¿Sos víctima de los altibajos emocionales que provoca el estrógeno en nuestro cuerpo?

Crédito: Ilustración de Elda Broglio
A veces nos hace sentir en el paraíso... y otras, en el infierno. Acá, algunas de las consecuencias de nuestros cambios hormonales.
Denise Tempone
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10 de marzo de 2017  • 00:50

El espejo y vos, en una relación com-pli-ca-da

Ningún hombre sabe lo que es tener diferentes cuerpos en un mes. Puede sonar exagerado, pero no lo es. No tenemos muy en claro si lo que se modifica son los ojos o el cuerpo, pero, aunque te digan que estás “normal”, vos te sentís (¡y te ves!) como una bombucha de estrógenos a punto de explotar. No siempre es para mal, muchas amamos cómo crecen nuestras lolas durante esos días, nos sentimos más lindas y sensuales, casi modelos de un cuadro renacentista. Lo que es seguro es que, en una semana, todo cambiará. Y así, frente al espejo, en loop.

Devorás como un pacman

Crédito: Ilustración de Elda Broglio

Pero vos no te comés ningún fantasmita. Al menos no si no viene cubierto en chocolate, frutos secos, harina y azúcar. Y tenés tus razones. El combo hormonal que te transforma en devoradora serial –capaz de mezclar helado con mayonesa, papas fritas y una lasaña– tiene una explicación científica y podrías dar cátedra de eso. Esto no significa, claro, que lo puedas manejar. Lo que nadie te dice es que durante la fase premenstrual y en la menstruación misma sos un pacman diferente de los otros y te volvés mucho más sensible al olor y el sabor. Por eso, si apagás la culpa en tu cabeza y controlás la voracidad, podés conectarte con la comida de una forma espectacular.

Te volvés más “pitonisa” y tu tercer ojo está afiladísimo

Crédito: Ilustración de Elda Broglio

Dormís más profundo (y, obvio, te quedás dormida más seguido), soñás más, asociás libremente cosas inesperadas y hasta surgen corazonadas e ideas sin demasiada explicación. Aunque te parezcan locuras abismales, haceles caso, porque está comprobado que, cuando estamos a full de estrógenos, la parte más intuitiva del cerebro se activa de una manera especial, mientras que la racional disminuye su actividad. Son días especiales para ensueños, divagues mentales y para llenar hojas en blanco con libertad. ¡Vale todooo!

Estás con la hipersensibilidad a flor de piel

Crédito: Ilustración de Elda Broglio

“Si querés llorar, llorá”, nos diría Moria. Y le hacemos caso: porque se nos cae un lagrimón mirando extasiadas un atardecer o nos conmovemos con un relato de la señora que se sentó al lado nuestro en el subte, porque la empatía está en sus niveles más altos. En el fondo, sabemos que estamos exagerando un toque..., pero pedimos más pañuelitos y hay algo del “regodeo” de la tristeza que se exacerba y nos lo permitimos... porque sí. Pensalo: probablemente, así como tu cuerpo se desprende de tejido que no va a utilizar, tu psiquis aprovecha cualquier oportunidad para desprenderse de armaduras inútiles y resetear tu capacidad de sentir. Las sensaciones son la única forma de saber qué pasa dentro de nosotras, así que agradecelas ¡y reíte de tu versión más llorona!

Los vínculos se ponen en carne viva

Crédito: Ilustración de Elda Broglio

Esto quiere decir: no tomes decisiones afectivas importantes mientras estás con estrógeno attack. Bajá un cambio cuando te empieces a pelear por cosas mínimas (sí, la toalla húmeda tirada encima de la cama puede volverse motivo de separación), contá hasta diez antes de dar ultimátums dramáticos –del estilo “decime, vos no me querés más, ¿no?”– y no encares conversaciones delicadas. En tu versión más filosófica, podés indagar en cosas muy abstractas del estilo “¿por qué la gente es tan mala, por qué hay tanta injusticia en el mundo?” o desesperadamente concretas como “¿por qué el otro día él me miró de ESA manera?”. Todo nos parece tremendo y terminante. En general, dentro de unos tres o cuatro días no nos vamos a acordar más. Pero mientras tanto, la sensación es una sola: “¡NADIE me entiendeee!”.

Te agarran “arranques” de iniciativa

Crédito: Ilustración de Elda Broglio

Cuando te pega para la acción, de repente te volvés un torbellino, te querés llevar el mundo por delante y, así de la nada, te levantás un día cualquiera y querés dar vuelta tooodos los muebles de tu casa o vaciar tu placard porque “ya no tiene onda”, modernizar tu look y hacerte ese corte carré con el que siempre fantaseaste, empezar a comer orgánico o practicar esgrima de alta competición. Y esto también se traslada al plano sexual: estás más horny y con más ganas que nunca, proponiendo encuentros y “rapiditos” en cualquier lugar y a toda hora, en el hueco de agenda que te queda libre. Estás tan desbordante de energía que ni un nene de cinco años te podría seguir. Tomá la oportunidad. Aunque sepas que no es lo usual y que tal vez no puedas sostenerlo en el tiempo, parte del aprendizaje de ser mujer es entender el hormonazo como un gran viento. Siempre, pegue para donde pegue, hay que aprovecharlo a nuestro favor.

¿Y a vos cómo te afectan los cambios hormonales? También te mostramos ¿Cómo nos pega el ciclo menstrual?

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