Álvaro Abós. "La biografía es un género un poco peligroso. Te metés en la vida de otro"

Con la reedición de Xul Solar. Pintor del misterio (en el 130° aniversario de su nacimiento), el escritor defiende el carácter narrativo y complejo de todo libro que apueste a "reconstruir una vida"
Natalia Páez
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26 de febrero de 2017  

"Me gustan los relojes de arena como objetos -comenta Álvaro Abós-. La simplicidad de sus líneas, de su diseño. Escribir lleva un esfuerzo de concentración muy grande y mirar el reloj de arena me ayuda". Fotos: Victoria Gesualdi/AFV,
"Me gustan los relojes de arena como objetos -comenta Álvaro Abós-. La simplicidad de sus líneas, de su diseño. Escribir lleva un esfuerzo de concentración muy grande y mirar el reloj de arena me ayuda". Fotos: Victoria Gesualdi/AFV,

"La vida de Xul Solar empieza y termina en el mismo lugar del mundo: el delta del Paraná, un vasto territorio de 14.000 kilómetros cuadrados de superficie, lo cual equivale a la región metropolitana de Nueva York o a la mitad de la superficie de Bélgica." Así -con una oración que va de lo particular a lo universal; del pueblo al mundo- empieza Xul Solar. Pintor del misterio (Sudamericana), en el que el escritor Álvaro Abós parte de la vida pública de este artista del siglo XX -su obra, su influencia- para llegar a la historia privada de un hombre por muchos motivos singular. Un hombre que además de ser un virtuoso acuarelista fue dibujante, astrólogo, inventor, metafísico, lingüista, titiritero, arquitecto, masón, diseñador. "Creador de un mundo plástico inclasificable, cruzado por enigmas cabalísticos y secretos esotéricos [?]. Un personaje clave para la cultura de Buenos Aires", dice en un fragmento. Jorge Luis Borges lo describió como "un hombre versado en todas las disciplinas, curioso sobre todos los arcanos, padre de escrituras, lenguajes, utopías, mitologías, huésped de infiernos y de cielos". Y que es también el "astrólogo Schultze", uno de los personajes que Leopoldo Marechal recrea en su mítica novela Adán Buenosayres.

Pero acaso el arte de un buen biógrafo sea conseguir atrapar a un lector que en principio no tiene especial interés en el personaje biografiado, pero que sin embargo se identifica con la historia, porque tiene algo de universal.

Abós viene de la narrativa. Ha escrito novelas como Restos humanos, El simulacro, Kriminal tango; libros de relatos como Mereces lo que sueñas, Luna amarilla y otros cuentos negros; también crónicas y ensayos. Es desde allí que se configura como biógrafo para contar una vida ajena. Es el autor de tres biografías cuyos personajes parecieran no tener en común nada más que la ciudad en la que nacieron. Y que se desprenden de un primer libro que buscó ser una suerte de mapa, de documental literario de Buenos Aires y que fue llevado a la televisión por Canal (á): Al pie de la letra (Alfaguara). Estas obras son Ciudadano Botana, que cuenta la vida de Natalio Botana, editor fundador del diario Crítica, cuya edición definitiva es de 2013. Macedonio Fernández, la biografía imposible (2002), que relata la historia del escritor, filósofo, poeta y humorista. Y este libro con la vida de Alejandro Schulz Solari -Xul Solar-, que ahora reedita Sudamericana, cuya primera edición es de 2004.

Este será un año en el que se volverá a Xul, al cumplirse 130 años de su nacimiento. El Museo Nacional de Bellas Artes inaugura el 7 de marzo su temporada anual con una retrospectiva de su obra: Xul Solar. Panactivista, donde Álvaro Abós también tendrá un espacio para recordarlo.

Cada biógrafo tiene una manera de abordar el trabajo de contar una vida ajena. ¿Con cuál se identifica?

Yo me considero a mí mismo un narrador. Y la biografía es una historia. Es la historia de un ser humano. Yo, pese a que lo practico, soy un escéptico. Es muy difícil reconstruir una vida. No creo en ello. El propio Borges tenía una visión muy escéptica sobre el género. Sin embargo escribió la vida de Evaristo Carriego. Una biografía sui generis. A mí me gusta narrar.

¿Encuadra la biografía dentro de la ficción?

Sí, absolutamente. Algunos críticos de arte que empezaron leyendo este libro de Xul me preguntaban si era una novela. Es que una biografía es también un cuadro de época, se enmarca en un lugar y un tiempo. En mi trabajo biográfico me atengo a una regla: la cronología. Eso me parece que distingue la biografía de la narrativa. Y no estoy diciendo que la historia debe estructurarse cronológicamente, podés empezar por el final. Como en El ciudadano, en el cual me inspiré en su estructura para escribir la biografía de Botana.

¿Por qué lo llama "pintor del misterio"?

La pintura de Xul es extraña. Es enigmática. Son signos, hay números, banderas, letras. ¿Qué significa todo esto? Por qué esos hombrecitos, esos ojos? esos elementos que se repiten. En la vida de Xul el misterio ocupaba mucho lugar. Todo lo esotérico. Era mago, era astrólogo, escribía horóscopos.

Como un renacentista, un hombre total.

Un hombre con muchos intereses. Y muy particular. A Xul, por ejemplo, le interesaban las lenguas. Aunque a muchas personas les interesan las lenguas; pero él iba más allá. Creaba lenguajes, se inventaba idiomas. La "panlengua", por ejemplo. Según Borges, que era un inventor infatigable de anécdotas de Xul, un día se había encontrado con él en la calle. Un día de mucho calor. Se saludaron. Uno le preguntó al otro qué había hecho. Borges contestó que con ese calor había estado tirado en su sillón y no había podido trabajar. A lo que Xul le había contestado: "Yo hoy creé tres lenguas". Eran estas las cosas que le llamaban la atención a Borges. Pero cuando yo me metí a indagar su vida, justamente lo que me gustó del personaje es que era un renacentista modesto. No se pensaba a sí mismo como un erudito. Esto es lo que a mí personalmente más me toca. Es como si a un Leonardo Da Vinci lo pudiéramos encontrar haciendo las compras en el almacén del barrio. Un hombre cualquiera.

También fue un explorador espiritual.

Viajó por el mundo, por las religiones, por el ocultismo, por la invención. Lo había iniciado en el esoterismo uno de los ocultistas más controvertidos, el inglés Alistair Crowley, al que conocían como "la bestia", que aparece en la década de 1970 en la tapa de uno de los discos de los Beatles. Pero también estudió la Cábala, el Corán, el I Ching, el tarot, le gustaban las leyendas celtas y la Edda Mayor y también se metió en el hinduismo y el budismo. Pero si uno iba el domingo a la iglesia de Nuestra Señora del Valle, de la avenida Córdoba y Billinghurst, en Palermo, hay documentos que cuentan que era uno de los que cargaban la imagen de la virgen al hombro en las procesiones. La Virgen del Valle es la patrona de los inmigrantes del interior, él era un devoto.

Han pasado 54 años de su muerte. Sin embargo, su obra parece muy vigente.

Tuvo mucha influencia en el grafismo, en el diseño, en la publicidad. Fue un hombre que dejó destellos. Hizo una bandera con los colores del arcoíris, que uno ahora también ve en la bandera de la comunidad gay. Desarrolló una versión de las reglas del fútbol en una cancha dividida en dos. Estoy muy contento porque se inaugurará una gran exposición sobre su obra. Andrés Duprat, el director del Museo Nacional de Bellas Artes, es un ferviente admirador de su obra y el año comienza con una gran retrospectiva.

¿Qué aspecto de su propia biografía está en los personajes que eligió retratar, tan distintos entre sí?

Uno es la ciudad de Buenos Aires. Soy porteño, he vivido toda mi vida aquí salvo cuando tuve que irme al exterior. En mi trabajo literario está muy presente la ciudad. Sin ser tanguero ni documentalista. Y creo que Xul es "el" pintor de la ciudad de Buenos Aires. No me acuerdo muy bien cómo fue que llegué a ver sus primeros cuadros. Yo soy un aficionado del arte. Lo mío es leer. Y Borges cita permanentemente a Xul. Fue Borges quien me fue llevando a Xul. Luego, en Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal, que cuenta la historia de esos muchachos que durante dos días van y vienen por la ciudad. Donde está el Petiso Bernini -que era Raúl Scalabrini Ortiz-, donde también está retratado Borges como Pereda, un erudito que iba por los barrios, y es entonces cuando aparece un personaje extraordinario que es el astrólogo Schulze. Es notable porque no es una parodia de Xul sino una descripción perfecta de él. Consulté para mis biografías muchos archivos pero la principal fuente fue una novela.

¿Su principal fuente fue una ficción?

Lo que pasa es que la ficción es la vida. Es más real. Franz Kafka vivió y escribió durante la Primera Guerra Mundial. Pero en sus libros no hay ni una mención a esa guerra que acontecía mientras él escribía. Todos los días de guerra él los vivió. Pero vos leés sus novelas y sus diarios y no vas a encontrar una sola referencia a este hecho histórico. Sin embargo, si querés entender el siglo XX tenés que leer En la colonia penitenciaria, El proceso, El castillo.

¿Qué anécdota le impactó de Xul Solar en especial?

Una de las anécdotas que más me gusta es la que contaba su esposa Lita, su compañera de los últimos años, respecto de cómo se compenetraba para trabajar. Se abstraía del mundo cotidiano. Lita contaba que, después de almorzar, Xul se quedaba con sus acuarelas sobre la mesa. Él no trabajaba sobre atril sino sobre la mesa, que es como se trabaja esta técnica, sobre todo él que pintaba unos cuadritos de veinticinco centímetros. Pasaba el tiempo y a las ocho y media de la noche, cuando ella tenía lista la cena, lo llamaba: "Alejandro, a comer". Y contaba que él muchas veces le contestaba: "¿Cómo? ¿Otra vez?" Con la escritura pasa parecido. Crear te exige mucho.

¿Cuánto tiempo le llevó hacer la biografía?

Un año intenso de escritura, sin contar el tiempo de documentación. La hice sin ningún apoyo ni beca de nadie. Se la ofrecí a la editora Gloria Rodrigué, cuando aún estaba en Sudamericana, que era la editorial de su familia. Estaba también Luis Chitarroni. A los dos les conté del proyecto. Les entusiasmó y empecé a trabajar. Yo era un forastero del mundo plástico y lo sigo siendo. Respecto del tiempo que demandó hay una anécdota de Rodolfo Walsh con la que me identifico. Una vez le preguntaron en cuánto tiempo le llevo escribir el cuento "Esa mujer", sobre Eva Perón. Él respondió que le llevó cuatro días, lo que pasa es que fueron dos días de 1960 y dos días de 1979. Pasaron diecinueve años en el medio con esa historia rondando en la cabeza. Son libros que van madurando en muchos años. Luego el proceso de escritura es relativamente breve.

¿Qué cosa descubrió de la vida de Xul que lo sorprendió, que no esperaba?

A mí me interesa el mundo del crimen. Yo fui durante una década abogado penalista y laboralista. Visitaba cárceles regularmente. Haciendo esta biografía me enteré de que la historia de Xul estaba muy ligada a la Penitenciaría Nacional, que estaba hasta 1963 donde ahora está el Parque Las Heras, en Palermo. Ahí se alzaba desde 1875 hasta 1963 y es curioso porque se terminó de demoler el mismo día en que moría en Tigre Xul Solar. El padre de Xul fue uno de los que diseñó la cárcel. Y luego era su empleado. Era el jefe de trabajos de los internos. Vivía ahí. Xul vivió en la cárcel en los años 20 hasta que se fue a Europa con su amigo el pintor Emilio Pettoruti y tantos otros. Desde allá mandaba postales a su padre. Y venía con el destinatario "Ingeniero Emilio Schulz. Penitenciaría Nacional Buenos Aires". Me di cuenta cuánto había de esto en sus extrañas pinturas. Empecé a encontrar murallas, encierro. Borges y Bioy escriben ese libro sobre Isidro Parodi, firmado por el seudónimo Bustos Domecq. Era un preso, un peluquero que había cometido un crimen en una peluquería de Parque Patricios y estaba recluido en la penitenciaría y resolvía casos. Esa cárcel tuvo mucha importancia por los personajes que la recorrieron. Las cárceles son hervideros de historias.

¿Se obsesiona con el personaje que investiga?

Sí, me invade mucho. La biografía es un género un poco peligroso. Te metés adentro de la vida de otro; me pasó mucho con Botana. Él murió el mismo año en que yo nací. En un momento del trabajo quise ir a Jujuy a ver el lugar donde murió cuando su Rolls Royce se desbarrancó por un precipicio. Empecé a tener obsesiones, con que me iba a pasar algo.

Hay algo ahí suyo que comparte con la mirada mágica de Xul.

La escritura es una obsesión que probablemente me llevó a unir mágicamente el año en el que el murió el personaje con el que yo nací y el miedo a que me pasara algo en ese viaje. Es una construcción mágica. Vivimos en un mundo secular realista, pero rodeados de cosas que no podemos explicar. Yo voy a salir ahora de este departamento y si encuentro una escalera la voy a rodear. No sé muy bien si eso me une a Xul.

Biografía

Álvaro Abós nació en Buenos Aires en 1941. Fue abogado laboralista. Escribió en Humor, El Periodista de Buenos Aires, Clarín, Página/12, La Nación. Autor, entre otros, de Restos humanos, Al pie de la letra, Luna amarilla y otros cuentos negros, y las biografías de Xul Solar, Natalio Botana y Macedonio Fernández.

Por qué lo entrevistamos

Porque es un autor que transitó tanto por el periodismo como la literatura, atento a la historia cultural de la ciudad de Buenos Aires

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