Un empate técnico en el nuevo disco de Escalandrum

Mauro Apicella
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17 de febrero de 2017  

Parte del sexteto, ensayando
Parte del sexteto, ensayando Crédito: Juan P. Bialadé

Sesiones ION, de Escalandrum, es, probablemente, el proyecto más ambicioso hasta ahora encarado por el elogiado sexteto que lidera Pipi Piazzolla. Lo más curioso es que no fue pensado originalmente como un disco. En realidad, son dos proyectos hechos a pedido que luego terminaron transformándose en un CD.

En la lámina interna se indica que el programa de Mozart fue comisionado por la Fundación Konex, para su Segundo Festival de Música Clásica (Dino Saluzzi realizó un trabajo similar), y que el de Ginastera fue un encargo del Ministerio de Cultura de la Nación como parte de la conmemoración del centenario del nacimiento del compositor argentino.

Tanto de uno como de otro hay obras bastante conocidas. El tercer movimiento de la Sonata para piano K.331 sin duda es el más famoso de esa obra. Igual de conocidos son los dos primeros de la Sinfonía N° 40 o la "Lacrimosa" del Réquiem. Con Ginastera esto se repite. La elección está centrada en obras de las más "folklóricas" de su catálogo. El programa tiene piezas del ciclo Danzas argentinas y de la suite Estancia. (Sólo como ejemplo, de las tres danzas argentinas, la de la "Moza donosa" es la más difundida e interpretada.)

La versión de Escalandrum de estos dos programas es libre (o casi), por eso la escucha y cualquier análisis posterior deben tener ese mismo objetivo. Que cada uno tenga la libertad de escucharlo, aceptarlo o rechazarlo. Éstas serán sólo algunas acotaciones de quien ya escuchó el disco.

Recontextualizar la música tiene un riesgo y el resultado queda librado al gusto de cada oído. Cuanto más se acerca al original mozartiano, más costoso es para este grupo convencer con su versión. Cuanto más se aleja, entra en un terreno jazzístico donde las pautas son otras; por lo tanto, el juego es más fluido.

No resulta fácil determinar cuál fue la intención de Escalandrum para cada obra. Lo mejor del grupo está en esas escapadas a la improvisación, no en la exposición de melodías famosas ni en la búsqueda del espíritu de las obras de Mozart ("Lacrimosa" es parte de algo tan programático como una misa réquiem, que ya es un sentimiento en sí misma y que pierde su condición ante cualquier otro intento interpretativo).

Otro universo totalmente distinto es el de Ginastera porque allí se nota que el grupo se siente cómodo. Esta segunda parte del disco es la más interesante. Vale la pena escuchar cómo suena el nacionalismo de Ginastera desde la óptica de un grupo de jazz del siglo XXI, uno de los mejores, más sólidos y originales de estas latitudes. La escucha podrá sorprender a más de uno. Y ésa es una de las características de este gran sexteto.

Párrafo aparte para la grabación. Por un lado, no parece acertada la decisión de grabar en vivo porque la mayoría de las músicas de Mozart requieren una precisión y articulación a las que los intérpretes de música clásica están acostumbrados, pero los de la popular, no. El entrenamiento del trabajo en orquestas es otro y, excepto un movimiento de la sonata para piano, todo el programa Mozart es orquestal.

Por otro, sí resulta un acierto cuando todo suena fluido y con swing porque el tipo de registro que hizo Osvaldo Acedo, con apenas un par de micrófonos y sin edición posterior, adquiere una calidez que parece insuperable.

En conclusión, con este disco el sexteto salió empatado.

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