El presidente aún tiene crédito, pero ahora todo son dudas

Rubén Guillemí
Rubén Guillemí LA NACION
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20 de febrero de 2017  

QUITO.- Aún cuando anoche parecía difícil que se evitara una segunda vuelta, las elecciones de ayer le dieron una buena noticia al presidente Rafael Correa.

La crisis económica con la pérdida de miles de empleos y un incierto pronóstico sobre cuándo recuperará el país la senda del crecimiento, las denuncias de corrupción que golpean a su gabinete por coimas en la petrolera estatal Petroecuador, y las críticas por su estilo de conducción autoritario y personalista, no impidieron que su partido se alzara como vencedor en los comicios.

"Fue una votación muy buena para el gobierno y muestra la fortaleza del capital que todavía tiene Correa", dijo a LA NACION el politólogo Felipe Burbano y Lara, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Durante toda la campaña electoral el presidente se encargó de "blindar" a su candidato Lenin Moreno, afirmando que lo peor de la crisis económica ya había pasado y que el país pronto retomará la senda del crecimiento.

Para muchos, Moreno fue el "candidato del silencio", porque jamás dio definiciones muy claras sobre su eventual programa de gobierno, y con su tono tranquilo y monótono lanzó una propuesta de "diálogo y a la unidad". "Se acabó el tiempo de la confrontación", aseguró.

En cuanto a las denuncias de corrupción, Ecuador es el primer país donde se realizan elecciones en América latina luego de conocerse el escándalo Odebrecht. La constructora brasileña afirmó haber pagado 33 millones de dólares en coimas a funcionarios ecuatorianos para asegurar sus contratos. Pero las acusaciones no parecen haber puesto en riesgo el triunfo de Moreno que prometió una "cirugía mayor" para eliminar a los corruptos.

Burbano comparó la situación de Ecuador con la que vivieron otros gobiernos progresistas latinoamericanos.

"Pase lo que pase, aquí es evidente que estamos en un momento de transición. Aún resta saber si la transición se dará dentro de Alianza País o con un cambio de partido. Si lo comparamos con Argentina, donde Néstor Kirchner fue seguido por Cristina, o con Venezuela, donde Nicolás Maduro siguió a Chávez, o Brasil, con Dilma Rousseff como sucesora de Lula Da Silva; aún está abierta la posibilidad de que Ecuador entre en una segunda etapa de estos gobiernos del socialismo del siglo XXI", dijo Burbano.

"Sin embargo, si seguimos ese razonamiento, ninguno de los movimientos tuvo una segunda versión exitosa, luego de su líder fuerte", agregó.

Electorado

El segundo análisis que se planteaba anoche, con la incertidumbre sobre los resultados definitivos, era qué sucedería con el 60% de los votantes que se manifestaron en contra del candidato oficialista en una eventual segunda vuelta entre Moreno y el ex banquero derechista Guillermo Lasso.

"Desde hoy a la noche comenzaremos a dialogar con todos los líderes de la oposición para construir la unidad", prometió anoche Lasso. Pero durante la campaña la derechista Cynthia Viteri, que quedó ubicada en tercer lugar en los comicios, dijo que dejaría en libertad de acción a sus votantes, y de la misma manera se pronunció el ex alcalde de Quito, Paco Moncayo, que quedó ubicado en el cuarto lugar.

Pero los comicios de ayer confirmaron que el ex presidente del Banco Guayaquil no logró alinear masivamente detrás de él a la gran mayoría de los ecuatorianos que votó en contra del oficialismo. La propuesta de Lasso de creación de empleos, reducción de impuestos, mayor inversión extranjera y la convocatoria a una consulta popular para reformar la Constitución del 2008, sólo convenció a alrededor de uno de cada cuatro ecuatorianos.

Otro desafío que enfrentará el próximo gobierno, sea quien fuere el ganador, es la situación de la Asamblea Nacional. Hasta ahora Alianza País contaba con 100 de las 137 bancas del Legislativo, lo que le aseguró a Correa un control absoluto del aparato parlamentario. Pero tras las elecciones de ayer los "correístas" ya no tienen asegurado un trámite rápido para sus proyectos, y los obliga también a un estilo de negociación al que no estaban acostumbrados durante esta década.

"El país que salió de los comicios es muy diferente del que existió estos diez años, prácticamente gobernado por un partido único", afirmó Burbano. "Ecuador se está transformando en un país mucho más normal donde el partido que gobierne se verá obligado a dialogar y negociar con la oposición".

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