"Refundé la empresa familiar"

Crédito: Anahí Bangueses Tomsig. Producción de Virginia Gandola
Una crisis vocacional la hizo conectarse con sus raíces y, sin expectativas, encontró su pasión en el diseño de lencería.
Ana Paula Queija
(0)
4 de marzo de 2017  • 00:54

Crédito: Anahí Bangueses Tomsig. Producción de Virginia Gandola

A veces, la vocación está frente a nuestros ojos y no la vemos. Eso le pasó a Pamela a los 24 años, en 2011, cuando atravesó una crisis vocacional. Sus amigas ya trabajaban de lo que les gustaba, y ella seguía sin saber para dónde disparar. En la desesperación, agarró lo que tenía a mano: el negocio que sus padres ya habían abandonado, pero que permanecía en la piel de la familia: producir ropa interior. Aunque estudiaba Diseño Textil, siempre había renegado de este legado, quizá por rebeldía, admite, o por miedo al fracaso: los Dvoskin supieron estar entre los líderes de la lencería local durante 35 años.

Pero se animó. Empezó haciendo 200 bombachas que eran imitación de un modelo de afuera que le fascinaba, y dice que le quedaron buenísimas, así que salió a la calle a vender. El recorrido por locales no fue fácil: “Muchos me conocían por ser ‘la hija de’, pero la mayoría me daba vuelta la cara. Tenía que hacerme la experta, cuando no entendía nada”, dice. Aunque confiesa que el rechazo la ayudó a crecer.

El mayor atributo de Ema Hill, su nueva marca, fue el producto. Hasta entonces, había poca oferta de bombachas y corpiños originales, coloridos, con bordes de encaje y estampas florales. En marketing, a eso se lo llama insight, y supone detectar una verdad revelada y llevarla a una propuesta de producto o servicio.

Cada día, Pamela va desde Once hasta su showroom en Villa Crespo, siempre con su anotador en mano: “Por si me cruzo con una combinación de colores que me guste”, señala.

¿Cómo lo hizo?

1. Investigó la competencia. “Noté que faltaban conjuntos cancheros y diferentes”.

2. Buscó un taller y seleccionó proveedores. “Sabía por la experiencia de mis padres que no convenía tener una estructura demasiado grande, entonces busqué un taller externo, y con el tiempo sumé dos más”.

3. Abrió el showroom. “En Devoto, porque el alquiler era barato, y ahora nos mudamos a Villa Crespo”.

4. Armó el staff de revendedoras. “Convoqué por Facebook y establecí un monto mínimo de $2000. Hoy representan el 80% de las ventas”.

5. Sumó clientes. “En paralelo, abrí el canal de venta online”.

Los consejos de Pamela

Crédito: Anahí Bangueses Tomsig. Producción de Virginia Gandola

  • Tercerizar la producción: va de la mano con el mundo textil actual, si no, no das abasto.
  • Prestarle atención a la comunicación: en 2016 empecé a trabajar con una agencia de contenidos digitales y me dio buenos resultados.
  • Tener días fijos de atención al público: en el showroom tenemos dos y nos manejamos con cita previa para que las clientas no tengan que esperar cuando vienen, y también para poder organizarnos y armar los pedidos mayoristas. Sin horarios, sería un caos.

Minibío

Nombre y edad: Pamela Dvoskin (29).

Profesión: diseñadora textil.

Desafío cumplido: creó Ema Hill, su propia marca de ropa interior, repensando el modelo de negocio que heredó de su familia.

Más info: www.emahill.com.ar

En números

$4000: fue la inversión inicial.

$60.000: de costos fijos mensuales (alquiler, expensas, servicios, sueldos de empleadas del showroom).

40%: es su rentabilidad promedio por producto.

$500.000: es su facturación mensual aproximada.

3000: prendas que vende Ema Hill por mes.

Maquilló y peinó Lucrecia Fontana para Sebastián Correa Estudio. Agradecemos a Paula Cahen D´Anvers y Lomm su colaboración en esta nota.

¿Qué te pareció esta historia? ¿Conocés algún caso parecido? Además te mostramos Colgá la empresa y animate a empezar tu propio emprendimiento

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.