los pueblos, sus gentes e historias a lo largo de más de 600 km de ripio y asfalto, en un viaje contracorriente trazado desde el océano Atlántico hasta el encuentro del Limay con el Neuquén, tierra muy adentro.
Rossana Acquasanta
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15 de febrero de 2017  • 15:03

Fertiliza cuanto encuentra a su paso, se abre camino entre las bardas –esas terrazas tan características de la meseta patagónica– a lo largo de un valle divisible en tres tramos, atrajo a cientos de colonos que buscaron próspero refugio a su vera, y también le da identidad a la provincia por la que discurre. Es el río Negro –antaño también conocido como “de los sauces”, tan pródigos en sus costas–, un río mayúsculo que nace donde confluyen el Neuquén y el Limay, a 235 msnm, y se va, en amable descenso y reinventándose en meandros, rumbo al Atlántico. Allá llega, después de sortear 635 km, con el color oscuro –más verdoso que negro– que inspiró su nombre y que, dicen, viene del mapundungun Curu Leuvu.

Las rutas lo escoltan de punta a punta por ambas orillas, para dejar al descubierto en toda su trayectoria la magnitud del oasis rionegrino. Más allá de su área de influencia se extiende la absoluta aridez, menesterosa de humanidad.

Un gran viaje está a punto de empezar. Lo es por largo, porque hay que abordarlo sí o sí en vehículo, porque recorre paisajes de naturaleza contrastante, y porque arrima a una idiosincrasia estrechamente ligada a la tierra, resultante de la suma de las muy diferentes culturas que aquí convergen. Ingleses, alemanes, rusos, italianos, españoles, japoneses, coreanos… dedicados al trabajo signado por los ciclos estacionales. Esta franja geográfica del norte patagónico al que los viajeros suelen obviar en el largo camino al oeste sin sacar el pie del acelerador, y muchas veces de noche, guarda pareceres de otra Argentina. Conviene conocerla.

EL VALLE INFERIOR

Viedma-Conesa

Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani

Las cuevas son la llave histórica de Patagones, el único asentamiento a lo largo de toda la costa que vinculaba los territorios del sur con Buenos Aires. Los primeros colonos llegaron en barco, en octubre de 1779; las viviendas prometidas por la corona española (entonces en la cabeza de los borbones) no existían, así que los recién llegados decidieron resguardarse en cuevas que cavaron en los barrancos, y en las que permanecieron, dicen las crónicas, unos 20 años. Mal no estarían; a resguardo del frío en invierno, del calor en verano, y sobre todo del viento patagónico. Mientras tanto, se dedicaron a hacer sus quintitas de hortalizas y así echaron las bases de una economía autosustentable.

La verdad es que las cosas parecen suceder del otro lado del río. En Patagones, a las tres de la tarde no queda un lugar abierto para sentarse a tomar un café, ni digamos comer “algo”. La siesta del chancho es sagrada y todos tan contentos de tener dos amaneceres, como decía el general. Así que no queda otra que ir al otro lado donde la oferta es, además de más amplia, activa. El cruce tiene su encanto porque implica hacerlo por el puente ferrocarretero (268 m de largo), magnífica obra de ingeniería alemana de 1931.

Puente ferroviario Carmen de Patagones
Puente ferroviario Carmen de Patagones Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani

Viedma mira de frente al Negro, y en la primera línea urbanizada están las casas que compiten en tamaño y estilos; sólo algunas, muy pocas, pueden presumir de no ser pretensiosas.

En Patagones, por su parte, se preocuparon de remozar los edificios históricos de la costanera, iluminada con farolas, de tal manera que pasear por esa franja que va de la calle de arriba a la que bordea la ribera norte del río, bajando por el Pasaje del Fundador, es sumergirse un poco en un pasado que debió haber sido mucho menos romántico, pero que para el caso luce bien.

A General Conesa se puede llegar por ruta nacional desde Viedma. O por ripio desde Patagones, apenas un borde entre el cauce cercano del Negro (no siempre visible) y la desolación que se abre hacia el norte hasta el río Colorado. El paisaje campestre y monótono no propone más sorpresa que la de un inmenso cebollar, una arboleda a lo lejos, un alambrado del que cuelgan algunos cueros de jabalí. Idéntica escena pero magnificada (en cuanto al número escalofriante de cueros), aparece más adelante en pleno campo de Guardia Mitre, pueblo quieto con cruce de balsa que da la impresión de haber querido ser otra cosa, otra importancia. Hay casas viejas, algunas restauradas, otras habitadas en su vejez con anexos que le fueron saliendo por los lados y atrás como gorduras del fatalismo, calles con nombres de prohombres navales, manzanas vacías, espacios dispersos. El camino a la balsa es largo y nada evidente. Pero llegar, se llega. La balsa, que cruza todo el tiempo, va a Primera Angostura y vuelve. No la tomamos, y una vez en Conesa, enfilamos hacia la RN 250 para volver por asfalto.

Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani

Junto al puente nuevo de Patagones, jóvenes tallan troncos con iconografía mapuche.

Pasadas las cuevas (a cinco kilómetros de la ciudad), a las que se accede por una huella entre huertas frutihortícolas, son unos diez kilómetros en dirección a la desembocadura del río Negro. Así se llega a la Villa 7 de Marzo, coto de pescadores, que se anuncia como “villa turística”, y es por el momento apenas un caserío demasiado básico, contrapunto a las playas desmesuradas y a los médanos tapizados de vegetación pinchuda y rala, paisaje fascinante.

UN DESVÍO

173 km bordeando el Golfo San Matías

Primero hay que llegar al Balneario El Cóndor, 30 km al sur de Viedma, el punto donde el río Negro se disuelve en las aguas saladas del Mar Argentino, los fanáticos de la pesca del cazón se juntan, y los que rinden culto al kitesurf también. Vientos propicios, olas ideales, una playa interminable e increíblemente ancha los inspiran.

Balneario El Cóndor
Balneario El Cóndor Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani

La RP1 continúa su derrotero muy cerca de la costa, asfaltada hasta La Lobería. Después ya es puro ripio consolidado, orillando el Golfo San Matías en dirección a San Antonio Oeste, meca de windsurfers. El camino vuelve a ser de asfalto en sus últimos 20 km y va pegado a una playa blanca de conchilla a la que baña un mar turquesa, caribeño (visión inverosímil) hasta su último mojón: el puerto de San Antonio Este.

El Espigón invita a una parada: hay escaleras que conducen a un mirador para contemplar los tremendos farallones contra los que rompen las olas. El siguiente stop es la Reserva Faunística Punta Bermeja y su bien mantenido centro de visitantes con vitrina de taxidermias de la avifauna local sobre todo, el esqueleto de una ballena Winckle, el audiovisual (cuyo contenido contradice el objetivo propuesto, que es informar en serio), y la observación a distancia de lobos marinos, para la que proveen binoculares (a compartir si hay más de cuatro personas), porque de tan lejos sólo semejan morcillones gigantes aplastados.

Bahía Rosas es una desmesura bellísima, con fácil acceso a la playa y visible desde el camino. El número de pescadores es alto: donde el auto llega la humanidad tiende a aglomerarse.

Bahía Rosas
Bahía Rosas Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani

Se puede prescindir de Bajada Echandi y seguir hacia Bahía Creek, a través de la nada misma llena de estepa, el ripio, la terquedad del viento, la vegetación achaparrada. Y las incontables copetonas, una abundancia bíblica de estas falsas parientes de la huidiza perdiz.

Hice este recorrido hace una larga década, también en una exploración para la revista LUGARES. Entonces había que registrarse a la salida de Viedma en un puesto de policía por si uno terminaba tapado por alguna duna, porque el camino era casi inexistente en varios tramos, y había que ir por la playa. Recuerdo un número exiguo de casas de lo que entonces era Bahía Creek. Ahora todo ese frente de arena está erizado de edificaciones y forestado. Sigrid Bedzent (49 años, tres hijos, peluquera) y Fernando Labores (47, abogado) asisten, impotentes, a la paulatina desaparición de su refugio estival ante el avance de la duna. Las ventanas que dan a la parte de atrás ya están clausuradas, tapadas por la arena. Esta casa, igual que tantas otras, fue construida en el área de los médanos móviles, que cubren una franja de 30 km x 40 km. Los vientos provenientes del mar contrarrestaban el efecto de los que soplaban del norte, y el medanal, aunque mudable, se mantenía en equilibrio. Pero la gran urbanización que creció de cara a las olas y la tupida arboleda venida a más son una eficaz pared de contención. Sin viento sur que la frene, la duna avanza, inexorable. Fernando ya está resignado a perder la casa, y Sigrid, aunque se resiste, admite que lo único que queda es rescatar lo rescatable e irse sin mirar para atrás. Es probable que esto ya haya sucedido.

EL VALLE MEDIO

Conesa-Chichinales

Una de las teorías sobre el significado de Choele Choel sostiene que deriva de chul chul, onomatopeya que alude a las figuras fantasmagóricas que crean las lamas (resaca que deja el río en las ramas de los árboles después de las crecidas) y que, al secarse, movidas por el viento hacen un sonido similar a chul chul. Pero ya se sabe que las interpretaciones abundan cuando entran en juego la semántica de voces indígenas. Y ésta es una de ellas.

Reserva Isla 92, Choele Choel
Reserva Isla 92, Choele Choel Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani

Choele Choel tiene nombre musical, una buena energía que se percibe en las actividades que desarrolla y espacios naturales que sabe resguardar, y un ritmo en sintonía con el tiempo vegetal justamente. La ciudad creció sobre la margen izquierda del río frente a la Isla Grande, en el centro de su trayectoria, allí donde la corriente se diversifica en meandros. La cercanísima Reserva Natural Isla 92 es un pulmón de 30 generosas hectáreas pletórico de eucaliptus, sauces, álamos… por el que se puede andar vinculando senderos, hacer picnic a pasos del agua que fluye, relajarse, esas cosas del esparcimiento sereno. La flanquea la avenida San Martín, un paseo ancho con plazoletas centrales absolutamente arboladas.

En lo de Sebastián González Tomas probamos una miel riquísima. Su hijito, de tres años, devora galletitas untadas con esa melosidad dorada, gorda y aromática que producen las abejas de sus 140 colmenas. La cosecha 2015-2016 fue de tres mil kilos, resultado de la libación de nubes de abejas (entre 70 y 90 mil por colmena) en las innumerables flores de almendro, cerezo, ciruelo, manzano, peral… y en las silvestres que el hábitat prodiga en cantidad, y que permiten estirar la cosecha de miel –que arranca en diciembre– hasta marzo-abril.

El apicultor Sebastián González Tomas de Choele Choel
El apicultor Sebastián González Tomas de Choele Choel Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani

Hacia el sur de Choele Choel se desgranan las poblaciones de la Isla Grande. Beltrán: a 9 km, con una comunidad galesa, una iglesia salesiana y un tractor a vapor a la entrada del pueblo que oficia de brújula de todas las direcciones. (Entre Beltrán y Choele Choel, me entero que hay una comunidad rusa –a la que no podremos llegar por mal tiempo–, donde todos viven y trabajan en el campo y las mujeres van con sus ropas tradicionales).

Lamarque: a 14 km de Beltrán, patria chica de Rodolfo Walsh, y tierra prometida de una importante colectividad coreana –dedicada sobre todo a la actividad hortícola– que ya tiene museo propio. Y a 11 km de Lamarque, Pomona: igual que la localidad californiana donde nació Tom Waits, que tomó su nombre de la diosa de los frutos, Paso Peñalva (antes con cruce de balsa) fuera rebautizado Pomona. Acá, como allá, se dedican a la fruticultura. Por eso desde septiembre de 2008 la mentada diosa de la mitología romana ocupa un lugar destacado en el monte experimental que plantó la familia Rosauer, pioneros de Cipolletti, junto al Brazo Sur del río. Es una obra de Francisco Acosta, escultor de Villa La Angostura, realizada a motosierra en un tronco de ciprés caído de cuatro de alto.

Pomona, por el escultor Francisco Acosta
Pomona, por el escultor Francisco Acosta Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani

Hacia el norte de Choele Choel se suceden Darwin (a 5 km), con su Museo Ferroviario y una capilla dedicada a San José Obrero que es amorosa en su sencillez; la arbolada Belisle (a 20 km de Darwin), donde cobran carácter las tallas de madera en el Paseo de las Esculturas, frente a la plaza Primeros Pobladores. Y Chimpay (a 18 km de Belisle), sede espiritual de Ceferino, cuyo santuario no está en el pueblo sino en dirección al río, después de cruzar las vías del ferrocarril. Allí, en un amplio predio verde y cuidado se yerguen una escultura muy fea del buen Ceferino Namuncurá, una iglesia onda Niemeyer y el santuario. El centro del pueblo tiene el mismo trazado de plazoletas de Belisle, sólo que en vez de la madera es el hierro el elemento dominante.

Museo Ferroviario
Museo Ferroviario Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani

EL ALTO VALLE

Chichinales-Neuquén

Valle de la Luna Rojo de Río Negro
Valle de la Luna Rojo de Río Negro Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani

Comer, dormir y seguir viaje es la regla generalizada en General Roca. Los únicos que se quedan son los que llegan por razones de trabajo, y la realidad es que los servicios no van más allá de esa necesidad. En nuestra experiencia, dos días dedicados a esta ciudad clave del Alto Valle apenas alcanzan para un recorrido veloz por los museos –insoslayable el Patagónico de Ciencias Naturales, fundado por Juan Carlos Salgado (1951-2010)–; por el área protegida de Paso Córdoba (17 mil hectáreas donde se esconden el Valle de la Luna Rojo y el Valle de la Luna Amarillo: sólo por estos tesoros habría que considerar quedarse), y por el hito fundacional de Roca (hoy Barrio Stefenelli), con su plaza de armas donde quedan las columnas (de 1881) y una cartelería que conmemora los edificios surgidos a partir del 1° de septiembre de 1879. Con ganas de conocer más, se puede sumar la visita a la propiedad que queda de la colonia rusa de origen judío, de 1906, donde, con aviso previo, y si el dueño quiere, se puede visitar la muy interesante Casa Museo María y Bernardo Riskin. Y están las bodegas del Alto Valle, tradición que tiene en el establecimiento Humberto Canale, su referente más emblemático.

Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani

Un paso por la propiedad de Blanca Laino nos sumerge en la cosecha de la manzana. Seis hectáreas con una producción que se reparte prácticamente 50 y 50 entre manzanas (Grany Smith, la australiana Pink Lady, Red delicious y una derivación de ésta llamada Chañar) y peras, más de un poco de membrillo, otro poco de higos y también cerezas. Blanca, como sus padres, es de Roca, lugar al que llegó su abuelo paterno desde Sicilia. Blanca nos invita a hincarle el diente a alguna de las manzanas que aún están en el árbol; cruje al morderla y libera un aroma amplio en la boca. No me cuesta nada entender que haya sido ésta la fruta de la tentación.

Una de las pasiones de Blanca es hacer dulces con sus frutas. Otra es la recolección de los hongos (Boletus) cuando aparecen en su propiedad, pero la que atiende con obsesivo cuidado es la producción de gírgolas a la que se dedica desde hace doce años. El recinto donde proliferan es un mundo de sombras y humedad regulables de 600 troncos de álamos alineados como un ejército, en los que brotan estos enigmáticos vegetales que desconocen la fotosíntesis. Grises, beiges, y el blanco pálido como único destello cromático son los tonos dominantes en esta recreación de sotobosque donde la vida se abre paso entre las fibras del álamo, de acuerdo a un estricto procedimiento de laboratorio.

Cultivo de hongos en Río Negro
Cultivo de hongos en Río Negro Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani

Allen es “Ayen” para sus habitantes, como quien dice cabayo, ayá, cayate… Inevitable argentinización en el apellido de un inglés, empleado de la compañía Ferrocarril del Sud desde 1883: Henry Charles Allen. Con la inauguración de este medio de transporte, el 25 de mayo de 1910, el pueblo fundado pasa a llamarse… Ayen.

En la plaza hay un monumento a la pera, merecedora de una fiesta nacional. Alguna vez esta localidad fue capital nacional de yeso y ciudad cabecera junto con General Roca, lo que explicaría por qué aquí funcionó el hospital más importante de la Patagonia.

Para el centenario de Ayen (Allen), a Francisca Reus le tocó dar una charla. Qué menos. Ella y el pueblo son contemporáneos: Paquita, nacida en Guerrico (España), llegó a los cien este año. Fue la primera mujer que manejó en Allen, estudió piano, y además de haber procreado y enviudado, supo ser una viajera irredenta; lo hizo, desde que pudo, con su gran amiga Chela d’Amico, y de esas andanzas recuerda La Alahambra como uno de los sitios del mundo que más le impactaron. A Paquita le tocó ir a la escuela rural a caballo, estar pupila en Roca, y quedar atrapada en España cinco años porque cuando fue la segunda vez, con su madre, estalló la guerra civil, y allí trabajó, en el municipio de Jalón (Alicante), como juez de paz, así que hasta casaba a la gente. Horas pueden transcurrir oyéndola echar párrafos sobre cien años de historias y vicisitudes que caben en su larga existencia, impulsada por un espíritu tan joven como inquebrantable al que los años no lograron someter.

Retrato de Paquita
Retrato de Paquita Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani

Última escala: Neuquén, ciudad donde el dinero del petróleo se hace notar; más restaurantes, una hotelería en crecimiento, barrios periféricos con carácter de privados… efectos de una economía local excedida en regalías. En San Patricio del Chañar, otra bodega suma motivos para dedicarle al polo vitivinícola neuquino un tiempo propio.

La cocina en Bodega Schroeder
La cocina en Bodega Schroeder Fuente: Lugares - Crédito: Sebastián Pani

El adiós lo celebramos con música y espumoso excelso en Bodega Schroeder, a la que llegamos en plena inauguración de la muestra de un artista plástico local. Le siguió un reconocimiento sensorial de los vinos futuros a pie de tanque, experiencia de lujo consumada bajo la guía del mismísimo Roberto Schroeder, su propietario. Y para cerrar este final fuera de agenda, almuerzo en el restaurante de la bodega con menú de calculados preciosismos a cargo del chef Ezequiel González y las enologías superiores de la casa en las copas.

Si pensás viajar...

Calculá entre 10 y 15 días para hacer el recorrido completo de los tres valles, de Viedma a Neuquén o viceversa. Las rutas, ripio y asfalto, están en buen estado.

CARMEN DE PATAGONES

DÓNDE DORMIR

Casa Crespo. Mitre 114.T: +54 11 2920 46-4709 / 48-1729.

VIEDMA

DÓNDE COMER

La Ochava. 25 de Mayo 309. T: +54 2920 42-6031. Restó bar en el centro, a tres cuadras de la costanera.

Achavil del río. Av. Villarino 207. T: +54 2920 42-9371. Restaurante y marisquería sobre la costanera. Muy concurrido.

Fiore. Belgrano y Villarino. T: + 54 2920 42-6100. Agradable esquina para instalarse a saborear una amplia variedad de helados muy ricos.

GENERAL CONESA

DÓNDE COMER

Un lugar. Sobre RN 250, próximo a la entrada de la ciudad. Del centro se mudó a la periferia hace un par de años. Carnes a la parrilla, con destacado para el chancho, que es de crianza propia (a maíz, aclara el dueño). Chorizos caseros, amplio surtido de escabeches, lengua a la vinagreta (buena), vegetales de similar proceso, todo con marcada impronta de vinagre blanco. Lunes a sábado mediodía y noche.

CHOELE CHOEL

DÓNDE DORMIR

Rucantu Hotel & Suites. Uruguay y Kennedy. Acceso: RN 22 – Km 996. T: +54 2946 44-2070/2476. www.rucantu.com.ar

Posada Dulcinea. La Rinconada. A 5 km de Choele Choel y a 6 km de Beltrán. T: + 54 2946 44-3344. C: +54 9 298 441-3019 y +54 9 298 464-3430. www.posadadulcinea.com

Isla Porà. C: +54 9 298 434-1063. FB: IslaPora. Cabaña flotante, en la Isla Bonita (porà).

DÓNDE COMER

Viento Sur. 9 de Julio 344. T: +54 2946 44-2236. Pruebe la crepe de espinacas con ricotta y salsa fondeau de tomates.

Lo de Fanny. Parador Isla 92. El emprendedor matrimonio Fanny Viscay y Omar Ostrowski, están a cargo del parador de la Reserva Natural Municipal Isla 92, relajado espacio junto al brazo norte del río. Saborear una rica pizza a pasos del Negro y sus paisajes, es un placer.

PASEOS Y EXCURSIONES

Inclutur. C: (+54 9 298) 467-0077. FB: Choele Choel Turismo.Es la agencia municipal para el desarrollo e inclusión del turismo.Provee información sobre actividades como: Expedición Zanjón de los Loros, Circuito Isla 92, Turismo Astronómico. También promueve el recorrido por las propiedades rurales donde es posible adquirir productos de elaboración propia y ver, en directo, las actividades y modo de vida de sus pobladores (provee mapa ad hoc para saber cómo llegar a cada uno de ellos).

GENERAL ROCA

DÓNDE DORMIR

Álamo Inn. Mendoza 126. General Roca. T: +54 2946 442-1147. C: +54 9 298 457-9888 y +54 9 298 430-5606. www.alamoinn.com.ar

DÓNDE COMER

Álamo Grill. Mendoza 115. C: +54 9 298 481 5112 y +54 9 298 430 5606. Enfrente del hotel Álamo Inn. Ambos emprendimientos son del mismo dueño. El restaurante tiene fama de buenas carnes a la parrilla. Cava nutrida.

La Tromba. Mitre 1215. T: +54 298 442-2194. C: +54 9 298 455 9143. Restaurante céntrico, recomendado por los locales. Carnes y pescados. Platos generosos de una cocina tradicional, algunos muy tapados de salsa. Concurrido. Sólo noche.

PASEOS Y EXCURSIONES

Museo de Ciencias Naturales. Avenida Roca 1250. T: +54 298 442-0030. FB: museopatagonico

Museo Histórico Regional Lorenzo Vintter. T: +54 298 442-7227. FB: Museo Histórico Regional Lorenzo Vintter.

Casa Museo María y Bernardo Riskin. T: +54 298 43-6161 / +54 298 42- 5381 / +54 298 42-3647.

Blanquita Laino. Chacra 175. C: +54 9 298 30 8091. Hongos y otros productos de la chacra propia.

NEUQUÉN

DÓNDE DORMIR

La Morada. Villegas 591. T: +54 299 442-1379. C: +54 9 299 423 9707. www.lamoradaneuquen.com.ar

Herradura Hotel Suites. RN 22 Km 1230. Plottier. T: +54 299 493-8191. www.herradurahotel.com.ar

PASEOS Y EXCURSIONES

Museo Nacional de Bellas Artes. Mitre y Santa Cruz. Parque Central. T: +54 299 443-6268 / 449-1200 int. 4311. www.mnbaneuquen.gov.ar

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