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Las empresas aún no se adaptan a las nuevas familias

Mercedes D'Alessandro
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7 de marzo de 2017  

Las mujeres ganan menos que los varones en todo el planeta. En la Argentina la brecha salarial está en torno del 27% y para las trabajadoras precarizadas llega al 40% en promedio.

Parte de las diferencias salariales pueden explicarse por factores claros, objetivos y que se pueden medir. Por ejemplo, mayor nivel de educación puede redundar en mayor salario, así como más experiencia o calificación para un puesto. Sin embargo, numerosos estudios muestran que aun cuando están más calificadas que sus pares, ellas ganan menos. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) analizó información de 38 países que compara los ingresos de los trabajadores considerando que tengan la misma educación, experiencia, ocupación, categoría profesional, zona de residencia y tiempo que trabajaron por mes y por semana. Encontraron que la brecha se debería invertir en 19 casos; es decir, las mujeres deberían ganar más.

Entre los factores que pasan inadvertidos a las estadísticas, muchos tienen que ver con características de las mujeres como su posibilidad de ser madre o diversos mandatos sociales. La maternidad es uno de los factores que más penaliza a las mujeres en el mercado laboral: 6 de cada 10 mujeres sin hijos trabajan, mientras que sólo 4 de cada 10 lo hacen cuando tienen 2 o más hijos.

Hay estructuras de funcionamiento del mercado laboral que impiden que las mujeres madres puedan compatibilizar trabajo y familia. Una mujer que puede ser madre y obtener tres meses de licencia es, más allá de que sea paga por el Estado, una trabajadora más cara en términos relativos que un varón con sólo dos días de licencia. Ausencia de jardines maternales es la norma, horarios o rutinas inflexibles también.

Además, el hecho de que se asimilen las tareas del hogar y del cuidado de niños con el "ser mujer" también incide sobre las posibilidades de crecimiento o acceso a puestos jerárquicos. Ser madre y exitosa en lo profesional parece una utopía. A una mujer que viaja por trabajo o se queda hasta tarde en la oficina se la percibe como una madre abandónica, mientras que a un varón como alguien entregado a su tarea. El mercado laboral aún no se adapta a que la estructura de las familias y el rol de las mujeres en la participación económica cambió radicalmente en los últimos 50 años.

La autora es doctora en Economía y escribió Economía feminista. Cómo construir una sociedad igualitaria

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