"Copi hace pensar que todo es posible"

Marcial di Fonzo Bo es un gran actor y director argentino que se radicó en Francia en 1987; allí dirige un Centro Dramático Nacional y acá, en el Cervantes, este año montará dos obras de Copi, su autor favorito: Eva Perón y El homosexual
Alejandro Cruz
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4 de marzo de 2017  

"En mí el teatro era una opción a la realidad", apunta
"En mí el teatro era una opción a la realidad", apunta Crédito: Daniel Jayo

El actor y director Marcial di Fonzo Bo viene de una familia de artistas que, en París y luego de transitar la experiencia ditelliana, marcó los aires de las vanguardias en los setenta. En ese movimiento estaba su tío, Facundo Bo, quien protagonizó Eva Perón, el texto de Copi que dirigió Alfredo Arias. Con ese montaje Facundo ganó fama inmediata y un susto; la función fue interrumpida por un comando de derecha argentino. Antes de dejar la sala escribieron un grafiti que decía: "Vive le justicialisme".

También estaba su tía, Marucha Bo, actriz en ese montaje. Según crónicas de la época, era de una belleza única. Los dos eran parte de otra gran familia líquida que integraban Juan Stoppani, Roberto Plate, Marilú Marini, Copi y Alfredo Arias, el fundador del grupo TSE. Facundo y Marucha habían dejado Buenos Aires en 1968. Ese año nació Marcial, el sobrino. A los 14 años supo que quería ser actor.

Hizo, digamos, tremenda carrera. En teatro fue dirigido por Matthias Langhoff, Rodrigo García, Olivier Py, Jean-Baptiste Sastre, Luc Bondy, Christophe Honoré y Élise Vigier. En cine, por ejemplo, hizo de Pablo Picasso en Medianoche en París, la genial película de Woody Allen. De los 39 Centros Dramáticos Nacionales que hay en Francia sólo dos son dirigidos por extranjeros: el de Montpellier, por Rodrigo García, y la Comédie de Caen, en Normandía, por Di Fonzo Bo. Los dos, vale aclararlo, son argentinos.

"Crecí en una especie de imaginario muy porteño de pensar que en otro lado las cosas pueden ser de otra manera, recordemos que eran años de plena dictadura", cuenta en una oficina del Teatro Nacional Cervantes recién llegado de Francia. A los 14 años empezó a estudiar teatro con Felisa Yenny y Jaime Kogan. Allí conoció a Javier Daulte. "Como todo adolescente estaba enfadado con la sociedad en la que vivía y el teatro siempre representaba exactement -exactamente, se corrige- el lugar en el que se podía hablar, que había que encontrar un lenguaje esencial a un sentimiento político fuerte." Aunque al hablar, a veces, el francés se le cuela por ahí, su memoria argenta está intacta: recuerda los temas de Charly García, a Batato Barea en escena, al Rojas y Teatro Abierto, o la vez que vio El señor Galíndez, de Tato Pavlovsky (ver recuadro).

De su tía como de su tío le llegaba poco. No eran tiempos de Google. A lo sumo, cartas, afiches de sus obras. "En mí, el teatro era una opción a la realidad. En cierto sentido, eso es un poco el teatro", apunta.

Habitaba un departamento de Palermo. Su madre se fue cuando era chico, la conoció más tarde. "Viví con mi papá en medio de una familia caótica en cuanto a la posición social. Un día mi padre llegaba con un auto, al día siguiente no estaba más", cuenta midiendo las palabras.

-¿Eso tenía que ver con cuestiones políticas o económicas?

-Por parte de mi papá eran cuestiones económicas. Lo político había venido antes: mi abuelo, el padre de Facundo y Marucha, había dirigido la penitenciaría en donde está el parque Las Heras. Con los años terminó preso en esa misma cárcel.

-¿El apellido Bo, por tu tía y tu tío, te abrió puertas en París?

-No. El auge del TSE fue muy fuerte en los setenta. Yo llegué en el 87 cuando la notoriedad de ese movimiento ya había pasado.

-Quizá se pueda pensar que el puente entre esas dos franjas generacionales de una misma familia haya sido Copi, quien murió el mismo año que vos llegaste.

-Puede ser... Mi conexión con Copi fue muy fuerte. Llegué a París el 10 de diciembre de 1967 y Copi, a quien no conocía, murió cuatro días después. Me acuerdo a mi madre, a quien no veía desde hace años, diciéndome una tarde que se iba a su entierro. Antes de irse me dejó el libro El uruguayo, su primera novela y el primer libro que leí en francés. A partir de ahí, secretamente, tuve una especie de noviazgo con él, fue una especie de modelo de libertad. Copi te pone de buen humor, te hace pensar que todo es posible. Retomando la idea de puente recuerdo que cuando a los años Alfredo Arias me llamó para trabajar como asistente de Familia de artistas, la obra de Kado Kotzer con música de Piazzolla, me di cuenta de que era muy difícil para mí tener un lugar en una historia que no era mía. Recién cuando empecé a montar textos de Copi empezaron a llegarme más datos de él desde ese otro entorno familiar.

Su primer Copi fue en 1998. Marcial di Fonzo Bo venía de protagonizar Ricardo III dirigido por Matthias Langhoff. Esa obra fue la que lo dio a conocer. Por su labor, en Barcelona le dieron un premio como el mejor actor del año y, tras cartón, lo invitaron a montar una obra. Se llamó Copi, un retrato, que firmó junto a Élise Vigier, con quien montó obras de Rafael Spregelburd, Fassbinder, Alejandro Tantanian, Philippe Minyana o textos no dramáticos. En Avignón, La Plata, Moscú, Santiago de Chile y los grandes teatros franceses montó o actuó en otros cinco textos de Copi (o Raúl Damonte Botana, como decía el documento de ese genial dibujante, actor y autor de novelas que murió de VIH). Después de esa última obra que montó hace 11 años, se dijo: "Ya basta". Como se verá más adelante, no es así.

Como actor, a Buenos Aires vino para la edición del FIBA, de 1997. Fue con La colonia penitenciaria, puesta de Langhoff. Mucho no funcionó. Esa vez el gusto se lo dio en Córdoba. En un cabaret de París estaba actuando un texto de Louis Wolfson junto a su grupo Las Luciérnagas. "Wolfson era un judío americano homosexual esquizofrénico que fue vista por toda la comunidad lacaniana", cuenta. Lo invitaron a Córdoba a presentar la obra en medio de un encuentro mundial de estudiosos de Lacan. Terminó actuando un sábado a la noche en una discoteca gay llena de gente y unos 250 lacanianos de todo el mundo. "Fue mi mejor recuerdo de ese viaje", reconoce. En 2004 volvió con Eva Perón, en el marco del ciclo Tintas Frescas.

La semana pasada estuvo unos días en Buenos Aires en su rol de director. Está preparando un programa doble que incluye las puestas de Eva Perón y El homosexual o la dificultad de expresarse, obra estrenada por Jorge Lavelli . Se presentará en el Teatro Nacional Cervantes y luego, en la Comédie de Caen, la sala que dirige. Después vendrá una gira por Europa.

Del elenco, por estricto orden alfabéticos, forman parte Carlos Defeo, Rodolfo De Souza, Juan Gil Navarro, Hernán Franco, Rosario Varela y Benjamín Vicuña. No fue fácil la elección "porque acá son buenísimos todos".

A 30 años de la muerte de Copi, él cree que es un deber casi cívico montarlo en un teatro público. Por eso, apenas asumió Alejandro Tantanian la dirección del Cervantes, decidieron presentar en una misma noche el programa doble. "Me parece algo poderoso. Es importante montar textos suyos acá y hacerlo en un teatro sostenido por fondos estatales. También por lo que pasa en el mundo. Hay que volver a Foucault, hay que volver a Copi, hay que volver a escuchar sus obras", asegura quien, una vez por año, vuelve a esta ciudad de la cual partió buscando otros aires.

En el programa de mano de la Comédie de Caen, en la que este año programó una obra de Rafael Spegelburd, su amigo que está por estrenar en esta sala una obra que él dirigió hace años, escribe sobre Copi. El texto comienza así: "Es alguien lúcido, corrosivo, divertido, terrorista y delicado en cada una de sus réplicas. Su teatro es profundamente político sin moral ni lecciones". Termina de este modo: "Frente a ese gran viento de derecha que invade Europa, hoy yo leo sus obras como una discreta arma contra cualquier énfasis".

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