El fantasma no muerde

Sebastián Ramos
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3 de marzo de 2017  

Pettinato revisita a su viejo grupo
Pettinato revisita a su viejo grupo Crédito: Sony Music

La compacta discografía de Sumo representa a estas alturas una suerte de reservorio del rock argentino underground, volado, intuitivo, culto y chabón al mismo tiempo. Las joyas de la abuela de un género y una época bastardeada por tantos regresos tardíos, imitaciones baratas y el desembarco trunco del rock al poder. Un puñado de canciones a las que ni siquiera sus propios creadores se animaron a regrabar, por respeto, por principios o por miedo a que el fantasma muerda demasiado fuerte.

Pero he aquí otra vez a Roberto Pettinato , hereje y devoto de la Santísima Iglesia Sumo, para recuperar de la caja fuerte aquel tesoro y exhibirlo ante el nuevo público, sin la necesidad de empeñarlo ni venderlo. Así, en Sumo X Pettinato, todos ganan.

Acompañado por la banda con la que viene presentando este repertorio desde hace un año y medio (Fernando Kabusacki y Esteban Latrecchiena en guitarras, Genaro Dutelli Collado en teclados, Marcelo Baraj en batería y Christian Grüner en bajo) Pettinato lleva su sonido experimental, freejazzero y dub a dieciseis canciones separadas en dos CD, otorgándole un merecido sonido HD a composiciones originalmente registradas en muy malas condiciones y con equipos de la era predigital.

Pettinato toca el saxo y la guitarra, pero principalmente grita, recita y balbucea canciones como "Night and Day", "Cuerdas, gargantas y cables", "TV caliente" o "Warm mist" (en una oscura versión floydiana), y así supera el escollo más complejo: alejarse de la irremplazable voz de Luca Prodan.

Ricardo Mollo suma también su bendición, con guitarras en "Ojos de Terciopelo", "Shut Up Mark" y "Heroin", además de aportar la foto de tapa, en la que se luce su hijo Atahualpa, en una imagen que homenajea al primer álbum de Sumo editado por Sony en 1985, Divididos por la felicidad. El otro invitado del álbum es amigo/familiar de la casa: Homero Pettinato canta en dos temas.

A los viejos fans que busquen el lado animal y salvaje de Sumo habrá que anticiparle que si bien el disco incluye varias escenas de rock explícito (zapadas programadas y cuelgues instrumentales que recuperan hoy de manera limplia y precisa el espíritu sucio y desprolijo de ayer), aquí Pettinato resalta sobre todo el legado culto, lúdico e intelectual de este grupo devenido leyenda única e indestructible del rock argentino.

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