Un catálogo que reivindica el talento de Boccherini

Encontró su inspiración en las calles de Madrid; vivió en la casa que fue de Quevedo
Jorge Aráoz Badí
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19 de febrero de 2017  

La casa de la calle De la Madera 26, que aún persiste en Madrid, fascinó a Luigi Boccherini por haber sido Quevedo su primer propietario y lo llevó a mudarse allí por los cuatro años durante los que compuso su Clementina. Al caer las tardes, en las pausas de su trabajo, el músico no se privó de su caminata nocturna. Dejaba a un lado la calle del Pez y la del Desengaño y remontaba Fuencarral, que sale a la Gran Vía por esa especie de portal donde, desde los años 20, se levanta el emblemático edificio de "la telefónica".

El objetivo era contemplar en el crepúsculo, la estimulante y reveladora avenida que iluminó sus composiciones en España. El regreso lo hacía por la enredada calle de Hortaleza y luego se hundía en la caja de su violonchelo, de donde habían salido los nueve Quintetos con guitarra, el Fandango y La ritirata de Madrid, retrato de la noche madrileña. Sólo de este formato, el catálogo de sus obras registra apenas 113 obras, con uno o dos chelos.

Cuando tenía 26 años, el compositor fue invitado a visitar Madrid y su enamoramiento le duró hasta la muerte. Su trabajo estuvo al servicio de la Corte. Pero su fuente de inspiración la encontró, permanentemente, en las calles de la ciudad.

Boccherini aparece en las historias actuales de la música tratado con un cierto reparo. Fue Haydn quien llamó la atención sobre los aportes de este creador, al identificarlo como inventor de una gramática sentimental de la música. Sucedió durante el Rococó, una etapa histórica que Boccherini contribuyó a desarrollar con sus veintiséis sinfonías, ciento trece quintetos, ciento dos cuartetos y su Stabat Mater. Parece raro que esta producción sea producto de un pensamiento estático. Luigi Boccherini nació en Lucca, Italia, el 19 de febrero de 1743. Murió 62 años más tarde, en Madrid.

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