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Top Five: por qué hay que ver Santa Clarita Diet

Drew Barrymore se alimenta de carne humana, en Santa Clarita Diet
Drew Barrymore se alimenta de carne humana, en Santa Clarita Diet
Te contamos de qué se trata esta particular comedia con Drew Barrymore
Martín Fernández Cruz
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17 de febrero de 2017  • 15:22

1. Una zombie distinta

Joel (Timothy Olyphant) y Sheila Hammond ( Drew Barrymore ) son un típico matrimonio de buen pasar económico. Felices, pero algo desmotivados, comparten una rutina que, con el correr de los años, inevitablemente los aplastó. Socios en la venta de bienes raíces, padres de una adolescente y dueños de una hermosa casa, ambos no pueden evitar sentirse algo estancados en una vida que no presenta ningún tipo de desafío. Instalados en el placentero suburbio de Santa Clarita, la gris cotidianidad de ambos cambia violentamente cuando Sheila manifiesta inexplicables cambios en su cuerpo y personalidad. Luego de vomitar (mucho), y de perder los latidos de su corazón, la mujer empieza una dieta basada únicamente en la carne cruda. Al poco tiempo, eso no le basta y da un paso decisivo al digerir solo carne humana. El matrimonio suma dos más dos y obtiene el resultado más obvio: Sheila se convirtió en una zombie. A partir de ese momento, la vida de los Hammond cambiará para siempre y la preocupación por vender una casa, ahora será la preocupación por ver a quién pueden matar para darle de comer a la renovada mujer.

2. Un tono inclasificable

Santa Clarita Diet es, obviamente, una comedia negra. Su protagonista, Sheila, resulta ser una zombie totalmente atípica. Muy lejos de las descerebradas masas que vemos todas las semanas en The Walking Dead, ella sí conserva su humanidad, aunque no pueda manejar su apetito por comer personas. El otro cambio que sufre Sheila, tiene que ver con adoptar una postura de “hay que vivir más la vida”, filosofía que la lleva a disfrutar más del sexo, a no dudar en enfrentar a las personas que pretenden buscarle pelea, y en recomendarle a su hija que si quiere abandonar el secundario, puede hacerlo (consejo que Abby, por suerte, no toma). Pero más allá de eso, el humor de la serie parte de naturalizar actos bestiales, y de incorporar a la rutina de ese matrimonio el triturar a una persona para preparar licuados de vísceras. Los momentos con Joel y Sheila intentando analizar qué persona sería digna de ser asesinada (“un pedófilo es una buena opción”, dice ella en una charla), la torpeza de ambos a la hora de cubrir sus huellas y el descubrir cómo esa nueva realidad le inyecta una dosis de aventura a un matrimonio que estaba en coma vegetativo, son situaciones que ninguna comedia negra había sabido cómo aprovechar, pero que en Santa Clarita Diet se convierten en la firma y sello de autenticidad. Puede que no sea un humor de lo más amable y es indudable que no se trata de una ficción que enamore inmediatamente, pero cuando el espectador se deja llevar por el tono de esta serie, encontrará una historia que se vuelve encantadora e inesperada.

3. La importancia de Drew Barrymore

La originalidad de Santa Clarita Diet, las sorpresas de su guión y los peculiares pasos de comedia, serían imposibles de realizar sin la presencia de Drew Barrymore, una actriz que entiende como pocas el placer de hacer humor negro. Es evidente que Barrymore no le tiene miedo al ridículo, y que puede actuar con perfecta naturalidad a una mujer que sentada en su auto, se pone a comer dedos humanos como si fueran bastoncitos de zanahoria. El encanto de ella, su torpeza natural y una actitud que comienza siendo muy casual pero que muta hacia una calculada necesidad de matar para alimentarse, la lleva a convertirse en una heroína de comedia imposible de clasificar. Es un hecho que sin Drew, el tono de Santa Clarita se hubiera malogrado y el timing humorístico de la serie hubiera quedado trunco. El humor, como se sabe, es mucho más complejo de actuar que el drama, y Barrymore, que en Duplex ya había coqueteado con la comedia negra, resuelve todas sus escenas con eficacia, aunque claro que también tuvo la suerte de estar junto a un compañero a la altura de las circunstancias.

4. El milagro Olyphant

En uno de sus monólogos, el director Kevin Smith, que filmó Duro de matar 4 y Las vueltas de la vida junto a Timothy Olyphant, contó que el actor era un tipo algo irritante, canchero y con poca onda. Por ese motivo, Smith empezó a decirle en tono de burla “Olyphantastic”. Y si bien sería aventurado decir que Smith tenía razón sobre la actitud de Timothy, lo cierto es que el actor siempre mantuvo una carrera basada mayormente en interpretar a personajes poco agradables y con un aire de sofisticación impuesta que no terminaban de convencer a muchos televidentes. Actuaciones como las de Justified, Deadwood o Hitman no son de lo más versátiles, siendo todos personajes de ceño fruncido y actitud de pocos amigos. Por ese motivo, muchos consideraban que elegirlo a él para una comedia con Drew Barrymore, podía ser un error terrible. Pero Olyphant, para sorpresa de muchos, logró el mejor papel de su carrera. Su composición del sufrido Joel, un marido al que no le queda más remedio que seguir a su mujer en esta nueva vida de homicidios y dieta caníbal, es logradísima y Timothy demuestra un inesperado conocimiento de la comedia y sus tiempos. Su personaje por momentos puede ser desbordado o vengativo, pero ante todo es un hombre que ama incondicionalmente a su mujer, y ahí es donde nace la química entre ambos, que construyen con verdad la dinámica de un matrimonio que jamás podría existir.

5. Una serie de personalidad propia

Drew Barrymore y Timothy Olyphant, en Santa Clarita Diet
Drew Barrymore y Timothy Olyphant, en Santa Clarita Diet

Santa Clarita Diet asume en su primer episodio (y luego de mostrar a Sheila vomitando un baño de piso a techo) que no es una ficción para todos. Su nivel de absurdo, su pasión por mostrar vísceras y asesinatos truculentos, sumado a un humor incorrecto y personajes de lo más atípicos, convierte a esta serie en un cóctel no apto para estómagos sensibles. Y el riesgo que asume Victor Fresco, padre de la historia, es combinar un relato así de brutal pero centrado en una familia que, a su manera, irradia pura ternura. Más allá de sus crímenes y pecados, la de Joel y Sheila es una pareja que busca renovar una rutina que ya tiene casi veinte años, intentando ambos mejorar su vínculo y dándole todo el amor posible a su hija Abby. Y esa contraposición es el verdadero corazón de Santa Clarita Diet, porque ahí es donde la comedia encuentra su peculiar y totalmente única personalidad.

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