Aciertos y errores del Gobierno

Ricardo Esteves
Ricardo Esteves PARA LA NACION
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22 de febrero de 2017  

A 14 meses de haber asumido el gobierno de Cambiemos, si hubiera que destacar un logro en especial -por sobre lo que significa el cambio en el modo de conducirse en la vida pública, que algunos de mala fe atribuyen sólo a su debilidad política- es haber evitado la crisis mayúscula que se avecinaba. Circunstancia que incubó el kirchnerismo con el despilfarro económico y administrativo llevado a cabo desde el Estado. En el fondo, este logro implicó "salvarle la vida" al anterior gobierno y evitarle el acto de defunción que hubiera resultado de una implosión de la economía (del mismo modo que la crisis de 2001 sepultó al menemismo).

Impedir la crisis se logró aplicando en buena medida -aunque con mejores modales- la misma medicina que usó el kirchnerismo para conducirnos al borde del abismo: derroche de recursos y descontrol fiscal. Y sacrificando también en este cometido las dotes y el oxígeno con que accede al poder toda nueva administración. Mucho más aún en este caso, el de un gobierno que por contraste con el anterior se manifestó a favor del mercado y la institucionalidad.

Fuente: LA NACION

Es cierto que de haber dejado que la crisis se produjera ésta podría haberse "llevado puesto" al Gobierno. Que hubiera sido tildado de inoperante. Pero el punto central en la instancia en que hoy nos encontramos es que si bien la crisis se pudo evitar, las causas estructurales que la promovían continúan vigentes. La situación fiscal es explosiva y pudo solventarse en este año transcurrido sobre la base de endeudamiento externo en niveles insostenibles y de la excepcionalidad del blanqueo de capitales.

Tan grave como esta circunstancia es que la sociedad argentina abriga unas expectativas que se encuentran a una distancia sideral de la realidad. El kirchnerismo nos legó un país quebrado y en caos administrativo, pero como no se manifestó en una megacrisis, el descalabro no fue percibido por el hombre común, que vive su día a día al margen de las cuentas públicas y los entretelones de la administración del Estado.

Para el hombre común, el anterior gobierno completó su período sin atravesar ningún terremoto que afectara seriamente el nivel de consumo. Y si los ingresos se estancaron o cayeron levemente en los últimos años, fueron siempre lo suficientemente altos como para sostener el circuito de acceso o renovación de bienes durables o semidurables (casa, auto, plasma).

Una vez finalizada la campaña, asumido el Gobierno y conocida desde adentro la realidad administrativa, probablemente el más grave de los errores cometidos en estos catorce meses de gestión haya sido haber ilusionado a la sociedad con una situación de bonanza económica que el contexto heredado hace muy difícil que se pueda alcanzar.

El Gobierno le ahorró a la sociedad el trago amargo de padecer una crisis de grandes proporciones. Paradójicamente, y por haber fallado en su estrategia comunicacional, no sólo no puede capitalizarlo políticamente, sino que carga con las consecuencias de la inevitable caída de ingresos que resulta de los esfuerzos realizados para evitar que esa crisis se produjera.

Si bien las sociedades sólo pueden movilizarse con la esperanza -en tiempos de paz el "sangre, sudor y lágrimas" se considera inaceptable- se podría haber puesto el énfasis en otros planos de la vida cotidiana -la seguridad, la educación, la salud- y enfocar allí los esfuerzos y ser más cauto en cuanto a las expectativas económicas. En este campo, todo depende de la inversión, y las condiciones para propiciarla son prácticamente inalcanzables. Al menos en este mandato y con las hipotecas con que se recibió el gobierno.

Algunos reprochan ambigüedad: valentía en algunos casos y "mano suelta" en otros. Pero debieron apagar un incendio y a la vez impedir que se enfriara la casa.

También cabría reconocer que hay una intención y un esfuerzo por salir de un circuito de destrucción de valor y activos colectivos -que viene de larga data y que con el kirchnerismo alcanzó los niveles más altos- para ir hacia otro de creación de riqueza y bienestar social.

Más allá de los éxitos instrumentales -salida del cepo, arreglo con los holdouts, sinceramiento tarifario-, son intenciones y esfuerzos que chocan contra una realidad estructural difícil de modificar. Por eso no se palpitan resultados ni para la sociedad ni para las empresas, que aguardan las condiciones para invertir. Y la sociedad espera ansiosa las buenas venturas que le prometieron.

Empresario y licenciado en Ciencia Política

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