Trekking con historia: un viaje al pasado pionero de Andreas Madsen, el enamorado del Fitz Roy

La casa de Andreas Madsen en El Chaltén, donde su bisnieto recuerda una vida de aventuras
La casa de Andreas Madsen en El Chaltén, donde su bisnieto recuerda una vida de aventuras Fuente: LA NACION - Crédito: Horacio Córdoba
El bisnieto de uno de los primeros pobladores de El Chaltén recupera la historia de este inmigrante danés que se enamoró de los picos del cerro Fitz Roy
Mariela Arias
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7 de marzo de 2017  • 12:47

EL CHALTEN.- Andreas Madsen tenía 22 años cuando se instaló con un toldo a pasar el invierno a la orillas del Lago Viedma, con algunos caballos y un puñado de gallinas. Pasarían cinco meses hasta que volviera a ver un ser humano. Sobrevivió al frío, al hambre y a la penurias y se convirtió en el primer poblador del valle del cerro Fitz Roy, donde luego se fundaría este pueblo. Más de cien años después, su bisnieto rescata su vida de aventuras, esfuerzo y solidaridad en la misma casa que fundó esta familia pionera danesa a principios del siglo pasado.

Aquí los deseos cobran cuerpo: en los escaladores que buscan cumbre, en los caminantes que sacan chispas a los senderos, en los pioneros que dejaron sus países para descubrir otro, en los que llegaron en busca de trabajo y encontraron un futuro. Pero alguien llegó primero, y fue este joven marinero que dejó un legado de crónicas de cómo vivían los pioneros europeos, los tehuelches y los primeros exploradores.

Andreas Madsen adoró tanto el cerro Fitz Roy, que se lo quedaba contemplando durante horas; lo describió en "La Patagonia Vieja", una compilación de relatos publicado por primera vez en 1948; y hasta bautizó Fitz Roy a uno de sus hijos. El nombre quedaría en la familia hasta hoy. Marinero aventurero, intrépido soñador, apasionado lector y minucioso cronista, sus relatos son hoy una lectura necesaria para quienes quieran recorrer estos lares.

La casa de Andreas Madsen en El Chaltén, donde su bisnieto recuerda una vida de aventuras
La casa de Andreas Madsen en El Chaltén, donde su bisnieto recuerda una vida de aventuras Fuente: LA NACION - Crédito: Horacio Córdoba

"Es un trekking con historia", define Fitz Roy Madsen, su bisnieto, a LA NACION, en el inicio de la excursión que inicia en el puente que cruza el río de las Vueltas y se extiende por 2,5 kms en medio de un bosquecito de lengas hasta llegar a la casa. Hace dos años que implementó la excursión, una alternativa relajada para matizar los exigidos circuitos de montaña que realizan los senderistas que llegan hasta aquí.

"Andreas llegó a Buenos Aires en 1901, tenía 20 años; de niño en Jutlandia había trabajado en granjas y a los 15 se escapó para embarcarse y conocer el mundo. Al poco tiempo de llegar lo conchabaron en las comisiones de límites dirigidas por el perito Francisco P. Moreno", narra el bisnieto, quien con sus manos ha restaurado la casa original de la estancia, tras años de estar usurpada.

Rodeada de los álamos que plantaron Andreas y su esposa Stephanie Tomsen, al ingresar a la casa el tiempo se detiene. La decoración es austera. Las fotos de Hern Standhardt , un fotógrafo alemán que vivió allí y registró, como nadie, la vida de la época, acompañan el silencio. Roy Madsen sirve té con masas, lee párrafos de los libros de Madsen y desgrana las peripecias de una familia que se abre vida a fuerza de tesón, empuje y creatividad.

Fitz Roy Madsen, bisnieto de Andreas Madsen, en su casa en El Chaltén
Fitz Roy Madsen, bisnieto de Andreas Madsen, en su casa en El Chaltén Fuente: LA NACION - Crédito: Horacio Córdoba

Fue como una suerte de Robinson Crusoe patagónico. Con el tiempo y el trabajo amplió su casa, fundó una familia -tras volver a Dinamarca en busca de su joven esposa-, tuvo cuatro hijos y se estableció el pie del Fitz Roy. Su esposa tenía conocimientos de enfermería y asistió a los paisanos de la zona.

Con los años el estado argentino, a través de la comisión de Tierras y Colonias, le daría el permiso de uso del lote 181, que en sus orígenes tenía 10 mil hectáreas y tenía entre sus límites los cerros, los glaciares, y los bosques que hoy se transformaron en meca del trekking.

Cuando en 1937 se creó el Parque Nacional Los Glaciares, el 99% de las tierras quedaron dentro del Parque. Sólo una fracción de 74 hectáreas fueron para la familia pobladora. Así fue hasta que Andreas falleció en 1965, creyendo que eso sería la herencia de su familia. Dos de sus cuatro hijos fueron los primeros guardaparques, y su hija trabajó en la administración del Parque Nacional Los Glaciares.

Sin embargo, por una interpretación judicial de las 74 hectáreas hoy solo quedaron 3 en posesión de la familia. De las 71 restantes, y a través de una cuestionada maniobra, una funcionaria provincial se las quitó a los Madsen, las escrituró a nombre de su familia y las vendió, entre otros, a Lázaro Báez, algo que ahora está bajo investigación. Los nuevos propietarios tampoco saben si serán los dueños definitivos.

Durante varios años la casa fue alquilada y luego usurpada. Cuando repartieron las hectáreas de los Madsen, la huerta que hace cien años cultivaron Andreas y su esposa quedó en otra propiedad, como recuerda Fitz Roy Madsen, que nació en Bariloche, se recibió de ingeniero civil, viajó por el mundo, pero descubrió que un lazo indivisible lo une con el pasado pionero de su bisabuelo, que recupera para los visitantes en tres horas de té y aventuras.

La casa de Andreas Madsen en El Chaltén, donde su bisnieto recuerda una vida de aventuras
La casa de Andreas Madsen en El Chaltén, donde su bisnieto recuerda una vida de aventuras Fuente: LA NACION - Crédito: Horacio Córdoba

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