Memorias de las reinas de la ecología

Rachel y Pamela Schiele producen, en su campo modelo de Córdoba, carne y cereales orgánicos
(0)
8 de mayo de 1999  

Cuiden la tierra, ya que no la heredamos de nuestros padres, sino que la hemos tomado prestada de nuestros hijos." Rachel y Pamela Schiele son las hadas madrinas del mundo orgánico argentino. Convencidas de la necesidad de proteger la naturaleza para las generaciones futuras, estas octogenarias hermanas de sangre inglesa tienen uno de los establecimientos estrella del rubro.

Se trata de un campo de Arias, provincia de Córdoba, un lugar del país en el que se producen carne y cereales sin agroquímicos, en el ámbito de la reserva natural provincial Las Tunas, una laguna salobre de costas desoladas, pero que en su interior guarda abundantes formas de vida que atraen la visita de patos gargantilla, coscorobas, gavilanes y hasta flamencos andinos durante el invierno.

Lo de las Schiele es un centro productivo de avanzada, enlazado con una fundación que lleva el nombre de ambas mujeres, destinada a realizar trabajos dedicados a proteger la naturaleza y también a niños con necesidades.

Otra de las virtudes del lugar es que posee en su interior un refugio de vida silvestre que ocupa 1055 hectáreas, con un núcleo intangible de 90 hectáreas clausuradas al ganado para dejar que la naturaleza siga sus procesos sin interrupciones.

Gracias a los resguardos que toman para no molestar a la fauna, en la estancia Las Dos Hermanas es posible ver deambular por la zona mulitas de siete bandas, peludos, hurones, comadrejas, ñandúes, perdices y zorros grises pampeanos.

En cuanto a la vegetación protegida, en el establecimiento se ven grupos de vegetales poco modificados que probablemente escondan gran valor forrajero y genético. Hay, por ejemplo, cachiyuyo, palo azul, moradillo, diversas especies de gramíneas (flechilla, espartillo, pelo de chancho), juncos y hierbas y, por supuesto, tunales que dan nombre a la laguna.

El campo ocupa 3800 hectáreas siendo la cría y engorde de ganado Hereford una de sus principales actividades del lugar. Tienen 4900 cabezas y generan 500.000 kilogramos anuales de carne, producto que comercializan a través de la empresa Eco Pampa.

Aparte de "hacer" bovinos ecológicos, las Schielde comentan, en voz suave mientras aclaran que ese lugar del mundo para ellas es un paraíso, que en el campo cultivan commodities. En la última cosecha obtuvieron 280.000 kilogramos de soja, 280.000 de trigo, 110.000 de girasol confitero, 203.000 de maíz y 41.000 de sorgo y otros granos menores.

Sin dejar de acotar que aman el canto de los pájaros, y que recibieron el campo como herencia cuando en 1926 se dividió el terreno original, dicen que desde hace siete años exportan estos productos a la Unión Europea (Holanda y Alemania).

Campo de altos y bajas, ambas cuentan entre sonrisa y sonrisa, que decidieron proteger la biodiversidad de estas tierras después de leer "Primavera silenciosa", el libro de Judith Carlson que allá por la década del 40 cuestionó el uso de los plaguicidas químicos y explicó riesgos y consecuencias de su empleo masivo sobre el suelo y los organismos vivientes.

"No fue fácil encontrar información. En 1968 comenzamos a preguntar qué debíamos hacer. Los profesionales de ciertas instituciones que consultábamos nos dijeron que los agroquímicos eran muy útiles. Pero seguimos investigando y en Inglaterra encontramos el camino en una asociación especializada en la sustentabilidad de la tierra", aclaró Raquel, profesora de violín.

La conversión a orgánico comenzó en 1985. Desde 1992 el campo está certificado y funciona como centro de difusión de agricultura ecológica. Por año visitan La Dos Hermanas entre 600 y 650 alumnos de aproximadamente catorce escuelas de siete pueblos de la zona. Los chicos recorren los refugios y observan las tareas campestres acompañados por el guardaparques Carlos Corbeta, que vive en el campo con su mujer, Sandra Vernet.

Ecologistas desde el alma, con sus suaves pelos blancos y andar tranquilo, las Schielde, tímidas, pero de convicciones firmes, no se detienen por el paso del tiempo.

Pasean su pasión por cuanta reunión internacional exista sobre la conservación de la vida, y aunque se quejan porque las lluvias de este año han sido excesivas, también porque hay menos pájaros en la región, no pierden de vistas sus sueños, continúan sembrando para las generaciones futuras, buscan nuevos mercados y se interesan por las comunidades aborígenes argentinas para ver qué pueden hacer para protegerlas.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?